El duro plan de Volkswagen: 100.000 empleos en riesgo y cuatro plantas bajo amenaza
El Grupo Volkswagen vuelve a quedar bajo presión en plena transición hacia el coche eléctrico. Según las informaciones publicadas por Manager Magazin y recogidas por Reuters, la compañía estaría valorando un ajuste mucho más ambicioso del que se conocía hasta ahora: hasta 100.000 empleos menos en todo el mundo y cuatro plantas alemanas bajo amenaza de cierre a medio plazo.
La operación todavía no está aprobada y Volkswagen no ha hecho público el supuesto documento interno. De hecho, la propia compañía ha evitado comentar detalles concretos al tratarse de material confidencial, aunque sí reconoce que todo el grupo necesita cambios profundos para ganar competitividad en un entorno marcado por la presión de China, los aranceles y la debilidad de algunos mercados europeos.
Hannover, Zwickau, Emden y Neckarsulm, en el punto de mira
Las instalaciones señaladas serían Hannover, Zwickau y Emden, pertenecientes a Volkswagen, además de la planta de Audi en Neckarsulm. No se trataría de un cierre inmediato, sino de una retirada progresiva de actividad cuando los modelos actuales lleguen al final de su ciclo comercial. A partir de ahí, los sucesores podrían trasladarse a centros con menores costes o incluso quedar fuera de los planes industriales.
El golpe sería especialmente simbólico en Zwickau y Emden. Ambas fábricas han sido presentadas durante años como piezas clave de la electrificación del grupo. Zwickau produce modelos como el Volkswagen ID.3, ID.4, ID.5, Cupra Born y Audi Q4 e-tron, mientras que Emden ensambla los ID.4, ID.7 e ID.7 Tourer. Hannover, por su parte, combina la producción del ID. Buzz con vehículos comerciales tradicionales.
Un ajuste que va más allá de la plantilla
El posible recorte de hasta 100.000 empleos duplicaría el volumen de los ajustes que se habían barajado previamente en Alemania. Según Reuters, la plantilla global del grupo rondaba los 667.000 trabajadores en el ejercicio 2025, con cerca del 43% del empleo concentrado en Alemania.
Pero el plan no se limitaría a reducir costes laborales. También se estudia una transformación corporativa de gran calado, con la posible separación de Volkswagen Turismos y de la división de componentes en entidades más independientes. Ese movimiento facilitaría una mayor exposición a los mercados financieros y podría alterar el tradicional equilibrio de poder interno del fabricante alemán.
La compañía ya venía aplicando medidas duras. En diciembre de 2024, Volkswagen anunció una reducción de capacidad en Alemania de unas 734.000 unidades, cambios en Wolfsburg, ajustes en desarrollo técnico y una reorganización de plantas como Zwickau, Emden, Hannover o Dresden.
Los sindicatos preparan resistencia
El calendario también será clave. La información apunta al 9 de julio como fecha marcada para debatir el plan en el consejo de supervisión. Si finalmente avanza, Volkswagen tendrá enfrente a los sindicatos, al comité de empresa y a parte del poder político regional, especialmente en Baja Sajonia, donde el fabricante tiene un peso industrial enorme.
La paradoja es evidente: algunas de las fábricas ahora cuestionadas son precisamente las que simbolizaban el salto eléctrico de Volkswagen. El problema no es solo fabricar coches eléctricos, sino hacerlo con costes competitivos, suficiente demanda y una gama capaz de plantar cara a BYD, Geely, SAIC, Chery y otros fabricantes chinos que están ganando terreno en Europa.
Decisiones difíciles pero que en ocasiones son necesarias
Volkswagen se enfrenta a una realidad incómoda: electrificarse no basta. Durante años, el grupo ha presumido de músculo industrial, pero ese mismo tamaño puede convertirse ahora en una carga si la demanda no acompaña y si sus rivales producen más rápido, más barato y con márgenes más ajustados.
El cierre de plantas eléctricas como Zwickau o Emden sería un mensaje muy duro para toda Europa. No porque el coche eléctrico esté fracasando, sino porque demuestra que la industria europea todavía no ha encontrado la fórmula para competir en costes sin destruir parte de su propio tejido industrial. Si Volkswagen quiere seguir siendo una referencia mundial, necesita algo más que recortes: necesita coches eléctricos atractivos, asequibles y rentables.
