El CEO de Dacia España está muy atento de los coches eléctricos chinos

Laurente Sengenes, actual CEO de Dacia posando
Laurente Sengenes, actual CEO de Dacia posando

Laurent Sengenes, actual CEO de Dacia para España, es consciente de la dura competencia que ofrecen los nuevos coches eléctricos chinos que llegan a Europa

Las firmas europeas viven un momento de vulnerabilidad. Por un lado, tienen una fuerte dependencia del mercado chino, tanto para producción como para ventas. Por otro, el flujo se invierte: cada vez menos chinos optan por automóviles europeos, mientras que más europeos se decantan por marcas chinas.

Muchas de las nuevas propuestas que aterrizan en Europa obedecen a este guion: marcas como MG o BYD ya han abierto la puerta a un desembarco masivo. Junto a ellas, nombres como Omoda, Jaecoo, Changan o Leapmotor invaden titulares. A primera vista parecen independientes, pero operan bajo el paraguas de grandes grupos chinos. Por ejemplo, MG es del grupo SAIC Motor, y marcas como Omoda, Jaecoo o Leap se vinculan al gigante Chery Automobile. Incluso firmas europeas tradicionales como Volvo, Polestar o Lynk & Co tienen detrás al conglomerado chino Geely Holding Group.

Este entramado genera inquietud en Europa. Se teme lo desconocido, y más aún cuando desde Bruselas se aplican normativas cada vez más exigentes que encarecen el coste de fabricar y comercializar vehículos. En un escenario así, ver que competidores “foráneos” irrumpen con fuerza es motivo de alerta.

¿Realmente es tan grave la amenaza?

Sí y no. Los datos nos dicen que, aunque el avance de las marcas chinas es notable, todavía están lejos de dominar. Por ejemplo, los fabricantes chinos de automóviles captaron un 5,9 % del mercado europeo en mayo de 2025, según JATO Dynamics. En el acumulado de los primeros ocho meses, en 25 mercados de la UE se llegó al 7,6 % de cuota. La European Automobile Manufacturers’ Association (ACEA) estima alrededor del 8 % para marcas chinas en Europa.

Así que sí: se está produciendo una subida fuerte —desde niveles muy bajos — pero no es un dominio absoluto. Como apuntaba un razonamiento estupendo: si hoy vendes “0” y mañana vendes “1”, la progresión es del 100 %… pero seguimos en niveles mínimos.

¿Por qué tantos europeos compran coches chinos?

La clave está en el precio. En una era en que los eléctricos y los híbridos enchufables suponen una parte creciente del mercado —y en que las regulaciones europeas encarecen el producto—, los fabricantes chinos ofrecen alternativas más asequibles. Precisamente entre los compradores que “necesitan” renovar y se alarman al ver las tarifas en un concesionario europeo, emergen estas opciones.
Por eso modelos accesibles y marcas con tarifas “populares” siguen manteniendo una posición sólida en Europa.

Tomemos por ejemplo a la firma Dacia en España: sin prometer el coche más lujoso del mundo, ha conseguido afianzarse como una opción sólida por su valor. Aun así, reconoce que tiene que estar vigilando lo que viene de China. Su máximo responsable en España, Laurent Sengenes, lo dijo claramente: «los vigilamos». Y añadió que tienen que “aprender de ellos”. Está claro que se avecina competición.

Un ejemplo muy concreto: eléctricos “low cost”

El modelo Dacia Spring ha sido durante mucho tiempo el eléctrico más barato de España. Esa ventaja de precio le valió mucha popularidad. Pero hace ya meses que ha dejado de encabezar las listas de éxitos. Mientras tanto, nuevos modelos chinos como el BYD Dolphin Surf han desembarcado con fuerza: sí, cuestan algo más, pero la diferencia se compensa con más cualidades y mejor percepción de valor.

El Spring ha evolucionado, ha ganado características, pero sigue siendo un coche en muchos aspectos… modesto: plásticos no tan refinados, equipos básicos, asistentes limitados… En cambio su rival chino no renuncia a muchas de las funcionalidades “que hoy damos por hechas”. Y eso, al fin y al cabo, marca la diferencia para muchos compradores.

No es pánico... todavía, pero atención

Que las marcas chinas lleguen y crezcan en Europa es una realidad. Y que generen inquietud en el tejido industrial europeo, también lo es. Pero aún no estamos ante un cambio de paradigma completo: la cuota es alta en crecimiento, pero baja en volumen absoluto. Los fabricantes europeos no pueden dormir tranquilos, porque el reloj del cambio ya está en marcha. Pero aun tienen margen para reaccionar.

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