Sorpresa en la batería de un Tesla Model 3 de alquiler: parecía condenada, pero a los 200.000 km dejó de degradarse
Este Tesla Model 3 Long Range de 2022, procedente de una flota de alquiler de Hertz, muestra cómo una batería puede sufrir una degradación importante en sus primeros años de uso intensivo, pero también cómo esa pérdida de capacidad puede estabilizarse con el tiempo. Con unos 251.000 kilómetros recorridos y un 75% de salud de batería, su caso sirve como ejemplo real para entender qué puede esperar quien compra un coche eléctrico usado con muchos kilómetros.
Un Tesla Model 3 Long Range de 2022 que pasó sus dos primeros años como coche de alquiler en Hertz se ha convertido en un caso muy interesante para entender cómo envejecen las baterías de un eléctrico cuando han tenido una vida dura.
Lo llamativo no es solo que este Model 3 llegase a su nuevo propietario con una degradación elevada, sino que, después de ese primer golpe, la pérdida de capacidad parece haberse frenado de forma notable.
Un Tesla Model 3 de alquiler con 251.000 kilómetros y el 75% de batería útil
Comprar un coche procedente de una empresa de alquiler siempre tiene un punto de riesgo. Da igual que sea gasolina, diésel, híbrido o eléctrico: muchos conductores no tratan un vehículo alquilado como tratarían el suyo propio. Aceleraciones fuertes, cargas rápidas constantes, poco cuidado en frío o calor extremo y miles de kilómetros acumulados en poco tiempo pueden pasar factura.
Eso es precisamente lo que parece haber ocurrido con este Tesla Model 3 Long Range Dual Motor de 2022. Su actual propietario, conocido como Fast Forward EV, lo compró en 2024 cuando el coche tenía unos 122.000 millas, equivalentes a unos 196.000 kilómetros. Para entonces, la batería NMC ya había perdido un 20% de su capacidad original, una cifra bastante elevada para un vehículo de solo dos años. El caso fue recogido recientemente por InsideEVs.
La degradación fue fuerte al principio, pero después se ralentizó
El dato más interesante llega al observar la evolución posterior. Un año después de comprarlo, la salud de la batería bajó del 80% al 76%. Es decir, perdió otros cuatro puntos porcentuales en aproximadamente doce meses.
Sin embargo, en la siguiente medición, realizada en mayo de 2026, el resultado fue mucho más optimista. Tras otros 14 meses de uso y con el odómetro rozando las 156.000 millas, unos 251.000 kilómetros, la batería solo había caído un punto adicional, hasta situarse en el 75% de salud.
Esto demuestra algo importante: la degradación de una batería no siempre avanza de forma lineal. Un coche eléctrico puede perder bastante capacidad en sus primeros años, especialmente si ha tenido un uso intensivo, y después estabilizarse en una curva de envejecimiento mucho más lenta.
Para que quede más claro, te facilito a continuación una tabla donde aparece la degradación que ha tenido el vehículo.
| Momento de la medición | Kilometraje aproximado | Salud de batería | Degradación acumulada | Pérdida frente a la medición anterior |
|---|---|---|---|---|
| Compra del Tesla usado en 2024 | 196.000 km | 80% | 20% | — |
| Primera revisión tras un año | No especificado | 76% | 24% | -4 puntos |
| Segunda revisión en mayo de 2026 | 251.000 km | 75% | 25% | -1 punto en 14 meses |
Cómo se midió la salud de la batería
La prueba se realizó mediante el test de salud de batería integrado en los Tesla. Este procedimiento exige conectar el vehículo a un cargador de corriente alterna y puede prolongarse hasta 24 horas, según explica Tesla en su manual del Model 3.
Durante el proceso, el coche descarga la batería hasta un nivel muy bajo y después la carga hasta el 100%. Con ello calcula cuántos kWh puede almacenar todavía el pack, además de comprobar posibles desequilibrios entre celdas u otros problemas internos.
No es una medición perfecta de laboratorio, pero sí una referencia mucho más seria que mirar únicamente la autonomía estimada en pantalla.
Qué pudo castigar tanto a esta batería
Aunque no hay un historial completo del coche, todo apunta a un uso muy exigente durante su etapa como vehículo de alquiler. Cargas rápidas frecuentes al 100%, descargas profundas, muchos kilómetros diarios y largos periodos aparcado a la intemperie pudieron acelerar la degradación.
También hay que tener en cuenta que el propio sistema de gestión térmica consume energía para proteger la batería cuando el coche está expuesto a temperaturas extremas. Si el vehículo permanece mucho tiempo sin estar enchufado, ese esfuerzo también suma desgaste con el paso del tiempo.
No es una sentencia de muerte, pero sí una advertencia
Este caso me parece especialmente útil porque rompe con dos ideas muy extendidas. La primera, que todos los eléctricos usados con alta degradación están condenados. La segunda, que una batería que ha perdido mucho al principio seguirá cayendo al mismo ritmo hasta quedar inutilizable.
La realidad es más matizada. Este Model 3 ha tenido una vida dura, sí, y su autonomía ya no se parecerá a la que ofrecía cuando salió de fábrica. Pero si ahora se carga habitualmente en casa, se mantiene entre el 20% y el 80% y se evita abusar de la carga rápida, todavía puede tener muchos años de servicio por delante.
Eso sí, para quien busque un Tesla usado, la lección es clara: no basta con mirar el precio. Hay que revisar kilómetros, historial, procedencia y, siempre que sea posible, hacer una prueba real de salud de batería.

