El verdadero motivo de por qué algunos no se pasan al coche eléctrico

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Un estudio pone en evidencia los principales motivos de que la gente no se dedica a dar el paso al coche eléctrico

La transición hacia el vehículo eléctrico en España no decolla con la rapidez que muchos anticipaban. Aunque los conductores que ya se han pasado a un coche eléctrico muestran un nivel de satisfacción elevado, persisten importantes barreras en la percepción pública.

Una encuesta realizada por Global EV Alliance en 2025, dirigida a más de 26.000 conductores en 30 países, arroja luz sobre qué frena realmente la adopción de esta tecnología en nuestro país.

Las quejas de quienes ya conducen un eléctrico

Los datos muestran que, para los conductores españoles de vehículos eléctricos, la infraestructura todavía deja mucho que desear:

  • El 42 % señaló que muchos cargadores rápidos están fuera de servicio.
  • El 31 % considera que la cobertura de puntos de recarga rápida es insuficiente.
  • Un 24 % manifestó que cargar el coche exige demasiado tiempo.
  • Un 18 % apuntó a la autonomía limitada y el mismo porcentaje a la dificultad para activar o pagar la recarga.

Estos resultados reflejan claramente que la infraestructura —más que el vehículo en sí— sigue siendo el cuello de botella para que la experiencia sea redonda.

Una curiosidad: el 35 % de los usuarios encuestados afirma que no detecta ninguna desventaja en tener un coche eléctrico. Esa cifra refuerza la idea de que quienes ya han dado el paso rara vez se arrepienten.

Por otro lado, sobre uno de los miedos tradicionales —el riesgo de incendio en un vehículo eléctrico— la encuesta indica que el 75 % de los conductores españoles no está preocupado, y solo un 5 % muestra inquietud real. Esa narrativa del “peligro eléctrico” va perdiendo terreno entre quienes lo usan con experiencia directa.

El gran freno: mitos, precio y desinformación

El verdadero reto está en quienes aún dudan. Y aquí los datos son reveladores: el 67 % de los encuestados en España considera que los mitos y la desinformación constituyen la principal barrera para que más conductores den el salto. Muy cerca le sigue el precio de compra, con un 66 %. Más atrás están las dificultades para la recarga en domicilio (37 %) o en ruta (30 %).

Estos porcentajes señalan claramente que, por mucho que se mejore la tecnología y la oferta de modelos, si no se trabaja la percepción pública —y no se facilitan el acceso económico y la recarga—, el ritmo de adopción se mantendrá modesto.

La encuesta también revela que un 75 % de los conductores eléctricos reconoce que tiene problemas para convencer a familiares y amigos de que un coche eléctrico sea buena opción. Es decir: más allá de los datos técnicos, existe un entorno social poco receptivo al cambio, alimentado por la desinformación.

Un matiz curioso: la marca también juega

Otro apartado significativo tiene que ver con las decisiones basadas en criterios éticos o políticos. En España, un 19 % de los encuestados afirmaría evitar comprar un coche eléctrico de cierta marca por motivos políticos. La marca más señalada es Tesla, seguida muy por detrás por productos de China (4 %) y EE.UU. (2 %). Sin embargo, una mayoría del 62 % afirma que no evitaría ninguna marca por razones políticas.

Finalmente, sobre una preocupación que a menudo se señala en medios —las colas para cargar— los datos ayudan a relativizar: el 54 % de los usuarios dice que nunca ha hecho cola para recargar y otro 31 % que solo en casos puntuales. Apenas un 1 % indica que le ocurre con frecuencia. Esto sugiere que, si bien la infraestructura es objeto de críticas, el problema no es tanto la saturación como la fiabilidad y cobertura del servicio.

En síntesis: el coche eléctrico convence a quienes ya lo conducen —y con creces—, pero en España continúa encontrándose con tres grandes obstáculos: los mitos y la desinformación, el precio de acceso y una infraestructura de recarga que no cumple al nivel deseado. Estos factores se suman a una planificación pública irregular que, en ocasiones, frena más de lo que impulsa.

La buena noticia es que los principales fantasmas —colas en estaciones, riesgo de incendio— parecen perder fuerza en la práctica, pero la mala es que la experiencia de quienes aún no se han pasado muestra que la transición no será tan automática como algunos esperaban.

La adopción se acelerará en la medida en que se combatan los mitos, se bajen las barreras económicas y se garantice una red de carga rápida, fiable y extendida. Hasta entonces, el cambio seguirá siendo más lento de lo que el planeta y la industria quisieran.

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