La ciudad española sin cortes de luz: 78 baterías de Nissan Leaf la blindan contra apagones
Nissan ha dado una segunda vida a decenas de baterías usadas del LEAF en Melilla, donde ahora forman parte de un sistema de almacenamiento capaz de reforzar la red eléctrica de la ciudad y actuar como respaldo en caso de apagón
Nissan ha encontrado una salida mucho más inteligente para las baterías de sus LEAF que ya no sirven para mover un coche eléctrico: convertirlas en una enorme batería estacionaria capaz de reforzar la red eléctrica de una ciudad entera.
El proyecto tiene lugar en Melilla, donde la compañía japonesa, junto a Enel, Endesa y Loccioni, ha dado una segunda vida a decenas de baterías procedentes del Nissan LEAF. El resultado es un sistema de almacenamiento de 4 MW y 1,7 MWh instalado en la central térmica de Endesa, pensado para actuar como respaldo en caso de fallo de suministro.
Nissan convierte las baterías usadas del LEAF en un gran respaldo eléctrico para Melilla
Durante años, el Nissan LEAF ha sido uno de los coches eléctricos más vendidos del mundo, y eso tiene una consecuencia lógica: muchas de sus baterías ya han llegado al final de su primera vida útil en el vehículo. Algunas proceden de unidades con mucho kilometraje, otras de sustituciones en garantía y otras simplemente ya no ofrecen el rendimiento necesario para seguir funcionando dentro de un coche.
Pero eso no significa que estén inservibles. Una batería que ha perdido parte de su capacidad para automoción todavía puede ser muy útil en aplicaciones estacionarias, donde el peso, el tamaño o la entrega de potencia no son tan críticos como en un vehículo eléctrico.
Ahí es donde entra en juego el proyecto Second Life, una iniciativa que demuestra que la batería de un coche eléctrico no tiene por qué acabar directamente en una planta de reciclaje. Antes puede seguir trabajando durante años como apoyo para la red eléctrica.
Un “Power Bank” gigante con 78 baterías de Nissan LEAF
La instalación de Melilla está formada por 78 baterías de Nissan LEAF, de las cuales 48 son baterías reutilizadas y 30 son nuevas, estas últimas empleadas también como referencia de rendimiento dentro del sistema. Todas ellas trabajan de forma conjunta para almacenar energía y liberarla cuando la red lo necesita.
En la práctica, funciona como una batería externa gigante, pero en lugar de cargar un móvil o un ordenador portátil, está preparada para ayudar a mantener el suministro eléctrico de una ciudad completa. Según los datos del proyecto, puede inyectar energía en la red de Melilla durante unos 15 minutos si la central queda desconectada del sistema, un margen suficiente para recuperar la operación y evitar un apagón prolongado.
Puede parecer poco tiempo, pero en una red aislada como la de Melilla, que no está conectada al sistema peninsular, esos minutos son críticos. No se trata de alimentar la ciudad durante horas, sino de ofrecer una respuesta rápida y estable justo en el momento más delicado: cuando se produce una caída o una pérdida de generación.
Economía circular aplicada al coche eléctrico
El valor de este proyecto va mucho más allá de Melilla. Nissan lleva años trabajando en la reutilización de baterías junto a socios como Sumitomo Corporation a través de 4R Energy, bajo una filosofía basada en cuatro ideas: reutilizar, revender, refabricar y reciclar.
Este enfoque permite alargar la vida útil de componentes muy valiosos antes de pasar a la fase final de reciclaje. Además, reduce la necesidad de fabricar nuevas baterías estacionarias desde cero, con el consiguiente ahorro de materiales críticos, energía y emisiones asociadas a la producción.
Otro punto interesante es que las baterías no tienen que desmontarse celda por celda para integrarse en el sistema. En este proyecto, los packs se instalan de forma mucho más directa, algo que simplifica el proceso, reduce costes y mejora la seguridad de la operación.
Una solución clave para redes eléctricas más renovables
El almacenamiento será una pieza esencial en los próximos años. A medida que crece la presencia de energías renovables, también aumenta la necesidad de contar con sistemas capaces de guardar energía cuando sobra y liberarla cuando hace falta.
Las baterías de segunda vida pueden jugar un papel importante en ese equilibrio. No siempre serán la solución para grandes necesidades energéticas, pero sí pueden convertirse en una herramienta muy útil para redes aisladas, instalaciones industriales, puntos de recarga o sistemas de respaldo.
El futuro de las baterías de coches eléctricos pasa por proyectos como el de Melilla
Lo más interesante del caso de Melilla no es solo que Nissan haya encontrado una forma de aprovechar baterías usadas, sino que demuestra algo que a menudo se pasa por alto: el coche eléctrico no termina en el coche. Sus componentes, especialmente la batería, pueden tener una segunda etapa de vida con un impacto real en el sistema energético.
Durante años se ha repetido que las baterías de los eléctricos serían un problema ambiental. Proyectos como este no eliminan todos los retos, pero sí enseñan que hay margen para hacerlo mucho mejor. Si una batería que ya no sirve para un LEAF puede ayudar a evitar apagones en una ciudad, quizá estamos mirando el final de vida de los coches eléctricos con una visión demasiado limitada.