BYD vuelve a mirar a Canadá: fábrica propia, menos aranceles y compra de una marca tradicional
BYD vuelve a mirar a Canadá como una puerta estratégica para crecer en Norteamérica. El fabricante chino, que frenó sus planes de desembarco tras el golpe arancelario impuesto por Ottawa en 2024, vuelve a estudiar el mercado después del giro comercial del Gobierno canadiense. Este ha pactado con China una rebaja de tarifas para un cupo inicial de hasta 49.000 coches eléctricos al año.
Ese cambio de escenario no solo reabre la opción de importar modelos fabricados en China. También pone sobre la mesa una posibilidad mucho más ambiciosa: levantar una planta propia en Canadá. BYD, eso sí, no parece dispuesta a seguir el esquema de empresa conjunta que preferiría Ottawa para los fabricantes chinos. De hecho, Stella Li, vicepresidenta ejecutiva de la compañía, ha dejado claro que el grupo quiere mantener el control de cualquier proyecto industrial que ponga en marcha en ese país.
BYD estudia fabricar coches en Canadá tras el giro arancelario
El cambio más importante llega desde la política comercial canadiense. Después de haber aplicado en 2024 un arancel adicional del 100 % a los coches eléctricos chinos, Canadá ha acordado ahora permitir la entrada de hasta 49.000 unidades al año con una tarifa reducida del 6,1 %. En una primera fase, el cupo operativo abarca 24.500 vehículos entre el 1 de marzo y el 31 de agosto de 2026. Existe, además, la posibilidad de ampliación posterior.
Para BYD, esta reapertura cambia por completo el tablero. La marca ya había congelado su ofensiva comercial en Canadá por la falta de sentido económico de exportar coches con semejante carga fiscal. Ahora, con un marco mucho más favorable, el fabricante vuelve a evaluar cómo entrar en el país de forma competitiva. De hecho, Bloomberg adelantó que la compañía está analizando la viabilidad de una factoría en territorio canadiense, aunque por ahora no hay una decisión definitiva.
Stella Li rechaza la vía de la joint venture
Uno de los mensajes más claros que ha lanzado la directiva de BYD es que una alianza industrial con un socio local no termina de convencer a la empresa. Durante su visita a São Paulo, Stella Li explicó que una joint venture no encaja con la visión de la marca. La empresa preferiría poseer y operar directamente cualquier futura instalación productiva en Canadá.
Ese matiz es relevante porque refleja la intención de BYD de replicar fuera de China un modelo de expansión con control total sobre tecnología, procesos y cadena de suministro. En un momento en el que el coche eléctrico se ha convertido también en un asunto geopolítico, tener el timón del proyecto puede ser tan importante como la propia inversión.

Estados Unidos sigue siendo un mercado bloqueado para BYD
Mientras Canadá empieza a parecer una opción realista, Estados Unidos continúa siendo un territorio prácticamente cerrado para el fabricante chino. Stella Li calificó el mercado estadounidense como un “entorno complicado”. Es una descripción que encaja con la combinación de fuertes aranceles y nuevas barreras regulatorias a la tecnología conectada procedente de China.
La consecuencia es evidente: BYD necesita buscar rutas alternativas para ganar presencia en Norteamérica sin depender de un acceso directo a Estados Unidos. Canadá, en ese contexto, pasa de ser un mercado secundario a convertirse en una posible plataforma industrial y comercial mucho más atractiva.
La compra de un fabricante tradicional, otra opción abierta
BYD no solo contempla levantar una planta desde cero. También se muestra abierta a estudiar adquisiciones de fabricantes ya establecidos, una estrategia que recuerda a los movimientos que en su día hizo Geely con marcas como Volvo, Lotus o Smart. Stella Li ha reconocido que la empresa está valorando activos y oportunidades. Sin embargo, todavía no hay ninguna operación concreta en marcha.
Un momento delicado para muchos fabricantes históricos
La posibilidad de comprar un constructor consolidado cobra sentido en un contexto complicado para buena parte de la industria tradicional. Diversos grupos de Europa, Japón y Norteamérica siguen soportando el coste de mantener al mismo tiempo gamas térmicas y eléctricas. Esta doble inversión presiona márgenes y ralentiza su transición. Precisamente ahí BYD cree tener ventaja, al ser una compañía mucho más centrada en la electrificación.
Si el fabricante chino detecta una oportunidad interesante, una adquisición le permitiría ganar capacidad industrial, red comercial y presencia de marca de una forma mucho más rápida que empezando desde cero.
BYD acelera fuera de China pese a un febrero débil
La noticia sobre Canadá llega en un momento peculiar para BYD. En febrero de 2026, la compañía matriculó 190.190 vehículos electrificados entre eléctricos puros e híbridos enchufables, una caída interanual del 41 %. Ese descenso se ha relacionado con el menor tirón del mercado chino, el fin de algunos estímulos y el efecto del calendario del Año Nuevo Lunar.
Sin embargo, el dato más llamativo del mes fue otro: por primera vez, las ventas internacionales superaron a las registradas en China. Las entregas fuera de su mercado doméstico alcanzaron 100.151 unidades. Además, la empresa mantiene para 2026 un objetivo ambicioso de más de 1,3 millones de vehículos vendidos en el extranjero.
Canadá gana peso en la estrategia global de expansión
Con Europa cada vez más vigilante frente al coche eléctrico chino y Estados Unidos prácticamente blindado, BYD necesita diversificar mercados y asegurar nuevas bases de crecimiento. Canadá encaja en esa hoja de ruta por tamaño y afinidad con Norteamérica. También destaca por la nueva ventana arancelaria abierta por Ottawa.
Si finalmente la marca da el paso, su entrada podría no limitarse a vender coches importados. La construcción de una planta propia o incluso la compra de un fabricante con presencia local cambiaría de forma importante el equilibrio competitivo en el mercado canadiense.
BYD, el gigante chino más temido busca su oportunidad en NorteAmérica
La jugada de BYD en Canadá tiene mucho más calado del que parece a simple vista. No estamos solo ante una marca buscando vender más coches, sino ante un fabricante que intenta colocar una pieza clave en el mapa industrial de Norteamérica. Y si BYD consigue producir localmente, pasará de ser un actor externo a un competidor con vocación estructural.
Mi impresión es que los fabricantes tradicionales siguen infravalorando la velocidad a la que grupos como BYD pueden adaptarse a un entorno hostil. Cuando se les cierra una puerta, buscan otra; cuando no pueden entrar por precio, estudian producir; y cuando el mercado se complica, exploran compras estratégicas. Esa flexibilidad es precisamente lo que más debería preocupar a sus rivales.
A día de hoy, podemos decir que BYD ya es una marca consolidada y reconocida en Europa, un entorno en un principio complejo por la tradición automotriz del continente y por sus tradicionales marcas alemanas, italianas y francesas. Pero la realidad es que BYD ya les ha comido la "tostada". Ahora el turno es abordar un mercado mucho más complejo y restrictivo como es Estados Unidos. Para ello primero abordará Canadá tal y como he comentado en el artículo, tras la rebaja de aranceles del país. El siguiente paso es Estados Unidos y si BYD entra en ese mercado el crecimiento que podrá tener el fabricante chino apunta a ser abismal.