Waymo compra por 190 millones de euros el enorme circuito donde Apple probó su coche autónomo

Waymo refuerza su apuesta por el coche autónomo con la compra de un gigantesco campo de pruebas en Arizona que perteneció a Apple. Una operación cargada de simbolismo, ya que el mismo lugar donde el Project Titan terminó apagándose será ahora clave para acelerar la expansión de los robotaxis de Alphabet.

Nueva pista de pruebas de Waymo comprada a Apple

Waymo acaba de quedarse con uno de esos activos que explican mejor que cualquier comunicado hacia dónde va la carrera del coche autónomo. La filial de Alphabet ha comprado en Wittmann, Arizona, un enorme campo de pruebas de 5.500 acres que hasta ahora estaba vinculado al fallido coche autónomo de Apple.

La operación asciende a 220 millones de dólares, unos 190 millones de euros al cambio. La compra fue registrada el 5 de junio en el condado de Maricopa y Waymo confirmó la adquisición a TechCrunch.

Waymo compra el circuito donde Apple probó su coche autónomo

La noticia tiene una lectura empresarial evidente, pero también una carga simbólica muy potente. Apple pagó en 2021 unos 125 millones de dólares por estas instalaciones, alrededor de 108 millones de euros al cambio actual, después de haberlas usado durante años para su secreto Project Titan. Ahora, tras cancelar definitivamente su programa de coche autónomo en 2024, ese mismo terreno pasa a manos de Waymo, precisamente la compañía que más lejos ha llegado en la comercialización real de robotaxis.

El complejo está situado en Wittmann, Arizona, y no es un simple terreno vacío. Antes de estar vinculado a Apple, ya había sido utilizado por Fiat Chrysler como zona de pruebas en condiciones de calor extremo para vehículos y componentes. Es decir, hablamos de una instalación pensada desde su origen para poner coches al límite.

Un campo de pruebas hecho a medida para robotaxis

El recinto cuenta con una pista urbana de 115 acres, una zona de dinámica de vehículos de 35 acres, un óvalo de cuatro millas y un trazado específico para simular autopistas. Para Waymo, esto supone añadir una infraestructura clave a su red de ensayos cerrados, que ya incluía Castle Proving Ground en California y el Transportation Research Center en Ohio, aunque ninguno alcanza la escala de este complejo de Arizona.

La compañía utilizará estas instalaciones para reproducir situaciones de tráfico en un entorno controlado, validar pruebas sin conductor de seguridad, afinar el control del movimiento de sus vehículos y entrenar procesos operativos antes de desplegarlos en la vía pública. Dicho de otra forma: Waymo gana un laboratorio gigante para acelerar el salto entre desarrollo, pruebas y servicio comercial.

Arizona se convierte en una pieza central para Waymo

La operación encaja especialmente bien con la estrategia de Waymo en Arizona. La empresa ya dispone en Mesa de una planta de 239.000 pies cuadrados donde Magna integra el hardware de conducción autónoma de Waymo en sus nuevos vehículos, incluidos los robotaxis desarrollados sobre la plataforma Zeekr y, más adelante, el Hyundai IONIQ 5.

Tener una instalación de pruebas de 5.500 acres relativamente cerca de esa capacidad industrial permite acortar tiempos, probar nuevas configuraciones y preparar la expansión de flota con más control. Y esa expansión no es menor: Waymo anunció este año una ronda de financiación de 16.000 millones de dólares, valorando la compañía en 126.000 millones de dólares. 

El objetivo es claro: llevar los robotaxis a más ciudades, aumentar la cobertura y acercarse a una escala que ningún otro competidor ha logrado todavía. Mientras Tesla sigue prometiendo un servicio de robotaxi basado en su enfoque de cámaras y software, Waymo continúa apostando por una estrategia mucho más costosa, pero también más tangible: vehículos específicos, sensores avanzados, mapas, centros de integración y ahora un gigantesco campo de pruebas propio.

Waymo quiere ser la empresa de robotaxis de referencia mundial

Esta compra resume muy bien la diferencia entre prometer autonomía y construirla. Apple tenía dinero, talento y ambición, pero nunca consiguió convertir el Project Titan en un producto real. Waymo, en cambio, lleva años avanzando de forma menos vistosa, pero mucho más constante.

El campo de pruebas de Arizona no garantiza por sí solo el éxito, pero sí refuerza una idea: la conducción autónoma no se escala solo con presentaciones llamativas o vídeos virales. Hace falta infraestructura, kilometraje, validación y una paciencia industrial enorme. Y en ese terreno, hoy Waymo parece estar jugando en otra liga.

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