Volvo lanza un camión eléctrico de 700 km que desafía al diésel en larga distancia

Volvo FH Aero Electric

El camión eléctrico de larga distancia empieza a dejar atrás una de sus grandes barreras: la autonomía. Volvo Trucks acaba de elevar el listón con el FH Aero Electric Extended Range, una versión pensada para rutas pesadas que promete hasta 700 kilómetros con una sola carga.

La cifra es importante porque acerca el transporte eléctrico a escenarios que hasta hace poco parecían reservados al diésel: trayectos interregionales, rutas internacionales y operaciones logísticas donde cada parada cuenta. Además, llega en un momento en el que el precio del combustible vuelve a presionar los márgenes de las flotas.

Volvo FH Aero Electric Extended: 700 km para atacar la larga distancia

El nuevo Volvo FH Aero Electric Extended Range se coloca como uno de los camiones eléctricos más ambiciosos del mercado europeo. Su principal argumento es una autonomía de hasta 700 kilómetros, posible gracias a una nueva arquitectura con e-axle y espacio para ocho módulos de batería.

La cabina mantiene el enfoque aerodinámico de la familia FH Aero, un detalle clave en transporte pesado, donde cualquier mejora en resistencia al aire acaba teniendo impacto directo en el consumo energético.

En prestaciones, Volvo habla de una potencia máxima de 623 CV, una cifra suficiente para mover grandes cargas sin que el paso al eléctrico implique renunciar a capacidad de trabajo. En configuración adecuada, el modelo puede ofrecer hasta 28 toneladas de carga útil, acercándose mucho a lo que esperan las empresas acostumbradas a operar con camiones diésel.

Recarga del 20% al 80% en unos 50 minutos

Tan relevante como la autonomía es el tiempo de parada. El FH Aero Electric Extended es compatible con el estándar Megawatt Charging System (MCS), pensado específicamente para camiones y vehículos industriales de gran tamaño.

Con una infraestructura adecuada, Volvo anuncia una potencia de carga de hasta 700 kW, lo que permite pasar del 20% al 80% en unos 50 minutos. Con carga CCS de 350 kW, ese mismo proceso se sitúa en torno a 85 minutos.

La clave está en que esos tiempos pueden encajar con los descansos obligatorios de los conductores profesionales en Europa. Es decir, la recarga deja de ser necesariamente una pérdida de productividad y puede integrarse dentro de la planificación normal de una ruta.

Coste por kilómetro: la gran ventaja frente al diésel

El precio de compra sigue siendo el gran obstáculo. Un camión eléctrico pesado todavía puede costar cerca del doble que un equivalente diésel, por lo que las ayudas públicas y los incentivos fiscales continúan siendo decisivos.

Sin embargo, el coste de uso cambia mucho la fotografía. Las estimaciones manejadas para este tipo de operaciones sitúan el gasto energético de un camión eléctrico en torno a 3,8 céntimos por kilómetro, frente a unos 20,1 céntimos por kilómetro en un diésel.

Traducido a números sencillos, hablamos de una diferencia de 16,3 céntimos por kilómetro. En una flota que recorra 100.000 kilómetros al año, el ahorro solo en energía o combustible rondaría los 16.300 euros por camión. A esto habría que sumar menores costes de mantenimiento, menos paradas en taller y la posibilidad de cargar con electricidad propia si la empresa dispone de fotovoltaica en sus bases.

También pensado para transporte refrigerado

Volvo ha incluido una toma eléctrica para alimentar equipos frigoríficos, lo que permite eliminar generadores diésel auxiliares en rutas de frío. Es un detalle importante para supermercados, alimentación o farmacéuticas, ya que reduce emisiones, ruido y consumo adicional.

La marca también ha actualizado sus FH Electric, FM Electric y FMX Electric para rutas más cortas, con autonomías de hasta 470 kilómetros y recargas del 20% al 80% en unos 65 minutos.

El transporte pesado se acerca mas a la electrificación total

El salto a los 700 kilómetros cambia bastante el debate. Hasta ahora, muchos transportistas veían el camión eléctrico como una solución urbana o regional. Con esta autonomía, el argumento empieza a moverse hacia el coste total de propiedad.

El problema ya no parece tanto la tecnología del camión, sino todo lo que lo rodea: precio inicial, ayudas, infraestructura MCS y planificación de rutas. Cuando esos puntos encajen, el diésel tendrá cada vez más difícil justificar su dominio en muchas operaciones de larga distancia.

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