Nissan podría vender su sede para recibir más de 600 millones de euros y seguir viva
La delicada situación de Nissan está haciendo que cualquier ingreso adicional pueda ser vital para la supervivencia de la marca japonesa
Nissan, el tercer mayor fabricante de automóviles de Japón y pionero del segmento SUV con el exitoso Qashqai, atraviesa una crisis financiera sin precedentes que ha obligado a la compañía a considerar medidas drásticas para asegurar su supervivencia.
Tras reportar una pérdida neta de 671.000 millones de yenes (aproximadamente 4.500 millones de euros) en el ejercicio fiscal que concluyó en marzo de 2025, Nissan ha anunciado un ambicioso plan de reestructuración bajo la dirección de su nuevo CEO, Iván Espinosa, quien asumió el cargo en abril. Este plan incluye la eliminación de 20.000 puestos de trabajo, lo que representa el 15% de su fuerza laboral global, y el cierre de siete de sus 17 plantas de producción en todo el mundo, reduciendo su capacidad manufacturera a 2,5 millones de unidades para 2027.
Una de las decisiones más significativas en este proceso es la posible venta de su sede central en Yokohama, un edificio de 22 pisos inaugurado en 2009 y valorado en más de 100.000 millones de yenes (unos 700 millones de dólares o 650 millones de euros). La compañía contempla una operación de "venta y arrendamiento posterior", lo que le permitiría continuar utilizando las instalaciones mediante un contrato de alquiler a largo plazo, una estrategia similar a la adoptada por McLaren en 2021 con su sede en Woking.
Además de la venta de activos inmobiliarios, Nissan planea recaudar cerca de 1 billón de yenes (aproximadamente 7.000 millones de dólares o 6.500 millones de euros) mediante la emisión de bonos convertibles y otras medidas financieras. Parte de esta financiación incluye un préstamo sindicado de 1.000 millones de libras esterlinas respaldado por el gobierno del Reino Unido para apoyar su planta en Sunderland, que se mantendrá operativa y se enfocará en la producción de vehículos eléctricos.
El plan de reestructuración también contempla la venta de participaciones en empresas asociadas, como Renault y AESC Group, y la posible cesión de plantas en Sudáfrica y México. Estas acciones buscan reducir la deuda acumulada, que se espera alcance los 5.600 millones de dólares para 2026, y permitir a Nissan centrarse en el desarrollo de nuevos modelos eléctricos, como la próxima generación del Leaf y el relanzamiento del Micra en Europa.
Espinosa ha reconocido que los problemas financieros de Nissan se remontan a decisiones estratégicas tomadas en 2015, cuando la empresa apostó por una expansión agresiva que no se tradujo en un aumento sostenido de las ventas. Ahora, con un enfoque renovado en la rentabilidad y la eficiencia, Nissan espera revertir su situación y recuperar su posición en el mercado global para el año fiscal 2026.
La venta de su sede en Yokohama simboliza el compromiso de Nissan con esta transformación profunda, marcando un punto de inflexión en su historia y en su estrategia hacia un futuro más sostenible y competitivo.