BYD quiere comprar fábricas en Europa y Stellantis ya está en el punto de mira
Europa empieza a convertirse en el nuevo tablero de juego para los fabricantes chinos. Tras años de crecimiento en su mercado local, marcas como BYD buscan ahora consolidarse en el Viejo Continente no solo vendiendo coches, sino también fabricándolos aquí.
La estrategia va mucho más allá de abrir concesionarios o lanzar nuevos modelos eléctricos. BYD estaría negociando con Stellantis y otros grandes grupos europeos la posible compra o uso de fábricas ya existentes, una fórmula rápida para ganar capacidad industrial y esquivar parte de las barreras comerciales impuestas por Bruselas.
BYD quiere fábricas europeas para acelerar su expansión
La vicepresidenta ejecutiva de BYD, Stella Li, ha reconocido durante el evento Future of the Car organizado por el Financial Times que la compañía mantiene conversaciones con varios fabricantes europeos, entre ellos Stellantis, para hacerse con plantas ya construidas.
El movimiento supone un cambio relevante en la hoja de ruta de BYD. Hasta ahora, la marca china había apostado por levantar sus propias instalaciones desde cero, como la fábrica de Hungría, que debería entrar en funcionamiento próximamente, o su futura planta en Turquía.
Sin embargo, comprar una fábrica ya operativa permitiría a BYD ganar tiempo, reducir costes y empezar a producir coches eléctricos en Europa mucho antes.

Italia, entre los países que más interesan a BYD
Según Stella Li, Italia figura entre los mercados prioritarios para este tipo de operaciones. La razón es sencilla: Europa cuenta con una importante capacidad industrial infrautilizada. Muchas plantas trabajan por debajo de su potencial debido a la caída de producción, la menor demanda y la transformación hacia el coche eléctrico.
BYD quiere aprovechar ese escenario, pero con una condición clara: gestionar las fábricas por su cuenta. La directiva descartó la idea de crear una empresa conjunta para fabricar vehículos, aunque sí abrió la puerta a colaborar con otros fabricantes en baterías, tecnología o suministros.
En otras palabras, BYD no quiere compartir el control industrial. Quiere producir en Europa, pero bajo sus propias reglas.
Stellantis, en el centro de los rumores
El interés de BYD llega en un momento delicado para Stellantis. El grupo atraviesa una etapa de ajustes industriales y revisión de activos vinculados al coche eléctrico. Además, algunas de sus fábricas europeas tienen un futuro incierto por la bajada de producción.
La planta de Figueruelas, en Zaragoza, ya ha quedado vinculada a Leapmotor, socio chino de Stellantis, para la fabricación de nuevos modelos. No es un caso aislado: Chery también dio un paso importante al entrar en las antiguas instalaciones de Nissan en la Zona Franca de Barcelona junto a EBRO.
Estos movimientos muestran una tendencia clara: los fabricantes chinos no quieren limitarse a exportar coches desde Asia. Quieren fabricar en Europa para ganar legitimidad, reducir aranceles y acercarse al cliente europeo.
Europa necesita industria, China necesita fábricas
Para BYD, producir en suelo europeo tendría varias ventajas. La primera es evitar parte del impacto de los aranceles a los coches eléctricos fabricados en China. La segunda, mejorar su imagen ante gobiernos y consumidores. Y la tercera, asegurar capacidad productiva en un mercado clave para su expansión internacional.
China se ha quedado pequeña para muchos de sus fabricantes, especialmente tras años de guerra de precios que han reducido márgenes. Europa, pese a sus dificultades, sigue siendo un mercado estratégico, con una red industrial muy valiosa y fábricas que necesitan nuevos proyectos.
Las reglas del juego están cambiando, las marcas chinas quieren fabricar en Europa
La entrada de BYD en fábricas europeas puede verse como una amenaza, pero también como una oportunidad. Si estas operaciones salvan empleos y mantienen actividad industrial, Europa no debería rechazarlas de entrada. El problema es otro: que las marcas europeas pierdan el control tecnológico y productivo justo en plena transición eléctrica.
Bruselas ha intentado levantar barreras, pero la realidad es que China está encontrando caminos alternativos. Si Europa quiere competir, no basta con imponer aranceles. Necesita coches eléctricos atractivos, asequibles y fabricados con una estrategia industrial clara.