El color de tu coche puede hacer que pases mucho más calor en verano: hasta 25 ºC de diferencia
El color de la carrocería no solo define la estética de un coche: también puede influir en la temperatura que alcanza cuando permanece aparcado bajo el sol. En pleno verano, especialmente en países cálidos como España, elegir un tono claro u oscuro puede marcar una diferencia notable en el confort al entrar al vehículo y en el trabajo que tendrá que hacer el aire acondicionado.
Elegir el color de un coche no solo tiene que ver con la estética, la moda o el precio de reventa. En un país como España, donde el sol aprieta durante buena parte del año, la pintura también puede influir en la temperatura que alcanza el vehículo cuando queda aparcado durante horas.
La diferencia no es menor. Un coche negro expuesto al sol puede acumular mucho más calor en la carrocería que uno blanco o plateado, y aunque el habitáculo acaba calentándose en todos los casos, los tonos claros parten con una ventaja evidente.
El color del coche también afecta al calor que soportas en verano
Cuando pensamos en el calor dentro del coche, solemos fijarnos en el aire acondicionado, en si hemos aparcado a la sombra o en si hemos colocado un parasol. Sin embargo, el color exterior del vehículo tiene más importancia de la que parece.
La explicación está en algo muy básico: los colores oscuros absorben más radiación solar, mientras que los claros reflejan una mayor parte de esa energía. Por eso, un coche negro puede alcanzar temperaturas muy superiores en la chapa respecto a uno blanco, incluso estando los dos aparcados en el mismo lugar y durante el mismo tiempo.
En condiciones de calor intenso, con unos 35 ºC de temperatura ambiente y varias horas de exposición directa al sol, la carrocería de un coche blanco puede rondar los 50 o 55 ºC. En cambio, la de un coche negro puede acercarse a los 75 ºC, e incluso superar esa cifra en situaciones extremas.
Hasta 25 ºC de diferencia entre un coche claro y uno oscuro
La diferencia más llamativa se produce en la parte exterior del vehículo. Los colores claros, como el blanco o el plata, son los que menos calor acumulan. Después aparecen tonos intermedios, como el gris o el rojo, mientras que los colores oscuros, como el azul marino, el verde oscuro o el negro, son los que más temperatura pueden alcanzar.
De forma orientativa, un coche blanco puede situarse alrededor de los 50 ºC en la carrocería y unos 55 ºC en el interior. Un modelo plata se movería en cifras similares, con unos 52 ºC fuera y cerca de 57 ºC dentro. En tonos más oscuros, como el gris, el rojo o el azul oscuro, las temperaturas aumentan progresivamente, hasta llegar al negro, que puede alcanzar unos 75 ºC en la chapa y alrededor de 74 ºC en el habitáculo.
Para que tengas una orientación más exacta, te facilito una tabla con la relación del color y temperatura interior y exterior que tendrá tu coche en días de mucho calor.
| Color del coche | Temperatura aproximada de la carrocería | Temperatura aproximada del interior |
|---|---|---|
| Blanco | 50 ºC | 55 ºC |
| Plata | 52 ºC | 57 ºC |
| Gris | 57 ºC | 61 ºC |
| Rojo | 64 ºC | 66 ºC |
| Azul oscuro | 66 ºC | 67 ºC |
| Verde oscuro | 67 ºC | 68 ºC |
| Negro | 75 ºC | 74 ºC |
El interior se calienta aunque el coche sea blanco
Conviene aclarar un punto importante: el color de la carrocería no evita que el interior se convierta en un horno. Una vez que la radiación solar atraviesa los cristales, el calor queda atrapado dentro del habitáculo por el conocido efecto invernadero.
Por eso, aunque un coche claro transmite algo menos de calor desde la carrocería, la diferencia dentro del vehículo suele ser más reducida que en el exterior. Aun así, esos cinco o diez grados menos pueden marcar la diferencia al entrar en el coche, especialmente si hay niños, mascotas o superficies como el volante, la palanca de cambios o los asientos expuestos al sol.
De hecho, algunas zonas interiores pueden superar con facilidad los 80 o 90 ºC tras varias horas de exposición. El salpicadero es uno de los elementos que más temperatura acumula, hasta el punto de resultar incómodo o incluso difícil de tocar durante los primeros minutos.
Cómo reducir el calor dentro del coche
El truco más sencillo sigue siendo uno de los más eficaces: utilizar un parasol reflectante en el parabrisas. No enfría el coche por completo, pero reduce la radiación directa sobre el salpicadero y ayuda a que el habitáculo no alcance temperaturas tan extremas.
También es recomendable recurrir a lunas tintadas homologadas, láminas solares o cristales con tratamiento atérmico, cada vez más habituales en vehículos modernos. Estos elementos reducen parte de la radiación ultravioleta e infrarroja y mejoran el confort térmico.
Cuando sea seguro hacerlo, dejar las ventanillas ligeramente abiertas, apenas uno o dos centímetros, puede favorecer la circulación del aire y evitar que el calor se acumule tanto. Otra opción útil es orientar el coche de forma que el sol no incida directamente sobre el parabrisas, ya que esta zona deja pasar mucha radiación al interior.
En los coches eléctricos e híbridos enchufables, además, hay una ventaja añadida: la climatización programada. Si el vehículo está conectado a la red, se puede enfriar el habitáculo antes de iniciar la marcha sin consumir batería de tracción.
Si el color no te importa, elige siempre el color más "frío"
El color del coche parece una elección menor, pero en zonas cálidas puede influir bastante en el día a día. No significa que haya que descartar un coche negro si es el color que más gusta, pero sí conviene saber que en verano exigirá más al sistema de climatización y hará que el primer contacto con el vehículo sea menos agradable.
En plena transición hacia coches más eficientes, especialmente eléctricos, estos detalles importan. Un habitáculo menos caliente requiere menos energía para enfriarse, mejora el confort y reduce el esfuerzo del sistema de climatización. A veces, la eficiencia no está solo en la batería o en el motor: también empieza por decisiones tan simples como el color de la pintura.
