Tesla pagaba a un hacker ruso que acaba ayudando a condenarla en un juicio: le ha costado 243 millones

Un investigador que durante años colaboró con Tesla terminó encontrando los datos que la compañía aseguraba no tener tras un accidente mortal con Autopilot. La información recuperada del ordenador del vehículo acabó siendo clave en una sentencia histórica contra la marca, reabriendo el debate sobre la transparencia, la seguridad y los límites reales de los sistemas de conducción asistida.

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Un investigador de seguridad que durante años colaboró con Tesla acabó convirtiéndose en una pieza clave en uno de los mayores reveses judiciales de la compañía. Su trabajo permitió recuperar datos que la marca aseguraba no tener y que terminaron pesando en una sentencia histórica relacionada con el Autopilot.

El caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para toda la industria: ¿hasta dónde llega la responsabilidad del conductor y dónde empieza la del fabricante cuando un sistema de ayuda a la conducción no actúa como se espera?

El hacker que encontró los datos que Tesla decía no tener

Durante años, Tesla mantuvo una relación útil con un investigador conocido en internet como GreenTheOnly, en algunas ocasiones hemos citado post en X de este usuario por encontrar indicios en el código de Tesla en Somos Eléctricos. Este especialista, afincado en Nashville y de origen ruso, se hizo conocido por analizar a fondo los ordenadores de los vehículos de la marca, detectar fallos y reportarlos dentro del ecosistema de recompensas de seguridad de Tesla, gestionado a través de Bugcrowd. La propia Tesla mantiene un programa para que investigadores externos comuniquen vulnerabilidades en sus productos.

La historia cambió cuando sus conocimientos se utilizaron en sentido contrario a los intereses de la compañía. A partir de una copia forense del ordenador de Autopilot de un Model S accidentado, Green logró recuperar información crítica del siniestro: una “instantánea” de colisión que, según los demandantes, demostraba qué había visto el coche en los instantes previos al impacto.

El accidente mortal de Key Largo

El choque ocurrió el 25 de abril de 2019 cerca de Key Largo, Florida. George McGee conducía un Tesla Model S de 2019 con Autopilot activado cuando, tras distraerse al intentar recoger su teléfono, el vehículo pasó una señal de stop y acabó impactando contra un Chevrolet Tahoe estacionado. Junto al SUV estaban Naibel Benavides Leon, de 22 años, y su pareja, Dillon Angulo. Ella falleció y él sufrió heridas graves.

Para la familia de Benavides y para Angulo, la clave estaba en saber qué había registrado realmente el sistema de cámaras y asistencia a la conducción. Tesla sostuvo durante años que no disponía del archivo completo o que los datos estaban dañados. Sin embargo, cuando los abogados recuperaron el hardware original y recurrieron a Green, el escenario cambió por completo.

Una copia forense y una prueba decisiva

Según publicó The Washington Post, el investigador trabajó sobre una copia forense para evitar alterar el contenido del ordenador. De esa extracción salió la información que mostraba que el coche había detectado elementos relevantes de la escena, incluido el vehículo estacionado y la señalización, pero no actuó para evitar el impacto.

Ese material terminó siendo una de las pruebas más importantes del juicio. Aunque Green no declaró ante el jurado, el vídeo aumentado generado a partir de los datos recuperados ayudó a los demandantes a reforzar su argumento: el sistema no solo debía haber advertido del peligro, sino que Tesla había puesto en el mercado una tecnología con límites que, según la acusación, no estaban suficientemente protegidos ni comunicados.

Tesla recibe una condena histórica por el Autopilot

El 1 de agosto de 2025, un jurado federal de Miami atribuyó a Tesla el 33% de la responsabilidad y fijó una indemnización total de 243 millones de dólares, unos 212,5 millones de euros. La cantidad incluía 19,5 millones de dólares para la familia de Benavides, unos 17,1 millones de euros; 23,1 millones para Angulo, unos 20,2 millones de euros; y 200 millones de dólares en daños punitivos, cerca de 174,9 millones de euros.

Tesla negó haber ocultado pruebas de forma deliberada y defendió que el accidente fue responsabilidad del conductor. La compañía calificó el veredicto como erróneo y anunció su intención de recurrir. Antes del juicio, además, había rechazado una oferta de acuerdo de 60 millones de dólares, unos 52,5 millones de euros.

En febrero de 2026, la jueza federal Beth Bloom rechazó anular la sentencia y consideró que las pruebas presentadas respaldaban sobradamente la decisión del jurado.

Un momento delicado para Tesla y su credibilidad

Este caso no va solo de Tesla ni de un hacker brillante encontrando un archivo perdido. Va de confianza. Los sistemas de conducción asistida se venden rodeados de promesas, vídeos llamativos y nombres comerciales que pueden transmitir más seguridad de la que realmente ofrecen. Y cuando una marca lidera el relato tecnológico, también debe liderar la transparencia.

Tesla ha empujado como nadie el coche eléctrico y la conducción automatizada, pero este juicio deja una advertencia clara para todo el sector: la innovación no puede apoyarse en zonas grises. Si un vehículo registra datos clave tras un accidente, esos datos deben ser accesibles, preservados y explicables. Porque en la movilidad del futuro, el software también tendrá que responder ante los tribunales.

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