Mercedes-Benz podría tener problemas para vender coches en Estados Unidos por sus accionistas chinos
Mercedes-Benz podría enfrentarse a importantes restricciones en Estados Unidos por una propuesta de ley que limita la venta de vehículos conectados de fabricantes con una participación china superior al 15 %. Aunque la norma todavía debe completar su tramitación, el peso de BAIC y Geely en el accionariado de la marca alemana ha encendido las alarmas sobre su futuro en uno de sus mercados más importantes.
Mercedes-Benz se ha convertido en una de las protagonistas inesperadas de la nueva ofensiva legislativa de Estados Unidos contra los vehículos y las tecnologías vinculadas a China. Una propuesta pensada inicialmente para frenar a los fabricantes chinos podría terminar afectando de lleno a la compañía alemana debido a la composición de su accionariado.
El riesgo existe, pero no supone una expulsión inmediata del mercado estadounidense. El proyecto ha avanzado en el Senado, aunque todavía debe completar su tramitación, puede sufrir modificaciones y contempla un periodo de adaptación hasta 2030, además de la posibilidad de solicitar determinadas exenciones.
Una ley contra los coches chinos que alcanza a Mercedes-Benz
El Comité de Comercio del Senado estadounidense aprobó el 22 de julio el avance de la denominada Connected Vehicle Security Act of 2026. La iniciativa, presentada por los senadores Bernie Moreno, de Ohio, y Elissa Slotkin, de Michigan, busca restringir la importación y venta de vehículos conectados relacionados con países considerados adversarios, además de limitar determinados programas, sistemas de comunicación y componentes.
Uno de sus apartados podría impedir la comercialización de coches conectados fabricados por empresas participadas en más de un 15 % por entidades chinas. Aunque Mercedes-Benz es una compañía alemana, supera actualmente ese porcentaje.
BAIC Group controla el 9,98 % de los derechos de voto de Mercedes-Benz Group, mientras que Li Shufu, fundador de Geely, mantiene otro 9,69 % mediante Tenaciou3 Prospect Investment Limited. La participación conjunta asciende así al 19,67 %, casi cinco puntos por encima del límite planteado.
Mercedes intenta evitar quedar atrapada por la normativa
La compañía habría tratado de convencer a los legisladores para elevar el umbral desde el 15 % hasta el 25 %. Su argumento es que estas inversiones son participaciones financieras pasivas y no conceden a los accionistas chinos el control operativo sobre el fabricante, sus datos o sus sistemas tecnológicos.
El texto todavía no es definitivo. Debe ser votado por el pleno del Senado, mientras que la Cámara de Representantes tramita su propia versión. Posteriormente, ambas cámaras tendrían que acordar una redacción común antes de que la propuesta pudiera convertirse en ley. Los promotores también han señalado que Mercedes dispondría hasta 2030 para adaptarse y podría solicitar exenciones al Departamento de Comercio.
Por tanto, hablar de una salida inmediata de Mercedes-Benz de Estados Unidos resulta exagerado. Sin embargo, la amenaza regulatoria es suficientemente seria como para obligar al grupo a negociar, buscar una excepción o reducir la participación agregada de sus inversores chinos.
Estados Unidos es demasiado importante para Mercedes
Una retirada supondría un golpe enorme para la estrategia industrial de la marca. Mercedes mantiene más de 10.000 empleos directos en Norteamérica, incluyendo unos 7.500 puestos relacionados con el ensamblaje. La empresa calcula que su actividad sostiene otros 107.000 trabajos entre proveedores y empresas de servicios.
A esta estructura se añaden 386 concesionarios autorizados, que emplean directamente a unas 27.000 personas. Durante 2025, la compañía vendió en Estados Unidos 303.200 turismos y 40.000 furgonetas.
Mercedes también pretende invertir más de 7.000 millones de dólares en el país hasta 2030. Aproximadamente 4.000 millones se destinarán a reforzar la planta de Alabama, donde se ampliará la producción de SUV y se localizará la fabricación del GLC.
El precedente de Polestar eleva la preocupación
El caso de Polestar demuestra que Washington está dispuesto a aplicar restricciones reales. El Departamento de Comercio ya ha impedido que la marca, controlada mayoritariamente por Geely, venda nuevos modelos en Estados Unidos a partir del año modelo 2027 bajo la normativa vigente sobre vehículos conectados. Esta decisión es independiente del nuevo proyecto legislativo, aunque persigue objetivos similares.
Para Mercedes-Benz sería una gran estocada, pero también a Estados Unidos
La protección de los datos y de las infraestructuras conectadas es una preocupación legítima, especialmente cuando los coches modernos incorporan cámaras, comunicaciones móviles y actualizaciones remotas. Sin embargo, establecer el riesgo únicamente mediante un porcentaje accionarial parece una solución demasiado simple.
No es lo mismo que una empresa esté controlada por un grupo chino que recibir una inversión minoritaria sin capacidad de decisión tecnológica. Mercedes cuenta con fábricas, proveedores y decenas de miles de empleos vinculados a Estados Unidos. Una prohibición automática podría terminar perjudicando más a la industria estadounidense que a sus supuestos adversarios.
Todo apunta a que la norma será modificada o acompañada de excepciones. Washington quiere cerrar la puerta a la tecnología china, pero difícilmente querrá expulsar a uno de los fabricantes extranjeros con mayor implantación industrial en el país.
