Así funciona un motor eléctrico fabricado con piezas de LEGO
Este ejercicio con piezas LEGO demuestra lo simple y sencillo que es un motor eléctrico
En plena era de kits de robótica cerrados, placas programables y soluciones listas para usar, hay quien decide volver al origen. Sin microcontroladores. Sin firmware. Sin módulos inteligentes. Solo física, cobre, imanes y una batería de 9V.
Eso es exactamente lo que ha hecho Jamie, creador del canal de YouTube Jamie’s Brick Jams, al construir un motor eléctrico completamente funcional utilizando piezas estándar de LEGO, imanes de neodimio y componentes electrónicos básicos. El resultado no es solo un rotor girando: es una clase magistral de electromagnetismo aplicada que termina moviendo un pequeño coche LEGO.
Y lo mejor es que todo queda a la vista.
Un motor eléctrico sin carcasa: entender lo invisible
En la mayoría de motores comerciales, el funcionamiento queda oculto dentro de una estructura metálica sellada. Aquí ocurre lo contrario. Cada bobina, cada imán y cada conexión están expuestos, permitiendo observar el principio fundamental que mueve buena parte del mundo moderno.
El concepto es simple, pero poderoso:
cuando una corriente eléctrica atraviesa una bobina de cobre, genera un campo magnético. Si ese campo interactúa con imanes permanentes, aparece una fuerza que produce movimiento.
El rotor —la parte móvil del conjunto— está formado por dos imanes de neodimio colocados en extremos opuestos de un eje. El equilibrio es crucial. Una mínima desalineación provoca vibraciones y pérdida de energía, por lo que durante las pruebas se utiliza adhesivo temporal para estabilizar el conjunto.
Frente al rotor se sitúa la bobina principal, enrollada a mano con aproximadamente 150 espiras de hilo de cobre sobre una estructura LEGO. Cada vez que recibe corriente, genera el impulso necesario para empujar o atraer los imanes y mantener el giro.
Pero hay un problema evidente: un solo impulso no es suficiente. Sin sincronización, el movimiento se extingue en segundos.
La clave: autosincronización sin software
Aquí es donde el proyecto se vuelve especialmente interesante.
Jamie incorpora una segunda bobina, más pequeña, cuya función no es mover, sino detectar. Esta bobina sensora capta el paso de los imanes y genera una señal eléctrica diminuta que se envía a un circuito extremadamente sencillo basado en un transistor TIP31C y un LED opcional.
El transistor actúa como interruptor automático: Cuando la bobina sensora detecta que el imán está en la posición adecuada, permite que la batería de 9V envíe un pulso de energía a la bobina principal. Ni antes ni después. Justo en el momento preciso.
No hay programación. No hay control digital. El propio movimiento regula su continuidad mediante retroalimentación física.
Cada destello del LED confirma que el sistema está funcionando en sincronía. Si la polaridad de las bobinas se invierte, el motor se detiene. Es ensayo, error y comprensión directa de cómo interactúan corriente y magnetismo.
Este tipo de autosincronización es el mismo principio que, a mayor escala y con electrónica avanzada, encontramos en motores industriales y en los sistemas de propulsión de los vehículos eléctricos actuales.

Rendimiento: velocidad frente a par
En su versión básica con dos imanes, el motor alcanza aproximadamente 1.300 revoluciones por minuto antes de aplicar engranajes. Al añadir una reducción 3:1, la velocidad disminuye, pero el par aumenta de forma considerable. El resultado es tangible: el motor ya no solo gira, sino que puede mover un pequeño coche LEGO sobre una superficie plana.
Cuando el rotor se rediseña con ocho imanes distribuidos en un disco, el comportamiento cambia:
- La velocidad baja hasta unas 480 RPM.
- El giro se vuelve más estable.
- El empuje es más continuo y menos brusco.
Los impulsos se reparten mejor a lo largo de la rotación, lo que genera una entrega de fuerza más uniforme. Es el mismo compromiso que se analiza en el diseño de motores reales: más velocidad o más par, según la aplicación.
No existe una configuración perfecta. Solo decisiones de ingeniería con consecuencias claras.
Mucho más que un experimento casero
Puede parecer un simple proyecto DIY, pero su valor educativo es enorme.
Los motores eléctricos son la base de la transición energética:
- Bombas de calor
- Aerogeneradores
- Electrodomésticos eficientes
- Vehículos eléctricos
- Sistemas industriales de bajo consumo
Sin motores eléctricos optimizados no hay electrificación posible, y sin electrificación no hay descarbonización.
Este proyecto devuelve algo que a menudo se pierde entre capas de tecnología: la comprensión. Permite ver cómo la energía eléctrica se convierte en movimiento sin intermediarios digitales.
Para estudiantes, docentes o cualquier persona interesada en energía sostenible, es una forma directa y visual de entender los fundamentos que están detrás de la movilidad eléctrica moderna.
Un ejemplo de lo sencillo que es un motor eléctrico
En un momento en el que parece que todo necesita una app, un firmware y una actualización OTA, ver un motor que se sincroniza solo gracias a leyes físicas básicas resulta refrescante.
Lo realmente valioso del trabajo de Jamie no es que haya construido un motor con LEGO. Es que demuestra que la innovación no siempre pasa por añadir más complejidad, sino por entender mejor lo esencial.
Si queremos una sociedad preparada para la transición energética, necesitamos más proyectos así. Más comprensión real y menos cajas negras. Porque cuando entiendes cómo funciona un motor desde cero, también entiendes mejor qué significa electrificar el transporte o apostar por energías renovables.
Además, creo que este ejercicio realizado con piezas Lego muestra de nuevo lo simple y sencillo que es un motor eléctrico en comparación con un coche de combustión, y es que como se puede apreciar no se requiere de muchas piezas para que la física haga su acción y genere movimiento. ¿No te parece algo fascinante?
Y eso, en términos de cultura tecnológica, vale mucho más que cualquier kit cerrado.