La DGT compra 15 nuevos radares casi invisibles: vigilan seis carriles y llegan este verano. Te cuento todo sobre ellos

La DGT se prepara para reforzar sus controles de velocidad con 15 nuevos radares móviles de última generación, unos dispositivos mucho más pequeños, ligeros y difíciles de detectar que los equipos tradicionales. Con capacidad para vigilar varios carriles, operar en ambos sentidos y funcionar incluso de noche, estos nuevos cinemómetros prometen aumentar la presión sobre los conductores en carreteras, autopistas y puntos donde hasta ahora era más complicado desplegar controles.

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La DGT prepara un nuevo salto tecnológico en el control de velocidad en España y esto te va a afectar seguro. La última compra de radares móviles confirma que Tráfico quiere equipos más pequeños, más fáciles de ocultar y capaces de vigilar varios carriles al mismo tiempo.

La operación, adjudicada a Tradesegur y publicada en el BOE, contempla 15 nuevos radares dinámicos destinados a la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. El importe confirmado por varias fuentes ronda los 1,23 millones de euros, con un coste aproximado de más de 80.000 euros por unidad. Pero tranquilos, todo es por nuestra seguridad (modo ironía on).

La DGT compra 15 nuevos radares móviles mucho más difíciles de ver

La Dirección General de Tráfico vuelve a reforzar su arsenal tecnológico. En esta ocasión no hablamos de grandes cabinas fijas ni de radares de tramo perfectamente señalizados, sino de una nueva generación de cinemómetros móviles pensados para operar con mucha más discreción.

Estos 15 nuevos dispositivos están destinados a sustituir equipos que ya habían quedado fuera de servicio por averías, antigüedad u obsolescencia. Según la información publicada, el contrato establece un plazo de entrega máximo de cuatro meses, por lo que su llegada a las carreteras españolas encaja de lleno con los meses de mayor movilidad del año.

Pequeños, ligeros y rápidos de desplegar

La gran diferencia frente a los radares móviles tradicionales está en el formato. Estos nuevos equipos apenas alcanzan los 40 centímetros y pesan alrededor de 2 kilos, lo que cambia por completo la forma en la que pueden ser utilizados por los agentes.

Hasta ahora, muchos radares móviles requerían más espacio, más tiempo de instalación y ubicaciones relativamente previsibles. Con estos nuevos dispositivos, un solo agente puede transportarlos, colocarlos en un trípode o integrarlos en un vehículo camuflado en cuestión de minutos.

Esa facilidad de uso también aumenta su capacidad para pasar desapercibidos. Al tratarse de radares móviles, la DGT no está obligada a publicar su ubicación exacta, a diferencia de lo que ocurre con los radares fijos. Esto permite colocarlos en puntos donde antes era mucho más complicado establecer controles de velocidad.

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Nuevo radar móvil fácil de instalar y de tamaño muy pequeño

Pueden vigilar hasta seis carriles y ambos sentidos

Su tamaño reducido no significa que sean menos capaces. Al contrario, estos nuevos radares incorporan cámaras de alta resolución y tecnología preparada para controlar hasta seis carriles de circulación de forma simultánea. Además, pueden vigilar los dos sentidos de la marcha al mismo tiempo, una función especialmente útil en carreteras convencionales y vías con mucho tráfico.

También están preparados para trabajar de día, de noche y en condiciones de visibilidad reducida. Su rango de medición llega hasta los 300 km/h, una cifra muy por encima de cualquier límite legal en España, pero útil para garantizar precisión técnica en escenarios muy distintos.

Radares que pueden esconderse casi en cualquier sitio

Uno de los puntos más polémicos está precisamente en su capacidad de ocultación. Según La Razón, ya se han visto unidades colocadas junto a señales de tráfico o hitos kilométricos, como ocurrió en Hospital de Órbigo, en León.

Esta flexibilidad permite a la Guardia Civil utilizarlos en túneles, puentes, autopistas, carreteras secundarias o zonas de difícil acceso. Desde el punto de vista operativo, son mucho más versátiles. Desde el punto de vista del conductor, también serán mucho más difíciles de detectar a simple vista.

Más tecnología, pero también más debate

Es evidente que el exceso de velocidad sigue siendo uno de los grandes problemas de seguridad vial. Nadie discute que reducir la velocidad en puntos peligrosos puede evitar accidentes graves. Ahora bien, la pregunta incómoda es otra: ¿estos radares se colocarán donde realmente hay riesgo o donde más fácil sea recaudar?

La tecnología puede ser una gran aliada, pero su uso debería ir acompañado de transparencia. Si el objetivo es prevenir, los controles deberían estar especialmente presentes en tramos con alta siniestralidad, carreteras convencionales peligrosas o zonas donde el exceso de velocidad tenga un impacto directo en la seguridad. Si se convierten simplemente en radares casi invisibles escondidos en lugares estratégicos para sancionar, el debate volverá a estar servido.

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