Así está afectando la ola de calor en Europa a la infraestructura de carga: Hungría obligada a reducir la potencia

Hungría está empezando a limitar la potencia de algunos cargadores rápidos de coches eléctricos para aliviar la presión sobre su red eléctrica. La ola de calor, la sequía y los problemas de refrigeración en la central nuclear de Paks han obligado a varios operadores a reducir la velocidad de carga e incluso a encarecerla durante las horas de mayor demanda.

Hungría está en crisis por la ola de calor y afecta a la potencia de los cargadores

La ola de calor y la histórica sequía que afectan a Europa Central han terminado llegando hasta los cargadores de coches eléctricos. Hungría atraviesa una situación energética excepcional y varios operadores han decidido reducir temporalmente la potencia de sus estaciones rápidas para aliviar la presión sobre la red eléctrica.

Para los conductores, el resultado es sencillo: cargar el coche durante determinadas horas del día puede llevar más tiempo e incluso resultar bastante más caro. Un escenario que muestra hasta qué punto la infraestructura de recarga puede convertirse también en una herramienta para gestionar los picos de demanda eléctrica.

  1. Hungría reduce la potencia de sus cargadores rápidos
  2. Una recarga de hasta 1,16 euros por kWh para evitar las horas punta
  3. El verdadero problema está en el Danubio y la central nuclear de Paks
  4. La recarga flexible será cada vez más importante

Hungría reduce la potencia de sus cargadores rápidos

Las restricciones se concentran principalmente durante la tarde, coincidiendo con uno de los momentos de mayor consumo eléctrico debido, entre otros factores, al uso intensivo del aire acondicionado.

MOL Plugee ha limitado a 100 kW la potencia de sus cargadores rápidos de 150 kW o superiores entre las 17:00 y las 22:00 horas. La medida se aplica desde principios de agosto y forma parte de un paquete de ahorro energético adoptado por la compañía.

E.ON Drive Infrastructure Hungary ha ido todavía más lejos en sus instalaciones de mayor potencia. Los cargadores de 300 kW o más funcionan al 50% de su capacidad durante esa misma franja horaria. Según el operador, esta reducción permite liberar hasta 10 MW de capacidad de la red eléctrica.

Shell Recharge también participa en el plan de contención. Desde el 5 de agosto limita sus cargadores rápidos a 150 kW por punto entre las 16:00 y las 22:00 horas. Además, algunos cargadores situados en aparcamientos de Tesco han sido desconectados temporalmente, mientras que Metro ha optado por apagar mediante software sus estaciones durante determinadas horas del día.

Una recarga de hasta 1,16 euros por kWh para evitar las horas punta

Otros operadores han escogido una estrategia diferente. En lugar de reducir la potencia disponible, EV.app utiliza el precio como elemento disuasorio.

Las sesiones iniciadas durante el periodo de máxima demanda pueden alcanzar los 420 florines húngaros por kWh, aproximadamente 1,16 euros/kWh. El objetivo es trasladar parte de las recargas a otras horas, evitando que miles de vehículos eléctricos añadan consumo precisamente cuando el sistema se encuentra más tensionado. 

Este precio anunciado es una auténtica barbaridad, el cual creo que puede perjudicar seriamente a la marca proveedora de la carga más que a otra cosa, estoy convencido que hay otras soluciones.

El verdadero problema está en el Danubio y la central nuclear de Paks

Detrás de estas restricciones se encuentra una combinación especialmente complicada de calor extremo, sequía y niveles históricamente bajos en el Danubio.

La central nuclear de Paks, la única de Hungría, depende del agua del río para su sistema de refrigeración. En 2025 la energía nuclear representó alrededor del 45,2% de la producción eléctrica húngara, por lo que cualquier reducción de potencia en Paks tiene un impacto considerable sobre el sistema energético nacional.

La situación llegó a ser crítica a comienzos de agosto. La planta redujo su producción hasta poco más del 10% de su capacidad, quedándose muy cerca de una parada completa por primera vez desde que comenzó a funcionar hace 44 años. A 15 de agosto operaba aproximadamente al 25% de su capacidad, todavía muy lejos de sus niveles habituales.

La gravedad de la situación ha llevado incluso a las autoridades húngaras a recurrir a medidas extraordinarias, como hundir dos barcazas en el Danubio para intentar elevar localmente el nivel del agua próximo a Paks y mantener disponible la refrigeración necesaria para la central.

La recarga flexible será cada vez más importante

Lo que está ocurriendo en Hungría probablemente sea un anticipo de algo que veremos con más frecuencia. No significa que el coche eléctrico sea el causante del problema energético, pero sí demuestra que la recarga rápida puede utilizarse como una enorme carga flexible capaz de adaptarse a las necesidades de la red.

Reducir temporalmente un cargador de 300 a 150 kW en una situación excepcional parece mucho más razonable que arriesgarse a cortes generalizados. Otra cuestión es utilizar precios extremadamente elevados para modificar el comportamiento del usuario. Ese mecanismo puede funcionar, pero debería aplicarse con transparencia y ofreciendo alternativas claras.

La clave estará en conseguir que estas medidas sean excepcionales y dinámicas, no convertir las limitaciones de potencia en una solución permanente a una red eléctrica que necesita más inversión, almacenamiento y capacidad de adaptación.

Esta situación que ha ocurrido en Hungría, tengo claro que va a servir como aprendizaje para el futuro, contar con una infraestructura energética sólida va a ser imprescindible. A su vez, vemos que en España, que goza de continuas olas de calor, no se ve afectado por este exceso de demanda energética y en parte es gracias a las energías renovables como la eólica y sobretodo la solar. Cada vez es mas claro que el camino a seguir y no es otro que apostar por energías renovables y un mix de energías mixtas.

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