¿Se calienta más un coche eléctrico o uno de combustión? Una cámara térmica da la respuesta

Temperatura coche gasolina vs coche eléctrico

La diferencia entre un coche eléctrico y uno de gasolina no solo se nota al conducirlos, al cargarlos o al pasar por el taller. También se puede ver, literalmente, a través de una cámara térmica. Y lo que aparece en pantalla resume una de las grandes claves de la electrificación: el calor.

Mientras un vehículo de combustión deja una huella térmica muy marcada en el motor, el escape y varias zonas del tren de rodaje, un eléctrico moderno muestra una imagen mucho más contenida. No es que no genere calor, porque sí lo hace, sino que lo produce en menor cantidad y en puntos más concretos.

La cámara térmica deja en evidencia al motor de combustión

En un coche de gasolina o diésel, buena parte de la energía del combustible no acaba moviendo las ruedas, sino transformada en calor. Por eso, bajo una cámara térmica, el frontal del vehículo suele aparecer muy iluminado: ahí están el bloque motor, el sistema de refrigeración, el colector, el turbo en muchos casos y todo el conjunto asociado a la combustión.

La zona del escape también suele registrar temperaturas especialmente altas. Es lógico: el motor quema combustible, genera gases calientes y necesita expulsarlos al exterior. Esa energía térmica es, en la práctica, energía desaprovechada.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos señala que un eléctrico puede utilizar aproximadamente entre el 87% y el 91% de la energía de la batería y la frenada regenerativa para mover el vehículo, mientras que un coche de gasolina convierte solo entre el 16% y el 25% de la energía del combustible en movimiento.

En un eléctrico, el calor está más repartido y controlado

En el caso de un coche eléctrico, la imagen térmica cambia por completo. Al no existir un gran motor térmico bajo el capó, el calor se concentra en otros puntos: inversores, electrónica de potencia, motor eléctrico, batería, sistema de carga, neumáticos, frenos y luces.

También pueden aparecer zonas calientes en el circuito de refrigeración de la batería, especialmente después de una carga rápida o de una conducción exigente. Aun así, esas temperaturas suelen estar mucho más controladas que las que alcanza un sistema de escape o un motor de combustión.

Aquí está la clave: el coche eléctrico no elimina por completo las pérdidas, pero las reduce de forma notable. Un motor eléctrico convierte mucha más energía en movimiento, genera menos calor residual y necesita menos piezas sometidas a fricción constante.

La batería también necesita temperatura, pero no calor extremo

Existe una idea equivocada bastante habitual: pensar que, como un eléctrico se calienta menos, no necesita una gestión térmica compleja. En realidad, ocurre justo lo contrario. La batería trabaja mejor dentro de una ventana de temperatura concreta, y por eso los fabricantes invierten tanto en refrigeración líquida, bombas de calor y sistemas de preacondicionamiento.

Una revisión técnica sobre gestión térmica de baterías apunta que, para maximizar la eficiencia de una batería de ion-litio, conviene mantenerla en un rango estable de entre 15 ºC y 35 ºC. Otros estudios sitúan esa ventana óptima en torno a los 20 ºC y 40 ºC, dependiendo de la química y del diseño del sistema.

Esto explica por qué un eléctrico puede perder autonomía con mucho frío o con calor intenso. No porque el sistema sea ineficiente por naturaleza, sino porque parte de la energía debe dedicarse a calentar o enfriar la batería y el habitáculo.

Menos calor también significa menos desgaste

La menor generación de calor tiene otra consecuencia importante: el desgaste mecánico. Un coche de combustión trabaja con explosiones internas, aceite, embrague en muchos modelos, caja de cambios compleja, correas, filtros, escape y numerosos elementos sometidos a altas temperaturas.

Un eléctrico, en cambio, cuenta con menos piezas móviles y menos fricción interna. Eso no significa que sea indestructible ni que no requiera mantenimiento, pero sí reduce muchos de los puntos clásicos de avería asociados al calor y a la combustión.

La cámara térmica, por tanto, no solo muestra qué coche se calienta más. También enseña qué sistema desperdicia más energía durante su funcionamiento.

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