Trump presiona a Ford para romper con China y pone en el punto de mira la fábrica de Almussafes

La fábrica de Ford en Almussafes vuelve a estar en el centro de todas las miradas, pero esta vez por razones geopolíticas. Estados Unidos ha criticado duramente la alianza de Ford con la china Geely y cuestiona una operación que se había convertido en una de las grandes esperanzas para garantizar el futuro de la histórica planta valenciana.

Trump quiere paralizar la alianza de Ford y Geely en Almussafes (Valencia)

La alianza entre Ford y Geely para revitalizar la histórica fábrica de Almussafes acaba de encontrarse con un obstáculo inesperado al otro lado del Atlántico. La Administración de Donald Trump ha cuestionado abiertamente la estrategia del fabricante estadounidense y considera preocupante que una compañía emblemática del país aumente su colaboración con grupos chinos en áreas estratégicas como los coches eléctricos y las baterías.

  1. Estados Unidos presiona a Ford por sus acuerdos con empresas chinas
  2. Almussafes se convierte en una pieza de la batalla entre Estados Unidos y China
  3. CATL también está en el punto de mira de Washington
  4. Almussafes necesita coches, no una guerra geopolítica

Estados Unidos presiona a Ford por sus acuerdos con empresas chinas

El secretario de Transporte estadounidense, Sean Duffy, ha trasladado sus críticas directamente a Jim Farley, presidente y consejero delegado de Ford. En una carta, Duffy pone el foco sobre varias decisiones recientes del fabricante, entre ellas la asociación con Geely en España, pero también su relación tecnológica con CATL y las conversaciones mantenidas con BYD.

Washington considera que estas operaciones pueden incrementar la dependencia de Ford respecto a compañías chinas en sectores considerados estratégicos. En el caso concreto de Almussafes, la preocupación estadounidense reside en que Geely consiga ampliar su presencia industrial y tecnológica dentro del mercado europeo.

La advertencia tiene una importante carga política. La Administración Trump mantiene una política especialmente dura frente al avance de China en sectores como los semiconductores, las baterías y el automóvil eléctrico, ámbitos en los que las compañías asiáticas han adquirido una enorme relevancia internacional.

Ford, sin embargo, no se ha quedado callada. La compañía ha rechazado las acusaciones y sostiene que la carta contiene errores factuales. También ha reivindicado su enorme peso industrial en Estados Unidos y ha defendido que las decisiones adoptadas responden a necesidades de competitividad global.

Almussafes se convierte en una pieza de la batalla entre Estados Unidos y China

La polémica afecta directamente a una fábrica española que llevaba años buscando una solución para recuperar actividad.

Ford y Geely anunciaron en julio la creación de una empresa conjunta destinada a gestionar la planta valenciana. Ford conservará el control con un 66% del capital, mientras que Geely dispondrá del 34% restante. El fabricante chino desembolsará 221 millones de euros por su participación, lo que supone valorar la nueva sociedad en unos 650 millones de euros.

El objetivo industrial es especialmente ambicioso: producir cinco modelos en Almussafes. Entre los proyectos previstos aparecen vehículos de Ford, modelos de Geely y nuevos productos que permitirán elevar considerablemente el aprovechamiento de unas instalaciones que durante los últimos años han trabajado muy por debajo de su capacidad.

La nueva sociedad está prevista para 2027 y los planes contemplan incorporar tres modelos adicionales hacia finales de 2028. Incluso se espera que sea necesario aumentar la plantilla cuando la fábrica recupere volumen de producción.

CATL también está en el punto de mira de Washington

Almussafes es solamente una parte de las críticas estadounidenses. Duffy también cuestiona que Ford utilice tecnología licenciada de CATL para producir baterías LFP en Marshall, Michigan.

A esto se suman las conversaciones de Ford con BYD para el suministro de componentes destinados a vehículos híbridos y la decisión de continuar fabricando el Lincoln Nautilus en China hasta 2030. Para Washington, el conjunto de estas operaciones dibuja una dependencia excesiva de la industria china.

De momento, la carta no implica la imposición de sanciones ni supone una orden legal para romper la sociedad de Almussafes. Se trata principalmente de una fuerte advertencia política, aunque evidencia hasta qué punto las decisiones industriales de los fabricantes occidentales están quedando condicionadas por la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China.

Almussafes necesita coches, no una guerra geopolítica

El problema para Ford es que la lógica industrial y la política estadounidense parecen avanzar por caminos diferentes. Almussafes necesita volumen de producción y nuevos modelos, y Geely puede aportar precisamente ambas cosas en un momento extremadamente delicado para la industria europea.

También resulta significativo que Ford conserve el 66% de la empresa conjunta. No estamos hablando simplemente de entregar una fábrica europea a un fabricante chino, sino de buscar una fórmula que permita aprovechar instalaciones, trabajadores y capacidad productiva que estaban claramente infrautilizados.

La preocupación estadounidense por el dominio tecnológico chino es comprensible, especialmente en baterías y vehículos eléctricos. Sin embargo, intentar trasladar esa política de desacoplamiento a Europa puede generar consecuencias inesperadas. Si los fabricantes europeos y estadounidenses no consiguen competir en costes y tecnología, impedir las alianzas con grupos chinos no resolverá por sí solo el problema.

Para Almussafes, lo verdaderamente importante será comprobar si esta presión política se queda en una carta o acaba condicionando las decisiones de Ford. Después de años de incertidumbre, la fábrica valenciana había encontrado con Geely una hoja de ruta industrial bastante más clara. Ahora, inesperadamente, también se ha convertido en una pequeña pieza del enorme tablero geopolítico que enfrenta a Washington y Pekín.

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