Este invento convierte un camión diésel en híbrido sin modificarlo: tiene una batería de 575 kWh

Revoy ha desarrollado una enorme unidad eléctrica de 575 kWh capaz de transformar un camión diésel convencional en un híbrido sin grandes modificaciones, reduciendo drásticamente su consumo y evitando tener que sustituir toda la cabeza tractora.

Trailer Revoy convierte el camion en electrico

La transición hacia el camión eléctrico avanza, pero todavía tiene importantes obstáculos por resolver. Revoy propone una alternativa bastante diferente: en lugar de sustituir los millones de camiones diésel que ya circulan, quiere añadirles un sistema eléctrico capaz de reducir drásticamente su consumo de combustible.

La compañía estadounidense ha desarrollado una unidad autopropulsada con una batería de 575 kWh que se instala entre la cabeza tractora y el semirremolque. No requiere transformar profundamente el camión y, cuando se queda sin energía, la idea es sustituirla por otra cargada en menos de cinco minutos.

  1. Una batería de 575 kWh para electrificar camiones diésel
  2. Hasta 400 kilómetros de funcionamiento eléctrico
  3. Cambiar la batería en menos de cinco minutos
  4. Electrificar lo que ya tenemos también puede ser parte de la solución

Una batería de 575 kWh para electrificar camiones diésel

Revoy, fundada en 2020 por Peter Reinhardt e Ian Rust, parte de una idea bastante sencilla: aprovechar los camiones que ya existen en lugar de obligar a las empresas a renovar inmediatamente sus flotas con modelos 100% eléctricos.

Para conseguirlo ha creado una unidad eléctrica que se coloca entre la quinta rueda de la cabeza tractora y el semirremolque. Tiene aproximadamente 3,96 metros de longitud, pesa cerca de 10 toneladas y alberga una enorme batería LFP (litio-ferrofosfato) con 575 kWh de capacidad.

Pero no estamos simplemente ante una batería sobre ruedas. El módulo dispone de su propio eje de propulsión eléctrica y trabaja conjuntamente con el camión diésel.

Cuando el conductor pisa el acelerador, el sistema interpreta cuánta potencia necesita el vehículo y aporta empuje eléctrico, descargando de trabajo al motor de combustión. Al frenar ocurre lo contrario: el propulsor eléctrico recupera parte de la energía mediante frenada regenerativa y la devuelve a la batería.

El concepto, según sus responsables, está inspirado en la robótica colaborativa y se asemeja en cierto modo al funcionamiento de un exoesqueleto: la máquina no sustituye al camión, sino que le ayuda a realizar el esfuerzo.

Hasta 400 kilómetros de funcionamiento eléctrico

Las cifras anunciadas por Revoy son especialmente llamativas. En un conjunto articulado convencional de hasta 36 toneladas, su tecnología permitiría cubrir aproximadamente entre 320 y 400 kilómetros aprovechando la propulsión eléctrica.

La consecuencia directa es una reducción muy importante del uso del motor diésel. Frente a consumos que pueden situarse entre 30 y 40 l/100 km en un camión pesado, Revoy habla de entre 6,7 y 11,8 l/100 km utilizando su sistema.

En recorridos de menos de 240 kilómetros, donde la batería puede cubrir una proporción todavía mayor del trayecto, el consumo podría quedarse alrededor de 5,9 l/100 km. La compañía también apunta a una reducción de las emisiones de carbono de hasta el 85%.

No se trata únicamente de ahorrar combustible. La unidad incluye sistemas activos destinados a controlar situaciones especialmente delicadas en vehículos articulados, como el riesgo de vuelco, la pérdida de estabilidad o el efecto tijera. También incorpora detección de ángulo muerto y asistencia para maniobras marcha atrás.

Cambiar la batería en menos de cinco minutos

Una batería de 575 kWh plantea inevitablemente otro problema: recargar semejante cantidad de energía puede llevar tiempo y exigir cargadores de enorme potencia.

Revoy pretende esquivar ese inconveniente mediante el intercambio de la unidad completa. Su proyecto contempla una red de estaciones próximas a grandes corredores de transporte en las que una unidad descargada pueda sustituirse por otra cargada en menos de cinco minutos.

Así, el transportista no tendría que esperar a que la batería terminase de cargarse. Es una filosofía más cercana al cambio de baterías que a la recarga convencional, aunque trasladada a una escala mucho mayor.

La empresa, además, no plantea necesariamente que las flotas tengan que comprar el equipo. Su modelo se basa en ofrecer la tecnología como servicio mediante suscripción, reduciendo la inversión inicial necesaria para comenzar a utilizarla.

Revoy recibió la aprobación regulatoria de la NHTSA estadounidense en 2023 y posteriormente llevó a cabo un programa piloto de un año con Ryder System durante 2024.

El potencial económico explica buena parte del interés. Estados Unidos cuenta con alrededor de tres millones de camiones pesados que recorren de media cerca de 100.000 kilómetros anuales. Bloomberg cifra este mercado en unos 900.000 millones de dólares, aproximadamente 766.000 millones de euros al cambio, y le atribuye alrededor de 300 millones de toneladas anuales de CO₂.

Estimaciones publicadas anteriormente apuntaban además a un ahorro de combustible de aproximadamente 21.000 euros al año por camión equipado.

Electrificar lo que ya tenemos también puede ser parte de la solución

La idea de Revoy resulta interesante precisamente porque no pretende que todo el transporte pesado cambie de la noche a la mañana. Sustituir millones de cabezas tractoras que todavía tienen años de vida útil supone un coste gigantesco y, además, tampoco parece la utilización más eficiente de los recursos.

Sobre el papel, añadir propulsión eléctrica a un vehículo existente tiene bastante sentido, especialmente en rutas regionales y corredores muy definidos. El gran interrogante está en esas 10 toneladas adicionales y en la infraestructura necesaria para intercambiar las unidades. Si la red es pequeña, buena parte de las ventajas operativas desaparecen.

Aun así, el concepto merece atención. Quizá el futuro inmediato del transporte pesado no dependa exclusivamente de comprar camiones eléctricos nuevos, sino también de encontrar formas inteligentes de electrificar los miles de vehículos diésel que todavía seguirán circulando durante muchos años.

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