El primer coche eléctrico de Ferrari se cobra la primera víctima en Maranello
El debut del Ferrari Luce no ha sido una presentación más. La firma italiana ha enseñado al mundo su primer eléctrico de producción, un coche llamado a marcar el futuro de la marca, pero la reacción inicial ha sido mucho más áspera de lo previsto.
Buena parte de la polémica se ha centrado en su diseño. Ferrari recurrió a LoveFrom, el estudio liderado por Sir Jony Ive, figura clave en la era moderna de Apple, y Marc Newson, para dar forma a un vehículo que debía romper con lo esperado. El resultado ha sido una berlina eléctrica de lujo con una imagen muy alejada de los Ferrari más tradicionales, algo que ha provocado críticas, memes y comentarios muy duros en redes sociales y medios especializados.
La reacción del mercado tampoco ayudó. Tras la presentación, las acciones de Ferrari llegaron a caer con fuerza en Bolsa, con descensos situados en torno al 8%, una señal clara de que los inversores recibieron el lanzamiento con dudas.
Cambio en la dirección comercial tras el lanzamiento
En medio de este clima, Ferrari ha anunciado la salida de Enrico Galliera como director comercial y de marketing. Galliera llevaba más de 16 años en la compañía y era una de las figuras clave en la estrategia de exclusividad y crecimiento de la marca.
Su puesto será ocupado por Massimiliano Di Silvestre, hasta ahora responsable de BMW Italia, que asumirá el cargo de Chief Marketing and Commercial Officer el 1 de julio. Ferrari no ha vinculado oficialmente este relevo con la polémica del Luce, aunque el calendario ha alimentado las interpretaciones. Según Reuters, Galliera había aceptado permanecer en la compañía hasta completar el lanzamiento del eléctrico antes de iniciar una nueva etapa profesional.
Sea casualidad o no, el mensaje es evidente: Ferrari sabe que su imagen es uno de sus mayores activos. Y cuando una marca vive tanto de la emoción, la reputación y el deseo, una presentación mal digerida puede tener consecuencias inmediatas.
Un Ferrari eléctrico de 1.050 CV y 550.000 euros
Más allá del ruido generado por su estética, el Ferrari Luce llega con una ficha técnica contundente. Utiliza cuatro motores eléctricos, uno por rueda, con una potencia conjunta de 1.050 CV, o 772 kW. Gracias a ello, acelera de 0 a 100 km/h en 2,5 segundos, alcanza los 200 km/h desde parado en 6,8 segundos y declara una velocidad máxima de 310 km/h.
La batería tiene una capacidad de 122 kWh y trabaja sobre una arquitectura de 800 voltios. La autonomía anunciada ronda los 530 kilómetros bajo ciclo WLTP, una cifra correcta, aunque no especialmente brillante si se tiene en cuenta el tamaño del acumulador. En carga rápida, el Luce admite potencias de hasta 350 kW en corriente continua.
Tampoco será un coche para todos los bolsillos. Su precio de partida se sitúa alrededor de los 550.000 euros, una cifra que lo coloca en una liga muy distinta a la de cualquier eléctrico de altas prestaciones convencional.
Detalle parte frontal Ferrari Luce
Ferrari ha querido ser valiente, pero el riesgo era enorme
Ferrari tenía que hacer algo diferente con su primer eléctrico. Copiar la receta de siempre, sustituir el motor de combustión por baterías y esperar que todo funcionase habría sido demasiado fácil. El problema es que, cuando una marca tiene una identidad tan marcada, cualquier giro brusco se paga caro.
El Luce puede gustar más o menos, pero no parece un producto improvisado. Sus prestaciones son espectaculares, su carga rápida está a la altura y el precio encaja con la estrategia de exclusividad de Ferrari. La duda está en otra parte: si el cliente tradicional de Maranello está preparado para aceptar un Ferrari silencioso, de cinco puertas y con una estética tan alejada de los códigos habituales.
Mi impresión es que el Luce no será un fracaso comercial. Ferrari sabe perfectamente a quién se lo va a vender y probablemente tendrá demanda suficiente entre sus clientes más fieles. Otra cosa es la batalla cultural. Ahí, de momento, el primer eléctrico de Ferrari ha entrado con más ruido del esperado, aunque paradójicamente no tenga motor de gasolina.

