Los beneficios de Porsche se desploman un 99%, ¿hay crisis?

Escudos-Porsche

Porsche atraviesa una importante crisis, aunque el grupo Volkswagen confía en revertir la situación y tratarse de algo puntual

La marca de Stuttgart no atraviesa su mejor momento. Aunque para muchos aficionados Porsche sigue siendo sinónimo de la excelencia automovilística, ese prestigio no es suficiente para calmar a los altos directivos del Volkswagen Group. Los números hablan por sí solos.

A finales del pasado año ya se habían encendido las alarmas: las ventas globales acumulaban varios meses en números rojos, lo que ponía en peligro cerca de 8.000 puestos de trabajo. En ese momento, la causa principal señalada era la cuesta que supone la transición hacia la movilidad eléctrica, un proceso que está resultando problemático para muchas firmas, incluida Porsche. Los meses transcurridos en 2025 no han mejorado la situación; según sus propios datos, la tendencia ha empeorado.

Uno de los errores más costosos fue la retirada de modelos clave de los que dependía la firma: los deportivos de gasolina Porsche 718 Boxster y Porsche 718 Cayman, y la gama térmica del Porsche Macan. Precisamente este último había sido durante una década la “gallina de los huevos de oro” del fabricante, registrando cifras muy superiores a las que ahora está obteniendo la versión completamente eléctrica del Macan. Es decir: cambiar prematuramente el foco hacia lo eléctrico, sin la suficiente aceptación por parte del cliente, ha resultado ser un error costoso.

Los datos financieros del periodo enero–septiembre de 2025 confirman la gravedad del escenario: el grupo Dr Ing h.c. F. Porsche AG reportó un beneficio operativo de solo 40 millones de euros, frente a los 4.035 millones de euros del mismo periodo del año anterior. Eso supone una caída del 99 % en su beneficio operativo. Paralelamente, la rentabilidad operativa pasó del 14,1 % a apenas el 0,2 %.

Las ventas cayeron un 6 %: de 226.026 unidades entregadas en los primeros nueve meses de 2024, a 212.509 unidades en el mismo periodo de este año. Y los ingresos por ventas siguieron la misma senda: de 28.560 millones de euros bajaron a 26.860 millones.

¿Qué explican desde Porsche? La compañía atribuye estos malos resultados a una combinación de factores: la transición acelerada hacia el vehículo eléctrico (y sus costes asociados), la debilidad en mercados clave como China, la presión de aranceles en EE.UU., y las importantes inversiones extraordinarias en realineación estratégica. En sus propias palabras, se trata de “aceptar conscientemente cifras clave temporalmente más débiles para fortalecer la rentabilidad y la resiliencia a largo plazo”.

Como parte de esta estrategia de reinventarse, Porsche anuncia que complementará su gama con nuevos modelos de combustión interna y con híbridos enchufables, atrasando el lanzamiento de algunos modelos 100 % eléctricos que estaban previstos para la década de 2030. Igualmente, se replanteará la plataforma eléctrica prevista, coordinando su desarrollo con otras marcas del grupo Volkswagen.

En el plano directivo, también hay movimiento: Oliver Blume, actual CEO de Porsche y del Grupo Volkswagen, dejará la dirección de Porsche para concentrarse únicamente en el grupo Volkswagen. A principios de 2026 asumirá la gestión de Porsche Michael Leiters. Blume no rehúye la realidad y lo ha reconocido en una entrevista: “Porsche está en una crisis masiva. Con China, los aranceles estadounidenses, Rusia y Ucrania, nos están faltando los ingresos de dos tercios de los mercados donde estamos presentes”. Veremos si Leiters consigue revertir la situación.

En definitiva: Porsche está apostando por entender este bache como un sacrificio temporal para llegar con fortaleza a la era eléctrica, pero el riesgo de que el coste sea elevadísimo —a nivel financiero, de marca, y de estructura— es real. Se espera que a partir de 2026 haya un claro repunte, según la propia firma.

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