La multa de la DGT por aparcar un coche en una plaza reservada para recargar coches eléctricos

Ocupar una plaza de recarga sin estar cargando, ya sea con un coche de combustión o con un eléctrico mal estacionado, puede salir caro. En España, bloquear un punto destinado a vehículos enchufables puede acarrear multas de hasta 200 euros y, en algunos casos, incluso la retirada del vehículo por la grúa municipal.

multa-aparcar-coche-punto-carga-espana

Llegar a un punto de recarga con poca batería y encontrar la plaza ocupada por un coche que no está cargando es una de las situaciones más frustrantes para cualquier conductor de un vehículo eléctrico. Y no, no hablamos solo de coches de gasolina o diésel: un eléctrico enchufable que ocupa el espacio sin recargar también puede ser sancionado.

Este fenómeno, conocido como ICE-ing, se ha convertido en un problema cada vez más visible en España. La red pública de recarga crece, pero todavía no sobra infraestructura: ANFAC cifra en 56.682 los puntos públicos operativos al cierre del segundo trimestre de 2026, mientras otros 17.821 están instalados pero aún fuera de servicio.

Bloquear un punto de recarga no es “aparcar un momento”

Las plazas con cargador no son aparcamientos preferentes ni zonas cómodas para hacer una parada rápida. Su función es muy concreta: permitir que un vehículo eléctrico o híbrido enchufable pueda recuperar batería.

La Ley de Tráfico establece que las infracciones graves se sancionan, con carácter general, con 200 euros, mientras que las leves pueden llegar hasta 100 euros. En el caso de las plazas de recarga, entidades como CEA recuerdan que estacionar en una plaza correctamente señalizada puede suponer una multa de hasta 200 euros, también si el vehículo es eléctrico pero no está recargando.

La clave está en la señalización. Para que la sanción sea defendible, la plaza debe estar identificada mediante señal vertical, marcas viales o paneles complementarios que indiquen la reserva para recarga, el horario o el tiempo máximo permitido. De hecho, los usuarios están obligados a obedecer las señales de circulación, incluso cuando regulan usos concretos de la vía.

También puede afectar a un coche eléctrico

Uno de los errores más habituales es pensar que basta con conducir un eléctrico para ocupar una plaza de carga. No es así. La plaza está reservada para recargar, no simplemente para estacionar.

Si el vehículo ya ha terminado la sesión, no está enchufado o supera el tiempo máximo indicado, el conductor puede enfrentarse a una sanción. En algunas redes, además, se aplican tarifas por exceso de tiempo o restricciones específicas. Endolla Barcelona, por ejemplo, vincula el uso de las plazas al periodo establecido en la señalización vertical y contempla medidas ante usos indebidos.

¿Qué hacer si un coche bloquea el cargador?

Lo más recomendable es actuar con calma y por vías formales. Si el punto está en la vía pública, conviene llamar a la Policía Local para que compruebe la situación y, si procede, sancione o solicite la retirada del vehículo.

También es útil contactar con el operador del punto de recarga desde la aplicación o el teléfono indicado en el cargador. Muchas redes pueden registrar la incidencia, desbloquear reservas o informar de alternativas cercanas.

Otra medida práctica es hacer fotografías de la señalización, del vehículo ocupando la plaza y del cargador inaccesible. No se trata de buscar confrontación, sino de documentar el bloqueo si hay que presentar una reclamación.

Lo que conviene evitar es manipular el vehículo ajeno. Colocar pegatinas, levantar limpiaparabrisas o dejar objetos sobre el coche puede acabar generando un problema añadido si el propietario alega daños. La vía eficaz, y la más segura legalmente, es avisar a la autoridad competente o al operador.

Un problema que pesa más de lo que parece

El ICE-ing no solo molesta: reduce la confianza en el coche eléctrico. En un país donde casi el 24 % de la infraestructura instalada aún no está operativa, cada cargador disponible cuenta. Si a eso se suma la ocupación indebida, la experiencia de uso empeora y muchos conductores perciben la recarga pública como menos fiable de lo que debería.

Ocupar una plaza de carga puede suponer un gran problema para otra persona

La movilidad eléctrica no necesita solo más cargadores; necesita también más educación vial. Un punto de recarga ocupado indebidamente puede parecer una infracción menor, pero para quien llega con poca autonomía puede suponer un problema real.

La transición al coche eléctrico se juega en detalles como este. Respetar una plaza de recarga debería ser tan obvio como no aparcar en una plaza para personas con movilidad reducida. La tecnología avanza, la infraestructura mejora y las ventas crecen, pero sin civismo la experiencia seguirá teniendo demasiados obstáculos evitables.

Comentarios