Carlos Conde, Guardia Civil, sobre las pantallas táctiles de los coches: "la experiencia nos dice que usar el móvil distrae más"
Cada vez más coches sustituyen botones, ruletas e interruptores por enormes pantallas táctiles. El problema aparece cuando se compara esta tendencia con la normativa española: utilizar manualmente el móvil mientras se conduce está expresamente sancionado, mientras que interactuar con la pantalla integrada del vehículo no recibe exactamente el mismo tratamiento. Una diferencia que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre las distracciones al volante.
- La contradicción de la DGT con las pantallas de los coches: tocar el móvil se multa, pero la pantalla central es otra historia
- Tocar el móvil conduciendo puede costar 200 euros y varios puntos
- La enorme pantalla del coche puede provocar una distracción muy parecida
- Euro NCAP ya está presionando a los fabricantes
- Contradicciones difíciles de entender
La contradicción de la DGT con las pantallas de los coches: tocar el móvil se multa, pero la pantalla central es otra historia
Los interiores de los coches han cambiado radicalmente durante los últimos años. Funciones que antes tenían un botón específico, como ajustar el climatizador, modificar el volumen o cambiar una emisora, han terminado escondidas en menús digitales.
Esta evolución tecnológica ha creado una situación cuanto menos llamativa. José Carlos Conde, teniente y jefe del Destacamento de Tráfico de la Guardia Civil de Oviedo, reconoció públicamente que existe cierta “incongruencia” entre el tratamiento que recibe el teléfono móvil y el de las pantallas instaladas por los fabricantes.
Tocar el móvil conduciendo puede costar 200 euros y varios puntos
La legislación española es especialmente clara con los teléfonos. La Ley de Tráfico considera infracción grave utilizar manualmente un dispositivo de telefonía móvil mientras se conduce.
La DGT establece una sanción económica de 200 euros, mientras que la pérdida de puntos depende de cómo se utilice el dispositivo. Sujetar el teléfono móvil con la mano supone la retirada de 6 puntos, mientras que determinados usos manuales realizados en otras circunstancias pueden implicar la pérdida de 3 puntos.
Esto significa que colocar el teléfono en un soporte no convierte automáticamente su manipulación en una acción permitida. Utilizarlo manualmente durante la conducción continúa estando contemplado expresamente por la normativa.
Y aquí comienza el debate.
La enorme pantalla del coche puede provocar una distracción muy parecida
En muchos vehículos actuales prácticamente resulta imposible realizar determinadas acciones sin recurrir a la pantalla central. Cambiar la temperatura, modificar una configuración del vehículo o buscar una función concreta puede obligar a recorrer varios menús y apartar durante segundos la vista de la carretera.
Sin embargo, la legislación no equipara de manera automática ese gesto con utilizar manualmente un teléfono.
Eso tampoco significa que exista vía libre para navegar por los menús del coche sin prestar atención. El Reglamento General de Circulación obliga al conductor a mantener permanentemente la atención necesaria para conducir y contempla restricciones sobre dispositivos capaces de provocar distracciones. Si un agente considera que una determinada actuación está afectando claramente a la conducción, puede entrar en juego la normativa general sobre falta de atención o conducción negligente.
La diferencia fundamental está, por tanto, en que el móvil cuenta con una prohibición específica, mientras que el uso de determinados controles integrados en el vehículo depende mucho más de las circunstancias.
Euro NCAP ya está presionando a los fabricantes
Curiosamente, mientras la legislación intenta adaptarse al avance tecnológico, organismos europeos de seguridad ya están reaccionando al abuso de las pantallas.
Desde 2026, Euro NCAP ha reforzado la evaluación de la interfaz entre conductor y vehículo y valora la disponibilidad de mandos físicos para determinadas funciones de uso habitual, precisamente porque pueden reducir el tiempo durante el cual el conductor aparta la vista de la carretera.
El mensaje para las marcas resulta bastante evidente: convertir cada función del automóvil en una opción escondida dentro de una pantalla puede resultar moderno y abaratar costes, pero no necesariamente mejora la seguridad.
Contradicciones difíciles de entender
Resulta difícil defender que una pantalla sea peligrosa únicamente en función de quién la haya instalado. Si para cambiar la temperatura necesitamos mirar una pantalla, entrar en un menú y pulsar varias veces, la distracción existe independientemente de que delante tengamos un smartphone o el sistema multimedia del coche.
Eso no significa que deba permitirse utilizar el móvil. Todo lo contrario. La sanción tiene sentido porque es una de las mayores fuentes de distracción. Pero quizá el siguiente paso debería ser exigir también a los fabricantes interfaces sencillas y controles físicos para aquellas funciones que utilizamos habitualmente mientras conducimos.
Paradójicamente, la propia industria parece empezar a regresar a los botones justo después de haberlos eliminado.
Además, conviene actualizar otro punto que aparecía frecuentemente asociado a este debate: la Ley de Movilidad Sostenible ya no está pendiente de aprobación. Se convirtió en la Ley 9/2025, de 3 de diciembre, y entró en vigor el 5 de diciembre de 2025.


