El apagón que dejó a España a oscuras pudo haber tenido un aliado inesperado: el coche eléctrico

Apagón en España en 2025 y como el coche eléctrico pudo ser la solución

Un año después del gran apagón, la pregunta ya no es solo qué falló, sino qué tecnologías pueden ayudarnos a estar mejor preparados

El 28 de abril de 2025 quedó marcado como uno de esos días que muchos españoles recordarán durante años. A las 12:33 horas, buena parte de la Península Ibérica sufrió un cero eléctrico que dejó sin suministro a millones de personas en España y Portugal. Trenes detenidos, semáforos apagados, comercios paralizados, comunicaciones afectadas y una sensación generalizada de vulnerabilidad ante algo que, hasta ese momento, muchos daban por garantizado: pulsar un interruptor y tener luz.

Un año después, el apagón sigue generando debate. Informes técnicos posteriores han apuntado a un origen multifactorial, relacionado con problemas de sobretensión, control de tensión insuficiente, oscilaciones en el sistema y desconexiones de generación en cadena. Es decir, no fue simplemente que “faltara electricidad”, sino que el sistema perdió estabilidad en cuestión de segundos.

Y precisamente ahí aparece una reflexión muy interesante: ¿podrían tecnologías como el V2G, el V2H, las baterías domésticas, el autoconsumo o las redes inteligentes haber ayudado a reducir el impacto de aquel apagón?

La respuesta corta es que no habrían evitado por sí solas un evento de esa magnitud. Pero la respuesta importante es otra: sí podrían haber ayudado a crear un sistema eléctrico más flexible, distribuido y resistente.

El coche eléctrico no solo consume energía: también puede almacenarla

Durante años, una de las críticas más repetidas contra el coche eléctrico ha sido que su expansión supondrá una carga adicional para la red eléctrica. Sin embargo, esa visión se queda a medias. Un coche eléctrico no es únicamente un vehículo que necesita electricidad para moverse. También es una batería de gran capacidad sobre ruedas.

Un coche eléctrico medio puede tener una batería de entre 50 y 80 kWh, una cantidad de energía muy superior a la que consume una vivienda durante un día normal. Si ese vehículo está aparcado y conectado, su batería puede convertirse en un recurso energético de enorme valor.

Ahí entran en juego tecnologías como el V2G y el V2H.

El V2G, siglas de Vehicle to Grid, permite que el coche eléctrico no solo reciba energía de la red, sino que también pueda devolver parte de esa energía cuando el sistema lo necesita. El V2H, Vehicle to Home, va un paso más cerca del usuario: permite utilizar la batería del coche para alimentar una vivienda.

Y esto cambia por completo la conversación.

V2G: millones de baterías conectadas a la red

La tecnología V2G permite que un coche eléctrico actúe como una pequeña unidad de almacenamiento conectada al sistema eléctrico. De forma individual, un solo coche puede parecer poco relevante. Pero si imaginamos cientos de miles o millones de vehículos eléctricos conectados de manera coordinada, el potencial cambia radicalmente.

No se trata de vaciar las baterías de los coches ni de dejar a los conductores sin autonomía. El planteamiento es mucho más inteligente: utilizar una pequeña parte de la capacidad disponible en determinados momentos para ayudar a estabilizar la red, compensar picos de demanda, absorber excedentes renovables o aportar energía cuando el sistema lo requiera.

Por ejemplo, un coche con una batería de 60 kWh podría ceder 5 o 10 kWh sin comprometer seriamente su uso diario. Multiplicado por miles de vehículos, estaríamos hablando de una reserva distribuida de energía con una capacidad considerable.

En un escenario como el del apagón de abril de 2025, el V2G no habría sido una varita mágica capaz de evitar todo el incidente. Pero sí podría formar parte de una arquitectura eléctrica más robusta, con más recursos distribuidos capaces de responder ante desequilibrios, absorber variaciones y aportar flexibilidad al sistema.

A continuación te facilito un diagrama donde explica claramente como funciona la tecnología V2G y que ventajas ofrece.

Explicación gráfica de como funciona la tecnología V2G

V2H: cuando tu coche puede mantener tu casa encendida

Si el V2G mira hacia la red, el V2H mira directamente hacia el hogar. Y probablemente sea la tecnología que más fácil puede entender cualquier ciudadano tras vivir un apagón.

Con un sistema V2H, un coche eléctrico compatible puede alimentar una vivienda durante un corte de suministro. No hablamos necesariamente de mantener toda la casa funcionando como si nada hubiese pasado, pero sí de cubrir consumos esenciales: iluminación básica, frigorífico, router, cargadores, pequeños electrodomésticos, una bomba de calor eficiente o incluso determinados equipos médicos domésticos de bajo consumo.

En otras palabras, el coche eléctrico puede pasar de ser visto como “un vehículo que depende de la red” a convertirse en una especie de batería de emergencia para el hogar.

Esta idea es especialmente potente en un país como España, donde cada vez hay más instalaciones de autoconsumo fotovoltaico. La combinación de placas solares, batería doméstica y coche eléctrico bidireccional podría permitir a muchas viviendas resistir mucho mejor ante cortes puntuales, incidencias locales o episodios de tensión en el sistema eléctrico.

Para que lo tengas más claro, a continuación te facilito un gráfico donde explica al detalle como funciona la tecnología V2H.

Explicación gráfica de como funciona la tecnología V2H

El apagón también desmontó un mito sobre el coche eléctrico

Uno de los argumentos habituales contra el coche eléctrico es que, si se va la luz, no se puede cargar. Es cierto. Pero conviene recordar algo que a menudo se olvida: durante un apagón, una gasolinera tampoco puede funcionar con normalidad si no tiene electricidad para accionar surtidores, sistemas de pago, iluminación o comunicaciones.

La diferencia es que un coche eléctrico cargado antes del corte puede convertirse en una fuente de energía. Un coche de combustión, no.

Esto no significa que el coche eléctrico sea inmune a un apagón, pero sí demuestra que su papel puede ser mucho más interesante de lo que muchos imaginan. En un sistema energético moderno, el vehículo eléctrico no debería verse solo como demanda adicional, sino como almacenamiento móvil, flexible y potencialmente útil.

No basta con tener coches eléctricos: hace falta infraestructura inteligente

Eso sí, para que todo esto sea una realidad a gran escala no basta con que haya más coches eléctricos circulando. Hace falta una infraestructura adecuada.

El V2G y el V2H requieren vehículos compatibles, cargadores bidireccionales, instalaciones preparadas, normativa clara, tarifas inteligentes, agregadores energéticos y mecanismos para remunerar al usuario que cede parte de la energía de su batería.

También hace falta que el sistema eléctrico evolucione hacia una gestión mucho más digitalizada y flexible. No se trata solo de producir más energía, sino de saber cuándo consumirla, cuándo almacenarla y cuándo devolverla a la red.

Y aquí aparece otro punto clave: las renovables necesitan almacenamiento. España tiene una enorme capacidad solar y eólica, pero esa energía no siempre se produce justo cuando más se consume. Las baterías estacionarias, el bombeo hidráulico, el hidrógeno en determinados usos, las comunidades energéticas y los propios vehículos eléctricos pueden formar parte de ese puzle.

El apagón de 2025 no fue una demostración de que la electrificación sea un problema. Más bien fue un aviso de que el sistema eléctrico necesita modernizarse al mismo ritmo al que avanza la transición energética.

Baterías domésticas, autoconsumo y microrredes: la otra parte de la solución

El coche eléctrico puede ser una pieza importante, pero no la única. La resiliencia energética también pasa por impulsar soluciones distribuidas como las baterías domésticas, las comunidades solares, las microrredes y los sistemas de gestión inteligente de la demanda.

Una microrred, por ejemplo, puede permitir que un barrio, una urbanización, una empresa o una instalación crítica funcionen de manera parcialmente independiente durante una incidencia. Si además esa microrred cuenta con generación solar, almacenamiento y vehículos eléctricos bidireccionales, su capacidad de resistencia aumenta notablemente.

Este modelo no sustituye a la red eléctrica nacional, pero la complementa. Y esa es precisamente la clave del futuro: no depender solo de grandes infraestructuras centralizadas, sino combinar generación, almacenamiento y consumo de forma mucho más distribuida.

Powerwall de Tesla con placas solares en una vivienda
Powerwall de Tesla con placas solares en una vivienda

El futuro de la red también estará aparcado en los garajes

La imagen tradicional del sistema eléctrico es sencilla: grandes centrales producen electricidad, grandes redes la transportan y los usuarios la consumen. Pero esa lógica está cambiando.

En el futuro, millones de hogares, empresas y vehículos podrán consumir, producir, almacenar y devolver energía. El usuario dejará de ser un actor pasivo para convertirse en una parte activa del sistema.

Y en ese escenario, el coche eléctrico tendrá un papel fundamental. La mayoría de los vehículos pasan muchas horas aparcados cada día. Si durante ese tiempo están conectados a una infraestructura inteligente, pueden ayudar a equilibrar la red, almacenar excedentes solares durante las horas centrales del día y devolver energía en los momentos de mayor demanda.

El coche eléctrico, por tanto, no debería analizarse solo desde el punto de vista de la movilidad. También es una herramienta energética.

Un año después, la lección es clara

El apagón del 28 de abril de 2025 no debería recordarse únicamente como el día en que España se quedó a oscuras. Debería servir también como punto de inflexión para pensar qué tipo de red eléctrica queremos construir durante los próximos años.

Una red con más renovables, sí. Pero también con más almacenamiento, más flexibilidad, más digitalización, más capacidad de respuesta y más participación del usuario.

El V2G y el V2H no son soluciones mágicas. No van a evitar por sí solos todos los problemas del sistema eléctrico. Pero sí representan una forma diferente de entender la energía: más distribuida, más inteligente y más resiliente.

Quizá la gran pregunta ya no sea si la red española puede soportar millones de coches eléctricos. Quizá la pregunta correcta sea otra: ¿cuánto más fuerte podría ser nuestra red si esos millones de coches eléctricos formasen parte activa de ella?

Porque el coche eléctrico no solo puede cambiar la forma en la que nos movemos. También puede cambiar la forma en la que usamos, almacenamos y protegemos la energía.

Comentarios