Ford prepara nuevos despidos en su fábrica de Colonia por culpa de los eléctricos
La supuesta baja demanda de coches eléctricos según Ford es la causante de los 1.000 despidos en la fábrica de Colonia (Alemania)
Ford ha confirmado un nuevo recorte de personal en su planta de Colonia, Alemania, donde se fabrican sus modelos eléctricos. A partir de enero de 2026, la fábrica pasará de operar con dos turnos a funcionar con un único turno de producción. Este cambio supondrá la eliminación de alrededor de 1.000 puestos de trabajo adicionales, una decisión que la compañía justifica por la ralentización de la demanda de vehículos eléctricos en Europa, que sigue muy por debajo de las previsiones iniciales.
Este anuncio se suma al plan de reestructuración que Ford presentó a finales de 2024, en el que contemplaba la supresión de 4.000 empleos en Europa antes de 2027, cerca del 14% de su plantilla en la región. Los países más afectados son Alemania y Reino Unido, donde la compañía mantiene gran parte de su actividad productiva y de desarrollo. Con esta nueva reducción, la cifra se eleva todavía más, intensificando la preocupación entre los trabajadores y sindicatos locales.
Un contexto complicado para el mercado eléctrico
Aunque Ford señala la debilidad de la demanda como la causa principal de este ajuste, los datos ofrecen una lectura más compleja. Según la Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA), entre enero y julio de 2025 se registraron en la Unión Europea más de un millón de coches eléctricos de batería, lo que supone un crecimiento respecto al año pasado y una cuota de mercado del 15,6%. Países como España, Alemania e Italia han experimentado incrementos de dos dígitos en las matriculaciones.
Sin embargo, este crecimiento, aunque positivo, no se ajusta a las expectativas con las que muchos fabricantes planificaron sus inversiones. La retirada parcial de incentivos en mercados clave como Alemania ha afectado a la capacidad de atracción de los vehículos eléctricos, mientras que la competencia de fabricantes chinos como BYD, que ofrecen modelos más asequibles, está presionando a marcas tradicionales como Ford.
En el caso concreto de Alemania, los datos de la Autoridad Federal del Transporte Motorizado (KBA) muestran que Ford registró 10.924 coches eléctricos hasta agosto, lo que representa menos del 15% del total de sus ventas en el país. Una cifra muy modesta si se tiene en cuenta que la marca ha invertido cerca de 2.000 millones de euros (unos 2.400 millones de dólares) para modernizar la planta de Colonia y convertirla en el eje de su estrategia eléctrica en Europa.
Modelos en producción y perspectivas
Actualmente, en Colonia se ensamblan los nuevos Ford Explorer y Capri, dos SUV eléctricos que debían convertirse en pilares de la ofensiva de la compañía en Europa. A ellos se suma el Puma Gen-E, la versión eléctrica del modelo más vendido de Ford en el continente, que además fue el primer coche en beneficiarse íntegramente de la nueva ayuda del Reino Unido a la compra de vehículos eléctricos, con un descuento de 3.750 libras (unos 5.000 dólares / 4.650 euros).
A pesar de estas apuestas, el mercado no ha respondido con la fuerza necesaria para garantizar un ritmo de producción elevado. La compañía ya vivió este año una huelga histórica en Colonia, que paralizó temporalmente la fábrica, y ahora se enfrenta a un nuevo desafío que podría afectar de nuevo al suministro y la cadencia de entregas.
Un futuro incierto para la estrategia de Ford
La situación de Ford refleja el dilema que viven muchos fabricantes europeos: las inversiones multimillonarias para electrificar su gama avanzan más rápido que la demanda real del consumidor. Los elevados precios, la incertidumbre sobre las ayudas públicas, las dudas sobre la infraestructura de carga y la presión de marcas asiáticas con costes más bajos ponen en jaque los planes de transición.
La marca del óvalo azul asegura que sigue comprometida con la electrificación, pero admite que debe ajustar sus operaciones a la realidad del mercado. En este sentido, los recortes en Colonia son una señal clara de que el camino hacia una movilidad 100% eléctrica en Europa será más complejo de lo previsto y que no todos los fabricantes podrán mantener el mismo ritmo de inversión y empleo.