Antiguos empleados de Tesla no se fían del FSD: la investigación que cuestiona la seguridad del sistema
Varios antiguos trabajadores de Tesla han puesto el foco sobre uno de los puntos más sensibles para la compañía de Elon Musk: la confianza real en el sistema Full Self-Driving. Y lo llamativo no es que las dudas vengan de críticos externos, sino de personas que participaron directamente en el entrenamiento y revisión de esta tecnología.
Según una investigación de Reuters, siete de los nueve ex empleados consultados afirmaron que no se fiarían del FSD para desplazarse de forma autónoma. Un dato especialmente relevante si tenemos en cuenta que todos ellos trabajaron como etiquetadores de datos. Esta función es clave para enseñar al sistema a interpretar lo que ocurre en la carretera.
Ex trabajadores de Tesla aseguran que no confiarían en el FSD
El Full Self-Driving de Tesla vuelve a estar en el centro del debate. Mientras la compañía avanza con su despliegue en Europa bajo la modalidad supervisada, antiguos empleados que ayudaron a entrenar el sistema han expresado serias dudas sobre su fiabilidad.
Estos trabajadores se encargaban de revisar vídeos captados por los propios vehículos de Tesla. Su labor consistía en identificar peatones, señales, carriles, obstáculos, motos, vehículos de emergencia y situaciones complejas de tráfico. De este modo, la inteligencia artificial podía aprender a reaccionar mejor.
Precisamente por ese acceso directo a los errores del sistema, sus testimonios resultan especialmente incómodos para Tesla. No hablan desde la teoría, sino desde miles de escenas reales analizadas durante su etapa en la compañía.
Fallos en situaciones críticas de tráfico
Los antiguos empleados consultados señalan que el FSD podía fallar en escenarios donde la rapidez y la precisión son fundamentales. Entre los ejemplos mencionados aparecen problemas para apartarse correctamente cuando se acerca un vehículo de emergencia con las sirenas activadas. Además, destacan maniobras demasiado cercanas a motoristas o frenazos innecesarios al tomar salidas de autopista.
También describen situaciones en zonas de obras, uno de los entornos más difíciles para cualquier sistema de conducción asistida. Según estos testimonios, algunos Tesla llegaron a entrar en áreas mal delimitadas o a acercarse peligrosamente a trabajadores que se encontraban en la calzada.
El caso más preocupante tiene que ver con peatones. Varios ex empleados afirmaron haber visto vídeos en los que el sistema no detectaba correctamente a personas cruzando por pasos de cebra. También indicaron que reaccionaba demasiado tarde ante la presencia de niños.
El problema del modo “Mad Max”
Otro punto que aumenta las dudas es el comportamiento del modo más agresivo del FSD, conocido como “Mad Max”. Según uno de los testimonios recogidos en la investigación, un Tesla llegó a circular a unos 96 km/h en una vía urbana limitada a 40 km/h.
Este tipo de situaciones alimenta la preocupación sobre el margen de seguridad del sistema, especialmente cuando hablamos de entornos urbanos. En estos escenarios, cualquier error puede tener consecuencias graves. En ciudad no basta con que el coche “funcione bien la mayoría de las veces”. Además, tiene que reaccionar de forma fiable ante escenarios imprevisibles y vulnerables como peatones, ciclistas, motos o zonas escolares.
Una desconfianza que llega en mal momento para Tesla
Las declaraciones de estos antiguos trabajadores llegan justo cuando Tesla intenta convencer a reguladores y conductores de que el FSD está listo para expandirse. En Europa, el sistema empieza a abrirse paso mediante autorizaciones nacionales, pero siempre bajo supervisión del conductor. Es más, hace tan solo unos días supimos que ya son tres los países en Europa que han dado el visto bueno al uso del FSD.
Eso significa que, pese al nombre Full Self-Driving, el coche no conduce solo de forma legal ni técnica. El usuario debe seguir atento, con las manos preparadas y asumiendo la responsabilidad si el sistema comete un error.
La contradicción es evidente: Tesla quiere vender el FSD como una tecnología muy avanzada, casi revolucionaria, pero algunos de quienes ayudaron a entrenarla aseguran que todavía no se montarían en un coche que dependiera de ella.
La confianza no se impone con marketing
Que una tecnología tenga fallos durante su desarrollo no debería sorprender a nadie. La conducción autónoma es uno de los retos más complejos de la industria del automóvil. Lo preocupante es que Tesla haya construido durante años un relato demasiado optimista alrededor del FSD.
Cuando antiguos empleados que han visto los errores desde dentro dicen que no se fían, la compañía debería responder con más transparencia y menos frases grandilocuentes. No basta con asegurar que el sistema es más seguro que un humano. Hay que demostrarlo con datos claros, comparables y auditables. También es cierto, que deberíamos de conocer exactamente porque estas personas ya no trabajan en Tesla. Esto nos puede dar a pensar de que puede ser una técnica de venganza para desprestigiar a Tesla.
Tesla ha sido valiente apostando por una conducción autónoma basada en cámaras e inteligencia artificial, pero la seguridad vial no puede depender de la épica tecnológica. Si el FSD quiere ganarse la confianza en Europa, debe hacerlo con pruebas sólidas. Además, necesita supervisión independiente y una comunicación mucho más prudente.
Aun así, este tipo de tecnología sigue avanzando y cada kilómetro que recorre es cada vez mejor. Eso sí, debemos ser conscientes de que los errores aparecen y aparecerán hasta que el sistema se pula y se logre una eficiencia realmente alta. A día de hoy ya es muy elevada pero sigue teniendo mejora.