Polestar anuncia un contra split ¿Qué significa?
Polestar recurre a un split inverso para evitar su exclusión del Nasdaq
La firma sueca de vehículos eléctricos Polestar, respaldada por Volvo y Geely, ha anunciado su intención de ejecutar un split inverso de acciones en una proporción de 1:30 antes de que finalice el año. El objetivo es claro: mantenerse a flote en el índice Nasdaq, donde sus acciones han estado cotizando por debajo del umbral mínimo requerido de 1 dólar, lo que ha provocado una advertencia formal de posible exclusión por parte del organismo regulador del mercado.
Si se lleva a cabo, este movimiento multiplicará teóricamente el precio actual de sus acciones, situándolo en torno a los 15,90 dólares por unidad (aproximadamente 14,80 euros), una cifra que devolvería a Polestar al cumplimiento normativo, pero que también plantea interrogantes importantes sobre la salud real del negocio.
Crece la facturación, pero también las pérdidas
Paradójicamente, esta maniobra financiera llega en un momento en que Polestar presume de cifras de crecimiento relevantes. En el último ejercicio, la compañía logró aumentar sus ingresos en casi un 49 %, alcanzando los 2.170 millones de dólares (unos 2.020 millones de euros), mientras que las entregas minoristas crecieron un 36,5 %. Sin embargo, este aumento de actividad no se ha traducido en beneficios: hasta septiembre, la compañía acumulaba unas pérdidas netas de 1.560 millones de dólares (cerca de 1.450 millones de euros), un salto significativo frente a los 867 millones del mismo periodo en 2024.
Este desajuste entre crecimiento e ingresos evidencia que Polestar sigue atrapada en una dinámica que muchos fabricantes de coches eléctricos conocen bien: vender más no siempre significa ganar más. Los márgenes siguen siendo estrechos, los costes de producción se mantienen elevados y la presión de los competidores –especialmente los que operan con incentivos fiscales agresivos, como BMW o Kia en EE.UU.– no deja espacio para respirar.
¿Qué implica un split inverso?
En términos simples, un split inverso consiste en agrupar varias acciones existentes en una sola, lo que no modifica el valor total del capital bursátil, pero sí incrementa el precio individual de cada título. En el caso de Polestar, cada treinta acciones actuales pasarán a convertirse en una sola, lo que aumentará artificialmente el precio por unidad sin que ello signifique una mejora real en los fundamentales del negocio.
Este tipo de estrategia suele utilizarse como último recurso para evitar el riesgo de ser expulsado de la bolsa, y aunque puede generar un efecto positivo a corto plazo en la percepción del mercado, no está exento de riesgos. En muchos casos, ha servido únicamente para ganar tiempo antes de una caída mayor, como ya ocurrió con marcas como Lordstown Motors o Faraday Future, cuyos splits inversos no lograron revertir una tendencia descendente más profunda.
El contexto: una industria bajo presión
Polestar no es la única compañía de vehículos eléctricos que atraviesa un momento delicado. La industria en general está experimentando una fase de ajuste tras el boom inicial de electrificación. Factores como el endurecimiento de las políticas arancelarias en Estados Unidos –especialmente bajo la administración Trump–, la saturación de ciertos segmentos del mercado y la creciente competencia tanto de fabricantes tradicionales como emergentes están redefiniendo las reglas del juego.
En este entorno, la rentabilidad se ha convertido en una meta cada vez más esquiva, y muchas startups del sector están pagando el precio de haber priorizado el crecimiento sin una estructura de costes eficiente. Polestar, pese a sus avances tecnológicos y un diseño de producto atractivo, sigue sin lograr el equilibrio necesario para consolidarse como un actor rentable.
Una maniobra táctica, no una solución estructural
La decisión de llevar a cabo este split inverso debe interpretarse como una jugada táctica para evitar el delisting, más que como un cambio estructural en la estrategia de la empresa. No modifica el modelo de negocio, no aporta nuevas soluciones para los problemas de fondo y, en última instancia, sólo ofrece un respiro temporal en el tablero bursátil.
Queda por ver si Polestar sabrá aprovechar esta oportunidad para enderezar su rumbo y avanzar hacia un modelo más sostenible en términos financieros. Porque, al final, lo que determinará su supervivencia no será el valor de sus acciones en pantalla, sino su capacidad para generar valor real en un mercado cada vez más competitivo.