Elon Musk insiste en que el Roadster podrá volar, y ahora una patente lo demuestra
El Tesla Roadster es uno de los coches eléctricos más deseados pero sigue sin tener una fecha de lanzamiento confirmada
Ocho años después de su presentación como “el deportivo definitivo”, el nuevo Tesla Roadster sigue sin aparecer en las carreteras. Sin embargo, en medio del escepticismo que rodea al proyecto, una nueva patente registrada por la marca podría ser el primer indicio real de que algo se está moviendo, aunque no exactamente en la dirección prometida por Elon Musk.
Desde aquel ya lejano 2017, cuando Tesla sorprendió al mundo con una presentación sorpresa del Roadster durante el evento del camión eléctrico Semi, mucho se ha hablado de este superdeportivo. Musk prometía una revolución total: cifras de aceleración casi irreales, una autonomía de infarto y, como guinda del pastel, un paquete opcional desarrollado con SpaceX que incluiría pequeños propulsores para mejorar el rendimiento… o incluso permitir al coche “volar por breves instantes”.
Pero la reciente patente registrada por Tesla ante la Oficina de Patentes de Estados Unidos pinta un escenario muy diferente. No hay ni rastro de términos como “propulsores”, “vuelo”, “despegue” o “cohetes”. Lo que se describe es un sistema aerodinámico activo que se inspira en el concepto de los “fan cars” —vehículos equipados con ventiladores para generar carga aerodinámica mediante succión—, una tecnología que, aunque no es nueva, sí ha demostrado ser altamente efectiva en competición.
La idea es sencilla y potente a la vez: utilizar ventiladores y faldas móviles en la parte inferior del coche para crear una zona de baja presión, lo que “pega” literalmente el coche al suelo. Esta técnica permite aumentar la adherencia de forma significativa, mejorando la aceleración, el paso por curva y la frenada, incluso a bajas velocidades, donde las soluciones aerodinámicas convencionales (como alerones o difusores) pierden efectividad.

Lejos de levantar el coche del suelo, como sugería Musk, este sistema pretende todo lo contrario: aprovechar la física para que el vehículo se mantenga firmemente adherido al asfalto. Y eso, aunque menos espectacular que un Roadster despegando como un cohete, resulta infinitamente más útil y realista desde el punto de vista del rendimiento.
Curiosamente, uno de los ingenieros detrás de la patente, David Lemire, ha trabajado tanto en Tesla como en SpaceX, lo que mantiene vivo el vínculo entre ambas empresas, aunque en este caso la colaboración parece estar más centrada en compartir talento que en convertir el coche en un híbrido entre deportivo y nave espacial.
Por supuesto, eso no significa que Tesla haya renunciado por completo a los famosos “thrusters”. Es posible que el sistema ahora patentado forme parte del equipamiento estándar del Roadster, mientras que el prometido “SpaceX package” se mantenga como un complemento adicional. Aunque, dado el nivel de complejidad y peso que añadiría un sistema de propulsión lateral por aire comprimido, parece poco probable que se materialice tal y como se anunció inicialmente.
En cualquier caso, lo verdaderamente relevante es que esta patente representa, al fin, un avance tangible hacia la llegada del Roadster. Más allá del espectáculo y la hipérbole habitual de Musk, lo que Tesla ha propuesto es una solución técnica innovadora, funcional y perfectamente aplicable a un coche de producción, que además podría extenderse a otros modelos de altas prestaciones como el Model S Plaid.
La gran pregunta ahora es si esto llega demasiado tarde. Con tantos retrasos acumulados y un mercado de deportivos eléctricos que ya empieza a calentarse con propuestas de la competencia, ¿seguirá teniendo sentido un Roadster en 2026 o 2027? Solo el tiempo lo dirá. Pero al menos, por primera vez en años, hay una señal clara de que Tesla sigue trabajando en cumplir su promesa más ambiciosa.