Volvo congela Novo Energy y evidencia la crisis europea de las baterías
Europa se queda sin fabricantes de baterías, todo paso por los chinos
Hace algo más de un año, Volvo Cars sorprendía al mercado al tomar el control total de Novo Energy, una maniobra de emergencia para intentar salvar el proyecto tras el desplome financiero de Northvolt. Hoy, ese intento de independencia ha llegado a su fin: la marca sueca ha decidido poner la compañía en “hibernación” y prescindir de los últimos 75 empleados que aún permanecían en plantilla. Conviene recordar que Volvo forma parte del conglomerado chino Geely, uno de los grandes gigantes del automóvil a nivel global.
Europa sigue sin romper su dependencia de Asia
Durante años, la industria europea ha intentado reducir su fuerte dependencia de las baterías fabricadas en China. Existen iniciativas relevantes, como las gigafactorías impulsadas por Volkswagen, pero la realidad es tozuda: China continúa dominando con claridad la producción de celdas y módulos para vehículos eléctricos. Y, a la vista de los últimos acontecimientos, esa ventaja no parece que vaya a diluirse ni a corto ni a medio plazo.
El caso de Volvo es un claro ejemplo. El proyecto de Novo Energy contemplaba la construcción de una gran planta en Gotemburgo, con capacidad para emplear a unos 3.000 trabajadores y alcanzar una producción anual de 50 GWh, suficiente para abastecer hasta 500.000 coches eléctricos. Sin embargo, tras doce meses de búsqueda intensiva, la compañía reconoce que no ha logrado encontrar un socio tecnológico externo con la experiencia necesaria para poner en marcha la fábrica con garantías.
Una fábrica sin “cerebro” tecnológico
Desde la propia Volvo lo han expresado de forma clara: sin un nuevo aliado industrial, Novo Energy no puede continuar operando según lo previsto. La infraestructura física existe —paredes, suelo y naves industriales—, pero falta el conocimiento clave para fabricar las celdas. En otras palabras, la fábrica está construida, pero carece del “cerebro” tecnológico imprescindible.
Eso sí, este parón no debería alterar los planes inmediatos de producción del nuevo Volvo EX60, un SUV eléctrico que promete hasta 810 kilómetros de autonomía y que estrenará la nueva plataforma SPA3, llamada a ser la base de la próxima generación de modelos eléctricos de la marca.
Un problema estructural para el continente
El frenazo de Novo Energy es solo el último síntoma de una situación más amplia que afecta a toda Europa. Mientras fabricantes como BYD o el propio grupo Geely producen baterías a gran escala en China, el continente europeo sigue encadenando tropiezos en su intento de construir una cadena de valor propia. Los restos de Northvolt que aún sobrevivían han acabado en manos de una gran empresa estadounidense por una fracción de lo que costó levantar el proyecto original.
¿Un futuro chino para Novo Energy?
Pese a todo, Volvo insiste en que su estrategia a largo plazo no se ha desviado. El edificio de la fábrica en Torslanda continúa en pie y la compañía deja la puerta abierta a que tenga un uso “multifuncional”. Sin embargo, siendo realistas, si no aparece pronto un socio europeo o norteamericano con músculo tecnológico, el escenario más probable pasa por recurrir al comodín asiático.
Geely cuenta con la tecnología, la experiencia y los recursos necesarios para desbloquear la situación. No sería extraño que, más pronto que tarde, una empresa china entrase en el accionariado de Novo Energy para reactivar el proyecto. Paradójicamente, la solución al problema europeo de las baterías podría volver a llegar, una vez más, desde China.
Aquí tenemos un ejemplo más como Europa se está quedando atrás y la dependencia futura del sector del automóvil va a pasar si o si por China, y es que no contar con un fabricante europeo de baterías de coches eléctricos deja la puerta abierta a que la única solución pase por fabricantes chinos como CATL, la cual se está posicionando en Europa apoyándose por marcas europeas como Stellantis y su fábrica en Zaragoza.
Bajo mi opinión estamos ante una situación muy peligrosa y delicada para Europa, y es que cada vez tiene menos margen para espabilar y es que la ventaja de China no es que se reduzca, sino que mes tras mes se sigue ampliando respecto al resto.