Los neumáticos también contaminan: un estudio detecta microplásticos invisibles en el aire de la ciudad
Durante años, la contaminación del tráfico se ha asociado casi siempre al tubo de escape. Sin embargo, un nuevo estudio realizado en Leipzig, Alemania, apunta a un enemigo mucho menos visible: las partículas plásticas que se desprenden de los neumáticos al rodar sobre el asfalto.
La investigación, liderada por el Instituto Leibniz de Investigación Troposférica, ha detectado que alrededor del 4 % de las partículas presentes en el aire urbano analizado contenían plástico. Y el dato más relevante es que cerca del 65 % de ese material procedía del desgaste de los neumáticos.
La contaminación que no sale del escape
Cada aceleración, frenada o giro provoca una pequeña abrasión entre la rueda y el pavimento. De ese contacto se liberan fragmentos diminutos de caucho, polímeros y otros compuestos sintéticos que pueden quedar suspendidos en el aire durante horas.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores instalaron captadores de aire de gran volumen en una zona de tráfico intenso de Leipzig y analizaron las muestras con técnicas capaces de diferenciar plásticos, hollín, polvo mineral o polen. El resultado confirma que una parte de la contaminación urbana procede directamente del contacto entre neumático y carretera.
Por qué también afecta al coche eléctrico
El estudio no cuestiona la importancia del vehículo eléctrico. Al contrario, electrificar el transporte reduce emisiones de CO₂ y elimina gases contaminantes del escape. Pero sí recuerda algo incómodo: un coche eléctrico también usa neumáticos.
Además, muchos modelos eléctricos son más pesados por el paquete de baterías. Ese peso adicional puede aumentar la fricción y, en determinadas condiciones urbanas, acelerar el desgaste de las ruedas. Por eso, la movilidad limpia no puede limitarse únicamente a cambiar motores de combustión por eléctricos.
Partículas capaces de llegar al pulmón
Uno de los puntos más delicados está en el tamaño. Las partículas más pequeñas pueden penetrar profundamente en el sistema respiratorio. Según los cálculos del estudio, una persona expuesta al aire urbano de Leipzig podría inhalar unos 2,1 microgramos diarios de partículas plásticas.
La cifra parece mínima, pero el problema está en la exposición diaria y acumulativa. Además, los neumáticos no son solo caucho: incluyen negro de carbono, zinc, aditivos químicos y otros compuestos diseñados para soportar calor, presión y deformaciones constantes.
El impacto también llega al agua y al suelo
No todas estas partículas permanecen en el aire. Muchas acaban depositadas en calles, aceras o suelos urbanos. Después, la lluvia puede arrastrarlas hacia alcantarillas, ríos y zonas costeras.
Esto convierte el desgaste de neumáticos en una fuente relevante de microplásticos primarios. En la Unión Europea, las partículas procedentes de neumáticos y carreteras se consideran ya una de las grandes fuentes de polímeros sintéticos liberados al medio ambiente.
Ciudades mejor diseñadas, menos partículas
La solución no pasa solo por fabricar neumáticos más resistentes, aunque será una parte importante. También importa cómo se diseñan las ciudades.
Menos tráfico privado, más transporte público, carriles bici seguros, calles pacificadas y una reducción del vehículo pesado en zonas residenciales pueden disminuir la abrasión total. Incluso el tipo de asfalto y su mantenimiento influyen más de lo que parece.
La futura normativa Euro 7 ya apunta hacia este cambio de enfoque, al incluir emisiones no procedentes del escape, como frenos y neumáticos.