Polémica en Hungría: BYD contrata al político que negoció sus ayudas
BYD vuelve a colocarse en el centro del debate político e industrial en Europa tras fichar a Péter Szijjártó, exministro de Exteriores de Hungría y una de las figuras clave en la llegada del fabricante chino al país, un movimiento que ha despertado críticas por las ayudas públicas que la compañía recibió durante su etapa en el Gobierno.
BYD ha vuelto a situarse en el centro del debate europeo, pero esta vez no por un nuevo coche eléctrico ni por una fábrica, sino por un fichaje con fuerte carga política: Péter Szijjártó, exministro de Exteriores de Hungría y figura clave en la llegada del fabricante chino al país, ha dejado su escaño en el Parlamento para incorporarse al grupo asiático.
BYD ficha al exministro húngaro que negoció su gran expansión en Europa
El movimiento ha provocado una intensa polémica en Hungría. Szijjártó, que fue durante casi 12 años uno de los rostros más visibles del Gobierno de Viktor Orbán, anunció que había recibido una oferta “altamente prestigiosa” de BYD para ocupar un cargo internacional vinculado a las relaciones externas del grupo y al desarrollo de nuevas líneas de negocio.
No se trata de un fichaje cualquiera. Durante su etapa como ministro, Szijjártó fue una de las piezas clave en la estrategia de Hungría para atraer inversión china, especialmente en sectores como el coche eléctrico, las baterías y la industria auxiliar del automóvil. Precisamente ahí es donde BYD ha encontrado en los últimos años una puerta de entrada privilegiada al mercado europeo.
Hungría, pieza clave para BYD en Europa
BYD anunció en diciembre de 2023 la construcción de su primera fábrica europea de turismos eléctricos en Szeged, al sur de Hungría. La planta forma parte de una estrategia mucho más amplia: producir dentro de la Unión Europea para acercarse al cliente europeo, reducir riesgos logísticos y, sobre todo, ganar margen frente a los aranceles comunitarios a los vehículos eléctricos fabricados en China.
La Comisión Europea fijó para BYD un derecho compensatorio del 17,0% dentro de su investigación sobre los coches eléctricos chinos, una medida diseñada para equilibrar las condiciones de competencia frente a los fabricantes europeos. En ese contexto, contar con producción local en suelo comunitario se ha convertido en un activo estratégico de primer nivel.
A la fábrica de Szeged se suma otro movimiento importante: BYD anunció en 2025 que establecería en Budapest su sede europea y un centro de I+D. La compañía presentó este proyecto como un paso clave para reforzar su presencia en la región y acelerar el desarrollo de nuevas tecnologías para el mercado europeo.
La polémica de las ayudas públicas
La controversia nace de un punto muy concreto: Szijjártó no solo formó parte del Gobierno que atrajo a BYD, sino que también participó directamente en las negociaciones para hacer posible esos proyectos. Según AP, el propio exministro llegó a hablar de 224 rondas de negociación entre la compañía y el Ejecutivo húngaro para sacar adelante la fábrica.
Además, el Gobierno húngaro prometió incentivos financieros para la planta de Szeged, aunque no se han detallado públicamente. En el caso de la sede europea y el centro de I+D de Budapest, las ayudas anunciadas ascendieron a 20.000 millones de forintos, unos 55 millones de euros al cambio reciente.
El actual primer ministro húngaro, Péter Magyar, ha sido muy duro con el fichaje. En redes sociales acusó a Szijjártó de haber defendido durante años “intereses extranjeros” y de haber presionado para asegurar importantes subsidios estatales a BYD. La crítica conecta directamente con el debate de las llamadas puertas giratorias: hasta qué punto es aceptable que un responsable político pase a trabajar para una empresa beneficiada por decisiones tomadas durante su etapa en el poder.
Un fichaje con lectura industrial y política
Para BYD, la incorporación de Szijjártó tiene lógica empresarial. El fabricante chino gana a un perfil con experiencia diplomática, contactos internacionales y conocimiento directo de los equilibrios políticos europeos. En un momento en el que Bruselas endurece su postura frente al coche eléctrico chino, esa experiencia puede ser tan valiosa como una nueva plataforma o una batería más eficiente.
Para Hungría, sin embargo, el movimiento reabre una discusión incómoda. El país se ha convertido en uno de los grandes polos europeos de inversión china en movilidad eléctrica, pero también en un laboratorio de tensiones entre industria, soberanía económica, empleo y transparencia institucional.
Una decisión delicada pero que puede tener sentido para BYD
El fichaje de Szijjártó por BYD no es ilegal por sí mismo, pero sí es políticamente delicado. Y lo es porque llega justo después de años en los que el exministro fue una de las figuras que más defendió la llegada de capital chino a Hungría y la necesidad de apoyar grandes inversiones vinculadas al coche eléctrico.
BYD está jugando una partida muy inteligente en Europa. No quiere limitarse a vender coches importados desde China; quiere fabricar, investigar y tomar posiciones dentro del propio mercado comunitario. Desde el punto de vista industrial, es una estrategia impecable.
El problema es que la electrificación no solo necesita fábricas y empleo. También necesita confianza. Y cuando un político que negoció ayudas públicas termina trabajando para la empresa beneficiada, la sospecha aparece de forma inevitable. BYD gana un ejecutivo con contactos. Europa, en cambio, recibe otro recordatorio de que la batalla del coche eléctrico ya se juega tanto en las cadenas de montaje como en los despachos.
