Otra vez no puede ser. Una nueva crisis de chips podría afectar al coche eléctrico en Europa

Foto de un chip

Una nueva tormenta amenaza la producción del coche eléctrico: el conflicto por los chips de Nexperia

La industria del vehículo eléctrico vuelve a enfrentarse a una amenaza que muchos creían superada. Una disputa política entre los Países Bajos y China ha desatado una crisis que podría afectar seriamente al suministro de semiconductores básicos, fundamentales para el funcionamiento de cualquier automóvil moderno.

Aunque los recuerdos de la pandemia aún están frescos, el sector se enfrenta ahora a una amenaza diferente, pero igual de inquietante.

Nexperia, en el epicentro del conflicto

La empresa neerlandesa Nexperia, especializada en la fabricación de chips simples pero imprescindibles, ha pasado de ser un actor discreto en la cadena de suministro automotriz a convertirse en el centro de una tormenta política. Con sede en Nimega y antiguamente bajo el paraguas de Philips, Nexperia está hoy controlada por el grupo chino Wingtech.

La tensión estalló cuando el Gobierno neerlandés intervino la compañía alegando riesgos de transferencia tecnológica no autorizada hacia China. La respuesta de Pekín fue inmediata: prohibió la exportación de chips fabricados por Nexperia en territorio chino, bloqueando de golpe un flujo crítico de componentes hacia Europa.

Chips pequeños, problemas enormes

A pesar de no tratarse de semiconductores de alta gama como los procesadores gráficos o chips de control de carga, los componentes que fabrica Nexperia cumplen funciones vitales en los vehículos. Están presentes en sistemas como airbags, sensores, iluminación, climatización o multimedia. Son baratos, sencillos y producidos en grandes volúmenes, pero su ausencia puede detener completamente una línea de producción.

Cambiar de proveedor no es imposible, pero sí lento y costoso. Requiere rehacer certificaciones y procesos de homologación que pueden extenderse durante meses. Según la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), no se puede improvisar en este tipo de componentes, aunque parezcan simples.

Los fabricantes en alerta

Las principales marcas europeas ya han reaccionado. BMW ha reactivado sus comités de gestión de crisis internos y estudia priorizar modelos eléctricos de nueva generación —como su esperada gama basada en la plataforma “Neue Klasse”— en caso de que haya que racionar recursos. Mientras tanto, tanto Volkswagen como Mercedes observan la situación con cautela y mantienen contactos permanentes con sus proveedores.

Las reservas actuales de chips solo alcanzarían para unas cuatro o seis semanas, según estimaciones del sector. Si no se encuentra una solución rápida, muchas plantas europeas podrían comenzar a frenar su producción en cuestión de días.

La planta de Hamburgo, un punto crítico

Una pieza clave en este rompecabezas es la planta de Nexperia en Hamburgo, responsable de aproximadamente el 10 % de la producción mundial de la compañía. Esta instalación mantiene una relación directa con las fábricas en China, lo que agrava la vulnerabilidad ante las restricciones impuestas por Pekín. Además, Wingtech —la matriz china de Nexperia— ya figura en la lista negra del Departamento de Comercio de Estados Unidos desde 2024, lo que añade presión geopolítica al conflicto.

¿Una nueva estrategia de supervivencia?

La industria parece estar preparando una respuesta basada en lecciones aprendidas durante la pandemia. En aquel momento, se optó por priorizar los modelos con mayor margen de beneficio, reduciendo equipamiento en otros vehículos menos rentables. Ahora, ese enfoque podría repetirse, especialmente en los modelos eléctricos de última generación, que además tienen mayor protagonismo en la estrategia futura de las marcas.

Sin embargo, el margen de maniobra es limitado. Si bien los chips de Nexperia son más fáciles de producir que otros más complejos, una demanda masiva por parte de todos los fabricantes en busca de proveedores alternativos podría generar nuevos cuellos de botella, así como un encarecimiento de los componentes a corto plazo.

La fragilidad de una cadena global

Más allá de lo técnico, esta crisis deja al descubierto una vulnerabilidad estructural: la fuerte dependencia europea de la tecnología asiática. A pesar de los esfuerzos que impulsa la Unión Europea a través del programa “EU Chips Act”, la producción local de semiconductores aún está lejos de ser autosuficiente.

La globalización ha permitido optimizar costes, pero también ha dejado a la industria automotriz expuesta a disputas políticas y comerciales cada vez más frecuentes. En un contexto en el que el vehículo eléctrico requiere un grado de sofisticación tecnológica mayor que nunca, estas interrupciones resultan especialmente peligrosas.

Perspectiva: entre la diplomacia y la urgencia

En un intento por aliviar tensiones, el ministro neerlandés de Economía ya ha solicitado reuniones con representantes del Gobierno chino. A corto plazo, la solución podría pasar por una desescalada diplomática, aunque por ahora no hay indicios claros de que se vaya a revertir la situación.

Mientras tanto, fabricantes, proveedores y gobiernos siguen de cerca la evolución de una crisis que podría frenar temporalmente la transformación eléctrica del automóvil europeo. No se trata solo de un problema logístico, sino de una advertencia sobre la necesidad de reforzar la resiliencia industrial frente a un mundo cada vez más interconectado, pero también más volátil.

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