Plan Auto+ en peligro: el choque interno del Gobierno frena las ayudas al coche eléctrico

Plan Auto España 2030

El Plan Auto+ no termina de arrancar y el bloqueo pone en riesgo su ejecución

La puesta en marcha del Plan Auto+, el nuevo programa estatal de incentivos para la compra de vehículos electrificados con un presupuesto de 400 millones de euros, atraviesa un momento delicado. Aunque el sector daba por hecho su aprobación tras semanas de negociación, un desacuerdo interno en el Gobierno ha frenado el proceso en seco y amenaza con retrasar de nuevo unas ayudas muy esperadas por fabricantes, concesionarios y compradores.

Economía y la huella de carbono, el punto de fricción

El origen del bloqueo está en la postura del Ministerio de Economía, que quiere introducir como requisito clave un sistema de cálculo de huella de carbono para decidir qué modelos pueden acceder a las subvenciones. Este método evaluaría el impacto ambiental del vehículo a lo largo de todo su ciclo de vida —desde la fabricación hasta el reciclaje—, una fórmula similar al Eco Score que Francia aplica desde 2024.

De salir adelante esta propuesta, una parte relevante de los modelos actualmente a la venta quedaría fuera de las ayudas, especialmente los vehículos eléctricos importados desde China. Precisamente este punto es el que ha generado mayor inquietud en la industria, al cambiar por completo las reglas que se habían pactado previamente.

Un consenso previo ahora en el aire

Antes de este giro, el Ministerio de Industria había logrado cerrar a comienzos de enero un borrador consensuado con las patronales ANFAC y Faconauto. La idea era publicar el Plan Auto+ poco después de las fiestas navideñas.

Ese texto apostaba por una vía intermedia: premiar con mayores incentivos a los vehículos fabricados en la Unión Europea, pero sin vetar por completo a los modelos producidos fuera del territorio comunitario. El objetivo era doble: impulsar la industria europea y, al mismo tiempo, evitar tensiones comerciales con China en un contexto ya marcado por los aranceles europeos al coche eléctrico chino y por las negociaciones para atraer nuevas inversiones industriales a España.

La introducción del criterio de huella de carbono rompe ese equilibrio y ha abierto una brecha clara entre los distintos actores implicados.

Un proyecto más amplio que va más allá del automóvil

Según fuentes cercanas al proceso, Economía lleva cerca de un año desarrollando una metodología de cálculo de huella de carbono que no se limitaría al sector del automóvil, sino que podría aplicarse a bienes industriales en general. El proyecto estaría bastante avanzado y contaría con el respaldo de Presidencia del Gobierno y del Ministerio para la Transición Ecológica.

El problema es que este planteamiento no coincide con la hoja de ruta comunitaria. La Comisión Europea trabaja en un enfoque distinto, más centrado en exigir un determinado contenido local europeo, una estrategia que se recogerá en la futura Industrial Accelerator Act, prevista para finales de enero. Hasta que exista un marco claro a nivel europeo, la incertidumbre es total.

El sector pide rapidez para no frenar el mercado

Fabricantes y distribuidores coinciden en una cosa: el Plan Auto+ debería lanzarse cuanto antes, aunque más adelante se ajuste para alinearse con la normativa europea definitiva. El temor es que la falta de ayudas enfríe el mercado justo cuando la electrificación había empezado a despegar con fuerza en 2025.

En el borrador de enero ya se hablaba de una ayuda en torno a los 4.500 euros, sin necesidad de achatarrar un vehículo antiguo y sin incluir subvenciones para puntos de recarga. Sin embargo, en las últimas semanas han surgido informaciones que apuntan a incentivos incluso inferiores a la mitad de esa cifra, con el objetivo de que el presupuesto no se agote demasiado rápido.

Alemania y Francia, dos modelos muy distintos

En este contexto, muchos miran a Alemania como posible referencia. Berlín ha activado un ambicioso plan de 3.000 millones de euros, con ayudas de hasta 6.000 euros por vehículo y vigencia hasta 2029, optando por posponer cualquier filtro adicional hasta que la Unión Europea defina su estrategia industrial común.

Francia, en cambio, ha seguido el camino contrario. Con un sistema de huella de carbono como el Eco Score, entre el 80% y el 90% de los modelos europeos cumplirían los requisitos. Los vehículos ensamblados en Turquía entrarían mayoritariamente, los fabricados en Marruecos dependerían del proceso productivo y de los materiales utilizados, y la mayoría de los eléctricos chinos quedarían excluidos.

Plan Auto+, así lo veo yo

El debate sobre la huella de carbono es legítimo y, a largo plazo, inevitable. Medir el impacto real de un vehículo más allá de las emisiones en uso es coherente con los objetivos climáticos de Europa. Sin embargo, mezclar esta discusión con el lanzamiento inmediato del Plan Auto+ parece un error estratégico. El mercado necesita certidumbre, no más retrasos ni cambios de criterio a última hora.

Retrasar las ayudas en un momento clave puede tener un efecto devastador en la confianza del consumidor y en la planificación de fabricantes y concesionarios. Lo sensato sería activar ya el plan con reglas claras y sencillas, y trabajar en paralelo en un sistema de huella de carbono que se aplique cuando exista un marco europeo común. De lo contrario, corremos el riesgo de frenar la electrificación justo cuando empezaba a coger velocidad.

De nuevo, me da la sensación que se llega tarde y cuyo resultado final no va a ser positivo, donde de nuevo los principales perjudicados somos nosotros, los clientes, donde vamos a comprar un coche eléctrico sin saber en qué consistirá el Plan Auto+ y si realmente se llegará a ejecutar, aunque la idea es que sea retroactiva desde el 1 de enero de 2026, con este gobierno todo puede cambiar...

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