La ciencia lo confirma: estos radares evitan el “efecto canguro” de los conductores

Una revisión científica de 94 estudios confirma que los radares reducen notablemente la velocidad, pero también muestra las limitaciones de los controles situados en un único punto. Los radares de tramo parten con ventaja al combatir uno de los comportamientos más habituales entre los conductores: frenar antes de la cámara para volver a acelerar inmediatamente después.
Radar de tramo en España

Los radares consiguen que los conductores levanten el pie del acelerador, pero no todos modifican el comportamiento de la misma manera. Una amplia revisión científica publicada en 2026 confirma que estos sistemas reducen de forma notable la velocidad, aunque también pone sobre la mesa un viejo problema: el denominado “efecto canguro”.

  1. Los radares consiguen reducir la velocidad media en 7,57 km/h
  2. El “efecto canguro”: frenar ante el radar para acelerar después
  3. Los radares de tramo atacan precisamente ese problema
  4. España tiene cada vez más radares de tramo
  5. ¿Es una solución real?

Los radares consiguen reducir la velocidad media en 7,57 km/h

Un trabajo publicado en la revista científica Accident Analysis & Prevention ha revisado 94 estudios realizados en distintos países para determinar hasta qué punto funcionan los radares de velocidad. La conclusión general es bastante clara: su utilización está asociada con una reducción media de 7,57 km/h en la velocidad de los vehículos.

No se trata únicamente de conseguir que los coches circulen más despacio justo delante de la cámara. Los trabajos analizados muestran también mejoras en el cumplimiento de los límites y una reducción de los excesos de velocidad.

El problema aparece cuando el conductor conoce perfectamente dónde se encuentra el cinemómetro.

El “efecto canguro”: frenar ante el radar para acelerar después

Seguro que es una situación familiar para muchos conductores. Un vehículo circula a determinada velocidad, frena con intensidad pocos metros antes del radar y, nada más superarlo, vuelve a acelerar.

Este comportamiento se conoce en la literatura científica como “kangaroo driving” o conducción canguro. Investigaciones realizadas sobre autopistas han comprobado precisamente ese perfil: importantes reducciones de velocidad en el lugar donde está instalada la cámara, pero un efecto mucho menor antes y después del punto de control.

Eso significa que un radar fijo convencional puede ser muy eficaz en unos cientos de metros, pero tener menos capacidad para cambiar la velocidad mantenida durante varios kilómetros.

La revisión científica apunta además a que no conocer exactamente dónde se encuentra el control puede incrementar la cautela del conductor. Los autores recogen investigaciones donde los sistemas menos previsibles consiguen evitar que el usuario simplemente adapte su velocidad durante unos segundos para superar el radar.

Los radares de tramo atacan precisamente ese problema

Aquí es donde los radares de tramo presentan una ventaja evidente. En lugar de medir la velocidad en un único punto, calculan la velocidad media del vehículo entre dos ubicaciones separadas por una determinada distancia.

Frenar cuando comienza el tramo y acelerar inmediatamente después deja, por tanto, de tener sentido. Para evitar una sanción es necesario mantener una velocidad media dentro del límite durante buena parte del recorrido.

No es una conclusión nueva. Un metaanálisis publicado también en Accident Analysis & Prevention encontró que los radares convencionales reducían el número total de accidentes aproximadamente un 20%, mientras que los controles de tramo estaban asociados con una reducción cercana al 30%. En los siniestros con muertos o heridos graves, la reducción observada alcanzaba el 56%.

España tiene cada vez más radares de tramo

La apuesta por esta tecnología también está creciendo en España. El último Observatorio de Radares elaborado por Coyote, utilizando datos propios y de la DGT recopilados entre mayo de 2025 y mayo de 2026, contabiliza 3.621 dispositivos de control de diferentes tipos.

De ellos, 295 son radares de tramo, frente a los 159 registrados en 2021. Es decir, su número ha aumentado alrededor de un 86% en cinco años, convirtiéndose en la categoría que más ha crecido porcentualmente durante ese periodo.

¿Es una solución real?

Si el verdadero objetivo de un radar es conseguir que circulemos más despacio y no simplemente que frenemos durante 200 metros, los controles de tramo tienen bastante más sentido. Obligan a mantener una velocidad razonable durante varios kilómetros y eliminan buena parte del juego de “frenar, pasar el radar y volver a acelerar”. Además, una conducción más uniforme también resulta más cómoda y evita cambios bruscos de ritmo. Eso sí, su ubicación debería responder siempre a criterios claros de seguridad vial y no dar al conductor la sensación de que el objetivo prioritario es sancionar.

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