Tras usar un camión eléctrico de bomberos ahora no quieren cambiar a otro

Camión de bomberos totalmente eléctrico

Múnich marca un antes y un después con su primer camión de bomberos eléctrico tras un año de uso real

La electrificación del transporte ha avanzado con paso firme en el sector del automóvil, pero en el terreno de los vehículos pesados, la transición sigue siendo más compleja. Mientras los turismos eléctricos se multiplican en las calles, hay segmentos que apenas comienzan a dar sus primeros pasos hacia la movilidad sostenible. Uno de los más desafiantes es el de los camiones de bomberos, donde las exigencias operativas y técnicas no admiten concesiones.

Sin embargo, en la Universidad Técnica de Múnich (TUM), una experiencia pionera está demostrando que un cambio es posible. Tras un año completo de pruebas en condiciones reales, el cuerpo de bomberos del campus ha confirmado las capacidades de su primer camión de bomberos impulsado por energía eléctrica. Un proyecto que comenzó con escepticismo y muchas dudas, pero que hoy se presenta como un caso de éxito rotundo.

Cuando este vehículo, fabricado por la austriaca Rosenbauer, llegó al parque de bomberos, la desconfianza era generalizada. Las encuestas internas reflejaban el temor a que no ofreciera la autonomía necesaria, ni la fiabilidad que se exige en situaciones críticas. “No podemos permitirnos experimentar cuando hay vidas en juego”, resumían algunos de los bomberos que iban a trabajar con él. No obstante, tras más de doce meses de servicio diario, la percepción ha cambiado completamente.

El camión, basado en el modelo RTX de Rosenbauer, cuenta con una configuración técnica diseñada para responder a los desafíos del día a día. Dispone de una potencia de 360 kW (490 CV), tracción total, un habitáculo para hasta siete ocupantes y una batería de 66 kWh. Pero la clave de su operatividad está en su motor diésel auxiliar de seis cilindros, alimentado por biodiésel, que actúa como extensor de autonomía, aportando otros 225 kW cuando es necesario. Este enfoque lo convierte en un vehículo EREV (Extended Range Electric Vehicle), es decir, eléctrico con apoyo térmico, lo que le permite mantener el rendimiento incluso en intervenciones prolongadas.

La rutina operativa del cuerpo de bomberos de la TUM es ideal para este tipo de tecnología: entre cinco y seis salidas diarias, con trayectos muy cortos —en torno a 2,4 kilómetros de media— y una duración que rara vez supera los 30 minutos por intervención. Gracias a este perfil de uso, el camión puede funcionar en modo completamente eléctrico en casi todas las ocasiones, sin necesidad de activar el motor térmico auxiliar. De hecho, más del 97 % de las tareas se han llevado a cabo sin recurrir al extensor.

Pero más allá de los números, los beneficios se han hecho notar en el día a día. Uno de los aspectos más valorados por los bomberos es el silencio de marcha. La ausencia del ruido constante del motor mejora significativamente la comunicación entre los miembros del equipo durante las operaciones, permite escuchar con claridad las emisoras de radio y reduce la fatiga auditiva. “Parece un detalle menor, pero en situaciones de estrés, poder hablar sin gritar y oír cada instrucción marca la diferencia”, aseguran.

Otra ventaja evidente es la reducción de emisiones mientras el vehículo está estacionado en plena intervención. Al no depender de un motor de combustión encendido constantemente para alimentar bombas y herramientas, se elimina la emisión de gases contaminantes y se mejora la calidad del aire en el entorno inmediato. Solo en operaciones de extinción que superan la media hora de duración es necesario activar el motor térmico, que sirve principalmente para reforzar el sistema hidráulico de la bomba de agua.

En cuanto al abastecimiento energético, la TUM ha ido más allá y ha empezado a integrar soluciones sostenibles. El parque de bomberos cuenta con paneles solares en su cubierta, lo que permite cargar el camión parcialmente con energía renovable. Una apuesta por la autosuficiencia energética que refuerza el compromiso medioambiental del proyecto.

Eso sí, no todo es positivo ni sencillo. El caso de Múnich ha demostrado que la viabilidad de estos vehículos depende en gran medida de la infraestructura disponible. La recarga rápida es indispensable para que estén siempre listos para intervenir, algo que requiere inversiones importantes. Además, el peso adicional que suponen las baterías puede afectar tanto a la capacidad de carga útil como a la maniobrabilidad, especialmente en entornos urbanos complejos. Y el coste inicial de adquisición sigue siendo significativamente más alto que el de un camión tradicional con motor diésel. Aun así, los responsables del proyecto señalan que los ahorros en mantenimiento y consumo energético a medio plazo pueden equilibrar esa inversión inicial.

En palabras del jefe del departamento de bomberos, Jürgen Wettlaufer, “invertir nuevamente en motores de combustión pura ya no es una opción viable. Como servicio de emergencia, también debemos asumir nuestra responsabilidad en términos de sostenibilidad y adaptarnos al futuro”.

Hoy en día, la Universidad Técnica de Múnich es la única institución en toda Baviera que opera camiones de bomberos eléctricos de forma regular. Y lo hace con éxito. Lo que comenzó como una prueba piloto cargada de incertidumbre ha terminado marcando un nuevo rumbo en la historia de los servicios de emergencia. La electrificación, incluso en sectores tradicionalmente conservadores como el de los bomberos, ha demostrado ser no solo posible, sino también eficaz y ventajosa cuando se aplica con inteligencia y planificación.

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