El radar móvil favorito de la DGT: inalámbrico, con 5 horas de autonomía y multa en ambos sentidos

La DGT cuenta con numerosos sistemas para vigilar las carreteras, pero uno de los más discretos sigue siendo el radar Veloláser. Con apenas 50 centímetros, conexión inalámbrica y capacidad para controlar vehículos hasta 250 km/h, puede instalarse temporalmente en multitud de puntos y resultar muy difícil de localizar para los conductores.
radar Velolaser

Los radares Veloláser llevan años en las carreteras españolas, pero están lejos de haber quedado anticuados. Su reducido tamaño, la facilidad para moverlos y su funcionamiento inalámbrico siguen convirtiéndolos en una de las herramientas más discretas que puede utilizar la Guardia Civil para controlar la velocidad.

Mientras la DGT incorpora radares de tramo, cámaras y otros sistemas de vigilancia cada vez más avanzados, estos pequeños cinemómetros láser mantienen una ventaja difícil de igualar: pueden colocarse prácticamente en cualquier punto y pasar inadvertidos para muchos conductores.

Los pequeños radares Veloláser siguen teniendo protagonismo en las carreteras

Los primeros Veloláser comenzaron a ganar notoriedad en España en 2018. Desde entonces, diferentes adquisiciones han ido ampliando su presencia y las últimas informaciones sitúan en alrededor de 130 unidades la flota disponible, procedente de dos partidas de 60 y 70 dispositivos.

Además, la DGT continúa invirtiendo en tecnología para controlar la velocidad. En 2026 adjudicó por 1.020.000 euros un nuevo suministro de cinemómetros dinámicos destinados a vehículos de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.

No hay que confundir esta operación con el programa para desplegar 122 nuevos puntos de control de velocidad, un plan diferente compuesto por radares fijos y radares de tramo.

¿Por qué cuesta tanto ver un radar Veloláser?

El gran punto fuerte de estos dispositivos está precisamente en su tamaño. Un Veloláser ronda los 50 centímetros y pesa aproximadamente 2 kilos, de manera que los agentes pueden trasladarlo con facilidad y cambiar rápidamente el lugar de vigilancia.

Popularmente se han ganado el sobrenombre de radares "indetectables", aunque sería más correcto decir que son muy difíciles de localizar visualmente.

Utilizan tecnología láser para calcular la velocidad y no dependen del característico flash visible que muchos conductores relacionan con los radares convencionales.

Pueden funcionar a distancia y sin cables

Otra de sus grandes ventajas es que no necesitan permanecer conectados físicamente a la patrulla.

Los Veloláser disponen de conectividad inalámbrica mediante WiFi y redes móviles, permitiendo que los agentes reciban a distancia las imágenes y mediciones obtenidas por el dispositivo. Su batería proporciona aproximadamente cinco horas de autonomía, suficiente para realizar controles temporales y cambiar posteriormente de emplazamiento.

Su capacidad de medición también es considerable. Estos cinemómetros pueden controlar vehículos que circulan aproximadamente entre 30 y 250 km/h, trabajar en ambos sentidos de circulación y utilizarse tanto durante el día como por la noche.

Un guardarraíl, un trípode o un coche camuflado

Su pequeño formato abre numerosas posibilidades a la Guardia Civil cuando prepara un control.

Pueden instalarse sobre soportes próximos a los guardarraíles, colocarse utilizando un trípode o situarse junto a diferentes elementos de la carretera. También pueden emplearse asociados a vehículos utilizados por los agentes.

Eso explica por qué resulta complicado memorizar dónde se encuentran. A diferencia de un radar fijo, un Veloláser puede utilizarse hoy en un determinado tramo y ser trasladado posteriormente a otro punto.

Los controles suelen prestar especial atención a carreteras convencionales y zonas con elevada siniestralidad, precisamente aquellos lugares donde un exceso de velocidad puede tener consecuencias especialmente graves.

Radar Velolaser instalado en un guardarail
Radar Velolaser instalado en un guardarail

Su mayor ventaja no es la tecnología, sino la movilidad

En mi opinión, el Veloláser demuestra que para aumentar la eficacia de un radar no siempre hace falta desarrollar sistemas cada vez más complejos. Su verdadera fortaleza está en algo mucho más sencillo: es pequeño, autónomo y tremendamente fácil de mover.

Un radar fijo termina siendo conocido por prácticamente todos los conductores habituales de una carretera. Con un dispositivo portátil sucede exactamente lo contrario. Nunca existe la certeza de dónde estará instalado ese día.

Y probablemente ahí está la razón por la que, ocho años después de su llegada, esta tecnología continúa teniendo sentido para la DGT. Para el conductor, la consecuencia también es evidente: confiar en conocer la posición de los radares sirve cada vez de menos. Respetar el límite de velocidad termina siendo el único sistema que funciona en todos los casos.

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