Hoy Tesla explica por qué abandonaron el Model S y Model X y su posible regreso en un futuro

Lars Moravy hablando sobre el Tesla Model S y Model X

Tesla ha puesto fin a una de las etapas más importantes de su historia. El Model S y el Model X fueron durante años la cara más aspiracional de la marca. Ahora dejan de producirse en un momento en el que la compañía ya mira hacia otro tipo de negocio: robotaxis, conducción autónoma, robots humanoides y vehículos industriales.

Aunque la caída de la demanda y el menor protagonismo comercial de ambos modelos parecían razones suficientes, la explicación interna va bastante más allá. Según Lars Moravy, vicepresidente de Ingeniería de Vehículos de Tesla, el problema real era que la base técnica de estos coches había llegado a un punto en el que seguir actualizándola empezaba a tener poco sentido frente a desarrollar una nueva generación desde cero. Tesla ya había anunciado el final de la producción del Model S y Model X para 2026. Esto es parte de una estrategia centrada en autonomía, Optimus y el aprovechamiento de la planta de Fremont para nuevos proyectos.

Tesla cierra la etapa del Model S y Model X, pero no da la saga por muerta

El Model S nació en 2012 y fue el coche que cambió para siempre la percepción del vehículo eléctrico premium. El Model X llegó después, en 2015, con una propuesta más familiar y más tecnológica. También tenía unas puertas traseras tipo “falcon wing” que se convirtieron en una de sus señas de identidad. Sin embargo, más de una década después, ambos modelos arrastraban un problema difícil de ocultar: su arquitectura procedía de una época muy distinta a la Tesla actual.

En una entrevista en el podcast Ride the Lightning, Lars Moravy reconoció que Tesla había ido introduciendo mejoras durante años. Sin embargo, muchas de ellas funcionaban más como soluciones provisionales que como una renovación profunda. El ejecutivo apuntó especialmente a la evolución de las normativas de seguridad. Europa es uno de los mercados más exigentes, donde los protocolos de evaluación y homologación han ido endureciéndose de forma periódica.

El problema no era solo vender menos coches

Es evidente que el Model S y el Model X ya no tenían el peso comercial de otros tiempos. El grueso de las ventas de Tesla recae desde hace años en el Model 3 y, sobre todo, en el Model Y. Además, la propia compañía dejó de desglosar las entregas individuales de sus modelos más caros. Ahora los agrupa en la categoría “Other Models”, junto a otros vehículos como el Cybertruck y el Semi.

Pero reducir esta decisión a una simple caída de ventas sería quedarse corto. Moravy explicó que seguir adaptando el Model S y el Model X a los nuevos requisitos de seguridad globales exigía una inversión cada vez más difícil de justificar. En la práctica, Tesla se encontraba ante dos opciones. Por un lado, seguir parcheando una plataforma veterana; por otro, rediseñar ambos coches prácticamente desde cero.

Y ahí es donde la balanza se inclinó hacia el cierre.

Una plataforma demasiado antigua para la Tesla que viene

El Model S y el Model X han recibido actualizaciones importantes a lo largo de su vida comercial, incluyendo cambios en el interior, mejoras de autonomía, nuevas versiones de alto rendimiento y evoluciones en software. Pero debajo de todo eso seguía existiendo una base técnica nacida a finales de la década de 2000.

Para una marca que presume de simplificar procesos de fabricación, reducir piezas y construir coches con métodos cada vez más eficientes, mantener dos líneas de producción antiguas y de bajo volumen empezaba a ser una anomalía.

Moravy señaló que las nuevas técnicas industriales que Tesla quiere aplicar a futuros productos, como el Cybercab, son mucho más eficientes que las empleadas en los Model S y Model X. Dicho de otra forma, el problema no era únicamente que ambos coches vendieran menos. Además, ocupaban espacio, recursos de ingeniería y capacidad productiva que Tesla considera más valiosos en otros programas.

Fremont mira ahora a Optimus, Cybercab y el Semi

La fábrica de Fremont, donde durante años se produjeron el Model S y el Model X, tendrá un papel distinto en la próxima etapa de Tesla. Elon Musk ya había indicado que el final de estos modelos permitiría liberar capacidad para proyectos como Optimus. Este robot humanoide de la compañía está dentro de un giro estratégico hacia la inteligencia artificial física y la automatización.

A esto se suma el Cybercab, el futuro robotaxi de Tesla, y la necesidad de acelerar la producción del Tesla Semi. Son proyectos con una prioridad mucho mayor para la compañía. Por lo tanto, renovar dos vehículos premium cuyo volumen de ventas estaba lejos de justificar una reconstrucción completa de su plataforma resulta menos importante.

Tesla incluso llegó a valorar una renovación profunda alrededor de 2020. El proyecto perdió fuerza a medida que la empresa fue centrando su atención en autonomía, nuevas plataformas y fabricación de próxima generación.

“Nunca digas nunca”: Tesla deja abierta la puerta al regreso

Lo más interesante es que Tesla no ha querido cerrar del todo la puerta. Moravy fue prudente, pero dejó entrever que el Model S y el Model X podrían volver algún día si encajan en la estrategia futura de la marca.

Su mensaje fue claro: ahora no era el momento adecuado para mantenerlos con vida, pero eso no significa que desaparezcan para siempre. La frase “nunca digas nunca” resume bastante bien la postura de Tesla.

Eso sí, si el Model S o el Model X regresan, no parece probable que lo hagan con un simple lavado de cara. Todo apunta a que tendrían que nacer sobre una arquitectura completamente nueva, con métodos de fabricación modernos. Además, sería necesaria una integración mucho más profunda con la estrategia de autonomía de Tesla.

Un posible regreso tendría que ser desde cero

La idea de un nuevo Model S o un nuevo Model X sigue teniendo sentido desde el punto de vista de imagen de marca. Tesla ha perdido parte del aura premium que tuvo durante años. Mientras tanto, competidores como Lucid, Mercedes-Benz, Porsche, BMW, Audi o los fabricantes chinos han elevado muchísimo el nivel en berlinas y SUV eléctricos de alta gama.

Sin embargo, Tesla parece haber decidido que no merece la pena competir en ese segmento con productos nacidos sobre una base antigua. Si vuelve a hacerlo, tendrá que ser con algo mucho más ambicioso. Por ejemplo, una berlina y un SUV eléctricos diseñados desde el primer día para la conducción autónoma, la fabricación ultraeficiente y las nuevas exigencias de seguridad global.

Tesla se despide de sus iconos, pero también se arriesga

La decisión tiene lógica industrial, pero también un punto arriesgado. El Model S y el Model X no eran los coches más vendidos de Tesla, pero sí eran parte de su identidad. Eran los modelos que demostraban que un eléctrico podía ser rápido, tecnológico, deseable y, además, capaz de poner contra las cuerdas a fabricantes premium tradicionales.

Tesla quiere convencer al mercado de que su futuro no está en vender coches, sino en desplegar servicios de autonomía, robots y plataformas de movilidad. Puede que esa visión sea la correcta a largo plazo, pero abandonar el escaparate premium deja un hueco evidente en su gama.

El problema para Tesla no es solo dejar de fabricar dos coches veteranos. El verdadero reto es demostrar que lo que viene después tiene más valor que lo que acaba de dejar atrás. Porque el Model S y el Model X ya hicieron historia. Ahora le toca al Cybercab, a Optimus y al Semi demostrar que no son solo promesas de futuro.

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