Los coches nuevos fallan menos, pero las pantallas táctiles se han convertido en su mayor problema
Los coches nuevos son cada vez más avanzados, conectados y tecnológicos, pero esa evolución también está trayendo nuevos problemas. El último estudio de calidad inicial de J.D. Power confirma que los fallos han bajado en casi todos los apartados, aunque hay una excepción preocupante: las pantallas, el infoentretenimiento y la conectividad con el móvil siguen siendo el gran punto débil del automóvil moderno.
Los coches nuevos cada vez fallan menos, pero hay una parte del habitáculo que sigue dando más quebraderos de cabeza de los esperados: la pantalla central. El último estudio de calidad inicial de J.D. Power vuelve a dejar claro que la industria ha mejorado en casi todos los apartados, aunque el infoentretenimiento se ha convertido en el punto débil de muchos modelos modernos.
Y no es un problema menor. En plena era del coche conectado, Apple CarPlay, Android Auto, Bluetooth, WiFi y las aplicaciones móviles del vehículo ya forman parte de la experiencia diaria de conducción. Cuando algo falla, el usuario no lo percibe como un detalle secundario, sino como un fallo directo en el uso del coche.
Los coches mejoran en calidad, pero las pantallas siguen siendo el gran dolor de cabeza
El informe 2026 U.S. Initial Quality Study de J.D. Power analiza los problemas comunicados por los propietarios durante los primeros 90 días de uso del vehículo. La conclusión general es positiva: la calidad inicial ha mejorado respecto al año anterior y la media del sector ha bajado de 192 a 175 problemas por cada 100 vehículos, el mayor avance interanual desde 1997, según Reuters.
Sin embargo, esa mejora no se reparte por igual. El apartado de infoentretenimiento es la única categoría que empeora en el estudio de este año. J.D. Power sitúa los problemas de este área en 44,4 incidencias por cada 100 coches en marcas generalistas y en 38,3 por cada 100 vehículos en el segmento premium.
Apple CarPlay y Android Auto concentran buena parte de las quejas
Uno de los focos más repetidos está en la conectividad con el teléfono móvil. Según los datos del estudio, los fallos relacionados con Android Auto y Apple CarPlay son el principal responsable del deterioro interanual del infoentretenimiento, con un aumento de 1,4 problemas por cada 100 vehículos.
El problema de fondo es fácil de entender: los teléfonos evolucionan mucho más rápido que los coches. Apple y Google actualizan sus sistemas con frecuencia, mientras que los fabricantes deben comprobar que cada nueva versión sigue funcionando correctamente con el software del vehículo. Y en un coche moderno, esa pantalla no vive aislada: está conectada con climatización, navegación, asistentes, audio, perfiles de usuario, llamadas, cámaras y, en muchos casos, funciones críticas del propio vehículo.
También ganan peso las aplicaciones móviles que permiten abrir o cerrar el coche, activar la climatización, comprobar el estado de carga o arrancar el vehículo a distancia. En los coches eléctricos, además, la app se ha convertido casi en una extensión natural del vehículo. Cuando falla, el usuario siente que pierde parte del control.
El exceso de pantallas empieza a generar rechazo
La cuestión ya no es solo que una conexión inalámbrica tarde en enlazar o que una app se quede colgada. Muchos conductores empiezan a quejarse de que funciones básicas estén escondidas tras menús táctiles. Cambiar la temperatura, activar un desempañador o ajustar un espejo no debería exigir varios toques ni obligar a apartar la vista de la carretera.
La propia Euro NCAP ha incorporado en sus protocolos de 2026 una evaluación más exigente de la interfaz hombre-máquina, prestando atención a la ubicación, claridad y facilidad de uso de los controles esenciales, incluida la presencia de botones físicos para funciones habituales.
La industria ya se está dando cuenta. Volkswagen ha reconocido que los botones físicos volverán a tener protagonismo en sus interiores. Su CEO, Thomas Schäfer, llegó a calificar los mandos físicos como algo “no negociable” para la marca. Hyundai también ha corregido parte de su estrategia tras comprobar que muchos usuarios se frustraban con los controles táctiles para funciones rápidas como la climatización.
Lo más sencillo también cuenta: hasta los portavasos mejoran la percepción de calidad
Curiosamente, uno de los apartados que más ha contribuido a la mejora general no tiene nada que ver con software, inteligencia artificial ni pantallas gigantes. J.D. Power destaca avances en elementos tan cotidianos como los portavasos, ahora mejor ubicados y más preparados para botellas o vasos de distintos tamaños.
También se han reducido las quejas vinculadas a asistentes de conducción, autonomía en vehículos eléctricos, ruido de rodadura y ajustes finales de fabricación. Es decir, el coche como producto físico mejora, pero el coche como dispositivo digital todavía arrastra una curva de aprendizaje complicada.
El botón físico no es nostalgia, es seguridad en muchos casos
Durante años, muchos fabricantes confundieron modernidad con eliminar botones. Una pantalla grande queda muy bien en una presentación, abarata ciertos desarrollos y permite actualizar funciones con más facilidad. Pero conducir no es usar una tablet en el sofá.
El usuario necesita poder accionar lo importante casi sin mirar. Un mando de temperatura, una ruleta de volumen o un botón de desempañado no son elementos antiguos: son soluciones prácticas. La tecnología debe ayudar, no convertir cada gesto en una pequeña distracción.
El futuro del coche conectado no pasa por renunciar a las pantallas, sino por usarlas mejor. La clave estará en combinar software rápido, apps fiables, actualizaciones bien probadas y mandos físicos para las funciones que se utilizan todos los días. El coche puede ser inteligente, sí, pero antes debe ser intuitivo.
