La nueva fábrica de baterías de CATL y Stellantis en España ya se está construyendo
CATL y Stellantis arrancan en Zaragoza la construcción de la mayor gigafactoría de baterías LFP de España
La localidad zaragozana de Figueruelas se convierte oficialmente en epicentro de la nueva movilidad eléctrica en Europa. Este 26 de noviembre, las compañías CATL y Stellantis colocaron la primera piedra de lo que será una de las fábricas de baterías más grandes del continente, especializada en tecnología LFP (fosfato de hierro-litio). Con una inversión total estimada en 4.100 millones de euros, se trata no solo del mayor proyecto industrial de Stellantis en España, sino también de la mayor apuesta económica de origen chino jamás realizada en el país.
Este movimiento no ha sido casual ni precipitado. Desde hace años, Stellantis venía explorando nuevas fórmulas para garantizar el suministro de baterías a sus fábricas en Europa sin depender exclusivamente de la alianza que mantiene con Total y Mercedes-Benz bajo el paraguas de Automotive Cells Company (ACC). Las dudas sobre el futuro de algunas plantas de ACC, como las de Kaiserslautern (Alemania) y Termoli (Italia), que están en pausa e incluso podrían cancelarse, aceleraron la necesidad de diversificar proveedores. Así, la colaboración con CATL se confirmó oficialmente a finales de 2023, con España como destino final.
Una fábrica de 80 hectáreas junto a Stellantis Zaragoza
La ubicación elegida no es casual: la planta se construirá en una parcela anexa a las instalaciones actuales de Stellantis en Figueruelas, lo que permitirá sinergias logísticas, industriales y de personal. El objetivo de esta nueva gigafactoría es alcanzar una capacidad de producción de hasta 50 GWh anuales una vez esté plenamente operativa, lo que permitiría suministrar baterías a cientos de miles de vehículos eléctricos cada año.
Aunque el anuncio original apuntaba a un inicio de producción a finales de 2026, fuentes gubernamentales y del propio proyecto reconocen que el grueso de la actividad industrial podría no estar a pleno rendimiento hasta 2028 o incluso 2030. Se prevé una construcción en fases, con diferentes líneas de ensamblaje activándose progresivamente según avance la formación de personal y el desarrollo de proveedores auxiliares.
Un despliegue humano sin precedentes: 2.000 trabajadores chinos para arrancar
Uno de los aspectos más llamativos del proyecto es la dimensión internacional de su puesta en marcha. A diferencia de lo ocurrido en otras localizaciones europeas, como la planta que CATL construye en Debrecen (Hungría), donde la compañía apostó inicialmente por contratar personal local —algo que terminó generando retrasos significativos—, en Zaragoza la estrategia ha cambiado radicalmente.
Desde China han comenzado a llegar centenares de trabajadores especializados —principalmente técnicos, operarios cualificados e ingenieros—, con el objetivo de alcanzar un contingente de 2.000 personas encargadas de supervisar la construcción e instalación de la maquinaria.
Este despliegue ha requerido la activación de procesos acelerados para la obtención de visados de trabajo y coordinación entre las administraciones española y aragonesa. Paralelamente, se iniciará un proceso de selección y formación de personal local, con la previsión de crear alrededor de 3.000 empleos directos una vez que la planta entre en funcionamiento.
Una apuesta industrial estratégica para España y Europa
La elección de España, y en concreto de Zaragoza, no solo responde a su tradición automovilística o a la presencia de Stellantis, sino también a una combinación de factores logísticos, disponibilidad de suelo industrial y apoyo institucional. Aragón ha ofrecido condiciones favorables, y el proyecto se beneficiará de más de 300 millones de euros procedentes de fondos europeos destinados al fomento de la electromovilidad y la industria verde.
Esta gigafactoría se posiciona como una pieza clave dentro de la estrategia de electrificación de Stellantis en el sur de Europa. Las baterías LFP que aquí se fabriquen están pensadas para alimentar vehículos eléctricos de segmentos B y C —es decir, turismos pequeños y medianos, además de SUV compactos—, y formarán parte de modelos producidos no solo en Zaragoza, sino también en otras plantas de Stellantis en Vigo y Madrid. La plataforma STLA Small, destinada a futuros coches eléctricos accesibles, tendrá en estas baterías uno de sus pilares fundamentales.
Formación, transferencia tecnológica y el reto de ponerse al día
Uno de los desafíos más importantes para el éxito de este proyecto será la capacitación de personal español en una tecnología que, hasta ahora, no se ha fabricado en el país. Así lo reconoce David Romeral, director general del Clúster de Automoción de Aragón (CAAR): “No conocemos esta tecnología, nunca hemos fabricado estos componentes. Ellos están varios años por delante. Solo podemos observar y aprender”.
Desde los sindicatos, como UGT Aragón, se ha subrayado también la importancia de la transferencia tecnológica y la creación de programas de formación a medida, en colaboración con universidades locales y centros de FP. La planta no solo aspira a ser un motor económico, sino también un punto de inflexión en la cualificación industrial del territorio.
¿Una dependencia estratégica?
El impacto de la colaboración con CATL va más allá de lo industrial. A nivel geoestratégico, la fuerte presencia de trabajadores y tecnología china en un proyecto tan sensible como el de las baterías para vehículos eléctricos podría abrir debates en Bruselas sobre la dependencia tecnológica de Europa respecto a Asia. A corto plazo, sin embargo, esta colaboración ofrece a Stellantis una vía rápida y efectiva para cubrir sus necesidades de baterías ante los titubeos del proyecto ACC.
Una oportunidad histórica para Aragón
Para Aragón, este proyecto representa un salto cualitativo sin precedentes. No solo por el volumen de inversión o los miles de empleos previstos, sino por su potencial tractor para atraer a proveedores, centros tecnológicos y otros actores vinculados a la nueva movilidad eléctrica. Desde el Gobierno autonómico, presidido por Jorge Azcón, se ha subrayado que esta planta marcará “un antes y un después en la economía aragonesa”.
Si el plan avanza según lo previsto, Figueruelas podría consolidarse como uno de los principales hubs europeos en fabricación de baterías, sumándose a otros polos como Kaiserslautern, Skellefteå o Douvrin, pero con un enfoque claro en la tecnología LFP: más económica, duradera y con menor dependencia de materiales críticos como el níquel o el cobalto.