Trump sorprende con los coches eléctricos chinos: esta es la condición para dejarlos entrar en EEUU ¿Llegará

Trump ha negado que Estados Unidos vaya a abrir su mercado a los coches chinos, pero al mismo tiempo asegura que estaría encantado de recibir a sus fabricantes si construyen fábricas y crean empleo dentro del país.
Donald Trump y los coches eléctricos chinos

La posibilidad de que los fabricantes chinos de coches eléctricos puedan entrar en Estados Unidos ha vuelto a sacudir a la industria. La senadora Elissa Slotkin aseguró que había escuchado rumores sobre una posible apertura del mercado dentro de un acuerdo entre Donald Trump y Xi Jinping, aunque el propio presidente estadounidense ya ha negado que exista ese plan.

  1. Trump niega que vaya a abrir Estados Unidos a los coches chinos, pero deja una puerta entreabierta
  2. Una cosa es importar coches chinos y otra fabricarlos en Estados Unidos
  3. El Congreso quiere precisamente lo contrario
  4. El Gobierno de Trump también está presionando a Ford
  5. Estados Unidos quiere las fábricas chinas, no necesariamente sus coches

Trump niega que vaya a abrir Estados Unidos a los coches chinos, pero deja una puerta entreabierta

La entrada de fabricantes como BYD, Geely o Xiaomi en Estados Unidos continúa siendo uno de los asuntos más sensibles para la industria automovilística del país. Durante los últimos años Washington ha levantado importantes barreras comerciales y regulatorias para mantener a los fabricantes chinos prácticamente fuera de su mercado.

Sin embargo, la senadora demócrata por Michigan Elissa Slotkin encendió las alarmas al afirmar que circulaban rumores según los cuales Donald Trump podría permitir la venta de vehículos chinos en Estados Unidos como parte de un acuerdo más amplio con Pekín.

Slotkin relacionó esta posibilidad con la próxima reunión entre Trump y el presidente chino, Xi Jinping, prevista para finales de septiembre. La senadora calificó una eventual apertura como un error estratégico, pero no aportó fuentes ni pruebas que confirmasen que dicha medida estuviese siendo realmente negociada.

Desde entonces ha aparecido un dato importante: Trump ha negado públicamente que exista ese supuesto plan, calificando la información de falsa. Reuters recoge, no obstante, que el presidente sí volvió a mostrarse favorable a que empresas chinas fabriquen automóviles dentro de Estados Unidos siempre que construyan allí sus plantas y contraten trabajadores estadounidenses.

Una cosa es importar coches chinos y otra fabricarlos en Estados Unidos

La diferencia no es menor. Trump ya explicó anteriormente en un discurso ante el Detroit Economic Club que estaría dispuesto a recibir inversiones procedentes de China o Japón si las compañías construyen fábricas en suelo estadounidense y generan empleo local.

En aquella intervención señaló que las empresas extranjeras serían bienvenidas bajo esas condiciones. Su política, por tanto, no parece orientada a permitir una llegada masiva de coches producidos en China, sino a intentar que los fabricantes extranjeros trasladen parte de su capacidad industrial a Estados Unidos.

Esto permitiría a Washington captar inversión y empleo sin exponer directamente a Ford, General Motors, Stellantis o Tesla a una avalancha de vehículos chinos importados a precios muy competitivos.

El Congreso quiere precisamente lo contrario

La posición de Slotkin tampoco es neutral. Junto al senador republicano Bernie Moreno, ha impulsado la Connected Vehicle Security Act of 2026, una propuesta destinada a cerrar todavía más el mercado estadounidense a vehículos, componentes, hardware y software vinculados con China y otros países considerados adversarios.

Hay un matiz importante respecto a algunas informaciones publicadas: la propuesta recibió apoyo unánime en su paso por el comité del Senado en julio, pero eso no significa que haya sido aprobada definitivamente por el pleno del Senado.

Los defensores de la medida argumentan no solo motivos industriales, sino también de seguridad nacional y protección de datos. El temor es que los coches conectados recopilen información sensible que pueda terminar en manos de empresas o autoridades extranjeras.

El Gobierno de Trump también está presionando a Ford

Precisamente por eso resulta llamativo pensar en una apertura inmediata del mercado. La Administración Trump acaba de criticar públicamente a Ford por su relación con empresas chinas.

El secretario de Transporte, Sean Duffy, reprochó al fabricante estadounidense utilizar tecnología de baterías licenciada de CATL y cuestionó su colaboración con Geely en Europa. El Departamento de Transporte considera que este tipo de acuerdos pueden aumentar la dependencia tecnológica de China.

Todo ello hace que una liberalización directa de las importaciones chinas resulte, al menos por ahora, difícil de encajar con la estrategia seguida por Washington.

Estados Unidos quiere las fábricas chinas, no necesariamente sus coches

Lo más interesante de esta historia está en distinguir dos escenarios que pueden parecer similares, pero no lo son. Permitir que BYD, Geely u otro fabricante construya una fábrica en Estados Unidos bajo reglas estadounidenses sería muy diferente a eliminar las barreras para importar cientos de miles de coches directamente desde China.

Trump parece mucho más cómodo con el primer escenario. Desde un punto de vista económico tiene lógica: Estados Unidos podría quedarse con las inversiones, los puestos de trabajo y parte del conocimiento industrial sin entregar completamente su mercado a unos fabricantes chinos que actualmente tienen una enorme ventaja en costes.

Por eso, a día de hoy, hablar de una apertura total a los coches eléctricos chinos parece precipitado. El rumor existe, pero Trump lo ha negado y las últimas decisiones de su Administración apuntan justamente en la dirección contraria.

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