Así fue el evento de Tesla para despedir definitivamente al Model S y Model X
Tesla ha puesto punto final a una de las etapas más importantes de su historia. La compañía celebró en Fremont un evento especial para entregar las últimas unidades del Model S y del Model X, dos coches que no solo marcaron el nacimiento de Tesla como fabricante de referencia, sino que también cambiaron la percepción global sobre el coche eléctrico.
Durante el acto, Elon Musk, Franz von Holzhausen y otros responsables de la marca repasaron el papel que ambos modelos han tenido en la evolución de Tesla. El mensaje fue claro: el Model S y el Model X dejan paso a una nueva etapa dominada por la conducción autónoma, el Cybercab y el robot humanoide Optimus.
Tesla despide al Model S y al Model X: el final de los coches que cambiaron la industria
Tesla ha celebrado en la fábrica de Fremont un evento cargado de simbolismo: la entrega de las últimas unidades del Model S y del Model X. No ha sido una simple ceremonia para clientes, sino una despedida pública a dos vehículos que explican buena parte del éxito de la compañía.
El Model S llegó en 2012 con una misión muy ambiciosa: demostrar que un coche eléctrico no tenía por qué ser una alternativa limitada, lenta o poco atractiva frente a los modelos de gasolina. Tesla no quería fabricar “el mejor eléctrico”, sino un coche capaz de competir con cualquier berlina premium del mercado. Ese fue precisamente uno de los mensajes que Elon Musk recuperó durante el evento, al recordar que el objetivo era romper el prejuicio de que los eléctricos eran poco deseables o inferiores a los coches tradicionales.
Años después, el Model X amplió esa idea al formato SUV, con una propuesta mucho más arriesgada desde el punto de vista técnico y de diseño. Sus puertas Falcon Wing, su habitáculo familiar y sus prestaciones lo convirtieron en uno de los eléctricos más reconocibles del mercado.
Puedes ver el evento completo a continuación.
EnlaceUna edición especial para cerrar una etapa
Para despedir ambos modelos, Tesla preparó una versión especial de entrega limitada, inspirada en el color Signature Red original, combinada con interior blanco y el equipamiento más completo disponible. Durante el evento, la marca entregó varias unidades a clientes seleccionados en un ambiente claramente nostálgico.
Franz von Holzhausen explicó que se trataba de “la mejor versión del mejor coche”, jugando con una idea muy repetida dentro de Tesla: cada Model S y Model X fabricado con el paso de los años era mejor que el anterior gracias a las actualizaciones de hardware, software y producción.
Esa evolución ha sido una de las grandes claves de ambos modelos. Según se comentó en el acto, los Model S y Model X actuales tienen un 40% menos de piezas que las primeras unidades, y apenas un 3% de los componentes actuales se mantienen respecto a los vehículos originales. En otras palabras: Tesla ha cambiado alrededor del 97% del coche a lo largo de estos años.

Del escepticismo al referente mundial
Durante la conversación, Musk recordó que en los primeros años casi nadie creía que Tesla pudiera fabricar un coche eléctrico de gran autonomía, altas prestaciones y atractivo para el público. El Model S nació en un contexto en el que los eléctricos tenían una cuota mínima en el mercado global y eran vistos por muchos como vehículos de nicho.
La compañía comenzó el desarrollo del Model S con un equipo reducido, incluso trabajando en los primeros bocetos y prototipos en instalaciones vinculadas a SpaceX. Aquella etapa casi artesanal acabó dando lugar a un coche que recibió premios internacionales y que obligó a la industria a tomarse en serio la electrificación.
El impacto del Model S fue mucho más allá de sus cifras de ventas. Popularizó elementos que hoy son habituales en muchos coches modernos: grandes pantallas centrales, actualizaciones remotas OTA, integración avanzada de software, altas prestaciones eléctricas y una experiencia de uso más cercana a la tecnología de consumo que al automóvil tradicional.
El Model X: el SUV más complejo y ambicioso de Tesla
Si el Model S fue la demostración de que Tesla podía fabricar una berlina eléctrica de referencia, el Model X fue la apuesta más extravagante de la marca. Musk llegó a definirlo durante el evento como una especie de “huevo Fabergé” sobre ruedas, por la enorme cantidad de detalles técnicos y soluciones poco convencionales que incorporaba.
El SUV eléctrico de Tesla no fue un coche fácil de producir. Sus puertas traseras, su arquitectura interior, su enfoque familiar y su alto nivel tecnológico hicieron que el Model X fuese uno de los productos más complejos de la compañía. Pero también ayudó a reforzar una idea clave: un coche eléctrico podía ser rápido, práctico, lujoso y diferente.
Fremont se prepara para Optimus y la nueva era autónoma
La despedida del Model S y del Model X no responde únicamente al paso del tiempo. Tesla quiere liberar capacidad industrial para proyectos que considera más importantes para su futuro. Según varios reportes recientes, la compañía está reorientando parte de Fremont hacia Optimus, su robot humanoide, mientras que el Cybercab se perfila como otro de los grandes pilares de la siguiente etapa de Tesla.
Durante el evento, Musk insistió en que el futuro de Tesla estará cada vez más vinculado a la autonomía. Según su visión, llegará un momento en el que conducir manualmente será una actividad minoritaria, casi comparable a montar a caballo hoy: algo que algunas personas harán por placer, pero no necesariamente como forma principal de transporte.
También se mencionó el Cybercab, el robotaxi de Tesla sin volante ni pedales, como una evolución natural de todo lo aprendido con el Model S y el Model X. Incluso se habló de una eficiencia de 165 Wh por milla para el Cybercab, una cifra que Tesla presentó como un salto enorme respecto a los primeros Model S.
El legado real del Model S y del Model X
Aunque el Model 3 y el Model Y han sido los modelos que llevaron a Tesla al gran volumen, el Model S y el Model X fueron los que construyeron la imagen de marca. Sin ellos, Tesla difícilmente habría logrado convencer al mercado de que un eléctrico podía superar a un coche de combustión en aceleración, tecnología, silencio de marcha y experiencia de conducción.
El Model S fue la carta de presentación definitiva. El Model X, la demostración de que Tesla podía atreverse con un SUV familiar premium sin renunciar a la espectacularidad. Ambos modelos abrieron el camino para una industria que hoy se mueve de forma irreversible hacia la electrificación, aunque con ritmos distintos según el mercado.
La propia Tesla ha dejado de separar las ventas del Model S y del Model X en sus informes, agrupándolos dentro de “otros modelos”, lo que refleja el menor peso comercial que han tenido en los últimos años frente al Model 3 y el Model Y.
Tesla cierra una era, pero también asume un riesgo enorme
El adiós al Model S y al Model X tiene todo el sentido desde una perspectiva industrial, pero emocionalmente es una decisión difícil de digerir. Estos coches eran mucho más que dos modelos premium: eran la prueba tangible de que Tesla podía hacer algo que la industria tradicional no se atrevía a hacer.
El problema es que Tesla ya no quiere ser solo una marca de coches eléctricos. Quiere ser una empresa de inteligencia artificial, robótica y movilidad autónoma. Ahí está el gran riesgo. El Model S y el Model X eran productos reales, admirados y reconocibles. Optimus y Cybercab todavía tienen que demostrar que pueden tener el mismo impacto comercial y tecnológico.
La jugada puede salirle muy bien a Tesla si la autonomía y la robótica despegan como Musk espera. Pero también puede dejar un vacío importante en la gama, especialmente entre quienes veían en el Model S y el Model X la parte más aspiracional de la marca. Tesla ha cerrado el libro de sus dos coches más icónicos. Ahora toca comprobar si el siguiente libro será tan revolucionario como promete.
