Demandan a Rolls-Royce por un grave fallo en la batería de su Spectre Black Badge eléctrico de 462.700 €

Rolls Royce Spectre Black Badge

La marca de lujo no está a la altura y lo que te voy a contar no tiene sentido alguno ni en esta marca ni en ninguna otra

El salto de Rolls-Royce Motor Cars hacia la electrificación total no está siendo un camino exento de obstáculos. La marca británica, que ha apostado fuerte por el lujo eléctrico con el Rolls-Royce Spectre Black Badge, se enfrenta ahora a una demanda en Estados Unidos por un supuesto defecto grave en la batería de una de sus unidades más exclusivas.

Un eléctrico de casi medio millón de euros que empezó a fallar en cuatro meses

La protagonista del caso es Marci M. Donovitz, una compradora residente en Texas, que adquirió a comienzos de 2025 un Spectre Black Badge completamente personalizado. El importe abonado ascendió a 546.385 dólares, que al cambio actual equivalen a unos 462.700 euros, situándolo en la élite de los eléctricos más caros del mercado.

La entrega se produjo el 23 de junio de 2025, pero la satisfacción duró poco. Según recoge la denuncia, en octubre —apenas cuatro meses después— el vehículo sufrió lo que la propietaria describe como una avería “repentina y grave”. El problema, lejos de resolverse, habría ido a más hasta dejar el coche prácticamente inoperativo.

Batería defectuosa y largas esperas sin solución

El vehículo fue trasladado al concesionario para su revisión. En concreto, la demanda apunta tanto a Rolls-Royce Motor Cars North America como al establecimiento vendedor, Avondale Dealership.

Según la versión de la conductora, el concesionario le informó por mensaje de que habían solicitado piezas necesarias para la reparación, pero que se encontraban pendientes de suministro y sin fecha estimada de llegada. La espera se prolongó durante aproximadamente 40 días sin una solución clara ni plazos definidos.

Ante la falta de respuesta, Donovitz decidió recurrir a asistencia legal. A través de su abogado, remitió una comunicación formal a la marca solicitando la recompra del vehículo o su sustitución por una unidad idéntica. La petición fue rechazada.

Un defecto que lo haría “inseguro e inconducible”

La demanda sostiene que el Spectre Black Badge presenta un “grave defecto de fabricación en la batería” que compromete su seguridad y lo hace imposible de conducir con normalidad. Además, la propietaria acusa tanto a la marca como al concesionario de no haber ofrecido una solución en un plazo razonable, mientras el vehículo permanecía inmovilizado y perdiendo valor.

Otro de los puntos más delicados de la denuncia es la acusación de que Rolls-Royce conocía previamente posibles problemas de fiabilidad relacionados con el modelo, pero no habría informado adecuadamente a los clientes.

Por el momento, la firma británica no ha emitido un comunicado oficial sobre este caso concreto. Mientras tanto, la demandante reclama compensación por pérdida de uso, depreciación del vehículo y los costes derivados del proceso judicial.

Un momento clave para la estrategia eléctrica de Rolls-Royce

Este episodio llega en una fase estratégica para la compañía. Tras el lanzamiento del Spectre, su primer modelo 100 % eléctrico, la marca tiene previsto ampliar su gama con nuevas propuestas cero emisiones, entre ellas una berlina y un SUV eléctricos que consolidarán su transición hacia una gama completamente electrificada en los próximos años.

Cualquier problema de fiabilidad en un producto de este nivel no solo tiene impacto económico, sino también reputacional. En el segmento del ultra lujo, la experiencia del cliente es casi tan importante como el propio vehículo.

Así no debe de actuar una marca como Rolls-Royce

Cuando una marca cobra más de 460.000 euros por un coche, el cliente no compra solo prestaciones o tecnología; compra tranquilidad, exclusividad y un servicio impecable. En el mundo del lujo extremo no hay margen para errores, y menos aún cuando hablamos de la batería, el corazón de un vehículo eléctrico.

La electrificación del segmento premium es inevitable, pero casos como este demuestran que incluso los fabricantes más prestigiosos pueden tropezar en la transición tecnológica. Si Rolls-Royce quiere liderar el lujo eléctrico, no basta con ofrecer silencio y potencia: debe garantizar una fiabilidad y una atención postventa absolutamente intachables.

Porque en este nivel, cualquier fallo no es solo una avería: es un golpe directo a la imagen de marca.

Pero lo peor de todo, no es que el Rolls-Royce eléctrico tenga un fallo o problema, en cualquier marca puede pasar, sino en la forma que actúo la marca en este caso, un cliente que se ha dejado más de 500.0000$ en tu coche el servicio post venta debe de ser exquisito e incluso creo que si llegado el momento no tiene solución o la solución es a largo tiempo, la marca debería de haber respondido sustituyéndole el vehículo por uno nuevo.

Si realmente hubiera actuado así, la marca no solo tendría una clienta contenta, sino que su reputación como marca hubiera mejorado, sin embargo ha pasado todo lo contrario por actuar de una forma que una marca premium no puede permitirse. Quiero pensar y confiar que esto ha sido una acción aislada y que el resto de intervenciones post venta de Rolls-Royce si que estarán a la altura de lo que podemos esperar de una marca realmente premium.

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