China pisa el freno a las fábricas de baterías: hay tanta capacidad que Pekín teme una nueva crisis
China se ha convertido en la gran fábrica mundial de baterías gracias a una expansión industrial difícil de replicar. Pero semejante velocidad está empezando a generar un problema inesperado: la capacidad de producción amenaza con crecer bastante más deprisa que la propia demanda. Pekín ha decidido intervenir y suspender temporalmente la aprobación de determinadas nuevas fábricas de baterías destinadas al almacenamiento energético.
La decisión llega en un momento especialmente interesante. Los sistemas de almacenamiento BESS viven una etapa de fuerte crecimiento internacional, impulsados por el despliegue de renovables y la necesidad de disponer de redes eléctricas más flexibles. Sin embargo, ni siquiera este incremento de la demanda parece suficiente para absorber todo lo que la industria china está preparada para fabricar.
- China revisará los nuevos proyectos de fábricas de baterías
- Las baterías BESS crecen, pero China fabrica todavía más rápido
- Una situación que recuerda al coche eléctrico y los paneles solares
- ¿Qué consecuencias puede tener para España y Europa?
- Los nuevos problemas que tendremos
China revisará los nuevos proyectos de fábricas de baterías
Según ha informado el medio financiero chino Cailianshe, las autoridades han frenado temporalmente la aprobación de nuevos proyectos relacionados principalmente con la fabricación de celdas para almacenamiento energético.
La medida afecta especialmente a aquellos proyectos que todavía no han iniciado su construcción. Las instalaciones cuyas obras ya estén en marcha, en cambio, podrán continuar desarrollándose.
No estamos, por tanto, ante una prohibición permanente. China pretende revisar la capacidad productiva que ya existe y analizar los proyectos pendientes antes de determinar qué política aplica posteriormente.
El movimiento evidencia una preocupación que lleva tiempo sobrevolando diferentes industrias chinas: fabricar mucho más de lo que el mercado puede absorber termina desencadenando una competencia feroz que reduce precios, pero también los márgenes de los fabricantes.
Las baterías BESS crecen, pero China fabrica todavía más rápido
El almacenamiento energético se ha convertido en una pieza fundamental para acompañar el crecimiento de la energía solar y eólica. Una batería permite guardar parte de la electricidad generada cuando existe abundancia de producción para devolverla a la red cuando aumenta la demanda o disminuye la generación renovable.
Eso está disparando la instalación de proyectos BESS en numerosos mercados. El problema es que China ha ampliado su capacidad industrial a un ritmo incluso superior.
Una situación que recuerda al coche eléctrico y los paneles solares
No es un escenario desconocido para Pekín. La industria fotovoltaica china ha sufrido una fuerte sobrecapacidad que terminó presionando los precios y reduciendo considerablemente la rentabilidad de numerosos fabricantes.
Algo parecido ha sucedido con el automóvil eléctrico, donde la enorme cantidad de marcas y fabricantes existentes provocó una prolongada guerra de precios.
Precisamente algunas compañías procedentes de la industria fotovoltaica han buscado en el almacenamiento energético una nueva vía de crecimiento, aumentando todavía más la competencia en este mercado.
Unas baterías cada vez más económicas benefician a quienes desarrollan instalaciones renovables y proyectos BESS. Pero existe un límite: si los precios bajan hasta impedir que las fábricas sean rentables, comienzan las cancelaciones de inversiones, cierres de instalaciones y procesos de concentración empresarial.
¿Qué consecuencias puede tener para España y Europa?
La decisión de China tiene especial importancia para Europa. Una parte considerable de la cadena de suministro utilizada en los proyectos europeos de almacenamiento depende de la industria china, ya sea mediante celdas, módulos de baterías o diferentes componentes y equipos.
La gigantesca capacidad manufacturera del país asiático, acompañada de una competencia extremadamente intensa, ha sido uno de los factores que han permitido reducir rápidamente el coste del almacenamiento con baterías.
Por este motivo, si China consigue limitar el crecimiento de nueva capacidad industrial y equilibrar mejor oferta y demanda, la velocidad a la que vienen cayendo los precios podría reducirse.
Esto no significa necesariamente que las baterías vayan a encarecerse. China dispone actualmente de una capacidad productiva gigantesca y los fabricantes continuarán peleando por los grandes contratos internacionales.
Sin embargo, sí podría producirse un cambio importante: pasar de una industria centrada en crecer prácticamente a cualquier precio a otra donde mantener márgenes razonables tenga cada vez mayor importancia.
Los nuevos problemas que tendremos
China está intentando evitar en las baterías estacionarias los mismos errores que ya ha experimentado en otros sectores. Su enorme capacidad industrial ha sido extraordinariamente positiva para acelerar la transición energética mundial, porque ha convertido tecnologías que hace pocos años resultaban caras en soluciones cada vez más competitivas.
Pero ningún fabricante puede vivir permanentemente de una guerra de precios. Para España, disponer de baterías chinas baratas resulta muy atractivo a corto plazo, especialmente ahora que necesitamos aumentar rápidamente nuestra capacidad de almacenamiento. A largo plazo, sin embargo, depender casi completamente de una industria extranjera tampoco parece la estrategia más inteligente.
Europa debería aprovechar esta situación para acelerar una cadena de suministro propia y competitiva. Probablemente nunca pueda ganar a China únicamente por precio, pero sí puede hacerlo mediante seguridad de suministro, innovación, integración industrial y tecnologías estratégicas. El almacenamiento va a ser demasiado importante para nuestro sistema eléctrico como para dejar prácticamente todas las cartas en manos de un único país.

