Una Tesla Cybertruck se estrella en Houston con FSD: el vídeo que vuelve a poner a Tesla contra las cuerdas

Imagen de la Tesla Cybertruck pasando test de seguridad

Tesla vuelve a estar en el centro de la polémica por un accidente que se ha hecho viral en Estados Unidos. Un vídeo grabado desde el interior de un Cybertruck muestra cómo la pick-up eléctrica termina impactando contra la barrera de hormigón de un paso elevado en Houston mientras, según la demanda, circulaba con el sistema Full Self-Driving activado. Elon Musk respondió después asegurando que los registros de Tesla indican que la conductora desconectó el sistema cuatro segundos antes del golpe. ¿Quién tiene realmente la razón?

A primera vista, esa defensa puede parecer suficiente para descargar toda la responsabilidad en la conductora. Sin embargo, el vídeo y el contexto del caso apuntan a una cuestión más incómoda: si el sistema falla justo antes de una maniobra crítica, esos pocos segundos pueden no bastar para que una persona retome el control y evite el accidente. Ahí es donde vuelve a aparecer uno de los grandes debates alrededor de la conducción semiautónoma de Tesla.

El accidente de la Cybertruck en Houston reabre el debate sobre FSD

El siniestro se produjo el 18 de agosto de 2025 en la autopista US-69 Eastex Freeway, en Houston. Según la demanda presentada por Justine Saint Amour, su Tesla Cybertruck avanzaba con asistencia activa cuando llegó a una bifurcación elevada en forma de “Y”, una zona en la que el trazado obligaba a seguir una curva hacia la derecha. En lugar de adaptarse al giro, el vehículo continuó recto, atravesó la zona delimitada por conos y acabó chocando contra la barrera de hormigón situada al final del paso elevado.

Las imágenes difundidas por el despacho Hilliard Law y recogidas por varios medios estadounidenses muestran un impacto especialmente violento, con piezas del vehículo saliendo despedidas tras la colisión. En el coche viajaba también el hijo de un año de la conductora, que no sufrió lesiones. Saint Amour, en cambio, asegura haber padecido varias heridas de consideración, entre ellas hernias discales, daños en la muñeca y problemas neurológicos en la mano derecha.

Una demanda millonaria contra Tesla

La propietaria de la Cybertruck reclama más de 1 millón de dólares, que al cambio actual equivalen a unos 867.000 euros. La demanda incluye 16 acusaciones de conducta negligente y añade incluso un planteamiento poco habitual: que Tesla habría actuado con negligencia al mantener a Elon Musk como consejero delegado.

La defensa de Musk: “el sistema se desconectó 4 segundos antes”

Después de que el vídeo se viralizara, Elon Musk publicó en X que los registros del vehículo reflejan que el Autopilot, o el sistema de asistencia activo según su versión, se desactivó cuatro segundos antes del impacto. A partir de ahí, parte del debate público giró hacia una idea muy concreta: que el accidente no debería atribuirse al Full Self-Driving porque, técnicamente, el coche ya no estaba bajo su control en el instante final.

El problema es que esa explicación deja fuera el matiz más importante del caso. El abogado de la demandante sostiene que su clienta tomó el volante precisamente porque el sistema ya estaba fallando y que, cuando intentó corregir la trayectoria, la maniobra era prácticamente irrecuperable. Es decir, el hecho de que la desactivación se produjera unos segundos antes no exculpa necesariamente al software; también puede interpretarse como la prueba de que la conductora detectó demasiado tarde que el vehículo no iba a negociar bien la curva.

Cuatro segundos pueden no ser suficientes

Ese es el punto realmente delicado. En un vehículo del tamaño y peso de un Cybertruck, circulando a velocidad de autopista y encarando una barrera de hormigón, cuatro segundos pueden ser un margen mínimo para percibir el fallo, entender lo que está ocurriendo, reaccionar físicamente y reconducir el coche con seguridad. Más aún si el conductor había depositado confianza previa en un sistema que, durante buena parte del trayecto, parecía funcionar con normalidad.

El verdadero problema de fondo: confianza excesiva y falsa supervisión

Este accidente encaja con una crítica que cada vez aparece con más frecuencia en torno a Tesla: la de los sistemas “supervisados” que funcionan bien casi siempre, pero exigen intervención humana inmediata justo cuando dejan de hacerlo. Sobre el papel, el conductor sigue siendo responsable. En la práctica, la automatización parcial reduce la atención constante y puede retrasar la capacidad de respuesta en el momento más importante.

El exresponsable de conducción autónoma de Uber, Raffi Krikorian, volvió a poner este asunto sobre la mesa en un ensayo reciente publicado en The Atlantic, después de contar su propio accidente con un Tesla en modo FSD. Su tesis es que la tecnología “casi perfecta” genera un peligro muy humano: cuando el sistema acierta una y otra vez, el conductor relaja su vigilancia; cuando falla, la ventana para reaccionar ya se ha cerrado o se ha vuelto peligrosamente pequeña.

Foto de una Tesla Cybertruck accidentado

El reto humano de retomar el control

En términos prácticos, ese modelo de supervisión obliga a la persona a pasar de un papel pasivo a uno activo en cuestión de segundos. Y eso no siempre sucede a tiempo. El caso de Houston alimenta precisamente esa preocupación: la conductora no habría ignorado el problema, sino que lo habría detectado cuando el Cybertruck ya iba lanzado hacia una trayectoria incompatible con el trazado de la vía.

Un patrón que ya no parece aislado

El choque de la Cybertruck no llega en un vacío. La NHTSA abrió en octubre de 2025 una investigación sobre cerca de 2,88 millones de vehículos Tesla equipados con FSD tras recibir 58 informes relacionados con posibles infracciones de tráfico y accidentes. Dentro de ese expediente figuran 14 choques y 23 heridos, con casos en los que los vehículos habrían cruzado intersecciones de forma indebida o circulado en dirección incorrecta.

A esa presión regulatoria se suma la vía judicial. En agosto de 2025, un jurado de Florida ordenó a Tesla pagar 243 millones de dólares en un caso ligado a Autopilot, una cifra que al cambio actual ronda los 210,8 millones de euros. Meses después, un juez federal mantuvo el veredicto. Más allá de la apelación, el mensaje es claro: los tribunales estadounidenses empiezan a mirar con más dureza cómo se comercializan y cómo se usan estos sistemas de asistencia.

Waymo y la comparación incómoda para Tesla

Mientras Tesla sigue defendiendo un modelo en el que el conductor debe supervisar en todo momento, Waymo opera servicios sin conductor de seguridad en varias ciudades estadounidenses, aunque tampoco está libre de escrutinio regulatorio. Aun así, la comparación resulta inevitable: una cosa es un sistema realmente diseñado para circular sin intervención humana dentro de un entorno operativo concreto; otra, muy distinta, es confiar en una asistencia avanzada que funciona la mayor parte del tiempo, pero delega el peor escenario en la reacción instantánea del usuario.

Legalmente la culpa es de la conductora pero el FSD debe de cambiar

Más allá del ruido habitual entre defensores y detractores de Tesla, este caso vuelve a poner el foco donde debería haber estado desde hace tiempo: en la distancia entre el nombre comercial del sistema y lo que realmente ofrece en carretera. Llamarlo Full Self-Driving, aunque vaya acompañado de matices legales y advertencias en pantalla, sigue transmitiendo a muchos usuarios una sensación de capacidad que no se corresponde con una autonomía real.

Y ahí está, a mi juicio, el mayor riesgo. No hablamos solo de si el software se desconectó cuatro segundos antes o después, sino de si el coche llevó a su conductora a una situación de falsa confianza de la que ya no podía salir con margen. Cuando una tecnología promete comodidad, pero exige reflejos perfectos justo en el instante crítico, el problema no es únicamente técnico. También es de diseño, de comunicación y de expectativas.

Obviamente, y así lo pienso yo, si la conductora hubiera estado atenta y hubiera visto la situación, seguro que el accidente no hubiera ocurrido, pero también es cierto, de que la conductora confiaba plenamente en el FSD ya que en ocasiones anteriores no había tenido problemas, y eso hizo relajarse y confiar plenamente en el sistema, a pesar de que el sistema como tal está catalogado como Nivel 2 de autonomía, y eso significa que requiere de supervisión y vigilancia constante del conductor. ¿Y tú que opinas? ¿Quién es el responsable realmente?

Yo soy consciente de que el FSD tiene que seguir mejorando, es cierto que cada vez funciona mejor y tiene en cuenta más circunstancias, pero obviamente estos accidentes o problemas son datos muy valiosos para Tesla para aplicar nuevas reglas y evitar que vuelva a ocurrir. Por desgracia creo que son daños colaterales para que la tecnología del FSD siga avanzando y se acerque a ser perfecta, aunque no lo neguemos, nunca será 100% eficaz, habrá un pequeño porcentaje de posible fallo o funcionamiento incorrecto, pero hay que minimizarlo al máximo y eso es lo que Tesla busca y trabaja día a día.

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