Mercedes tiene un problema con su nuevo GLC eléctrico: la demanda supera a la producción
El nuevo Mercedes GLC eléctrico ha despertado un fuerte interés entre los clientes europeos, pero su llegada al mercado no está avanzando al ritmo previsto. Los problemas en el suministro de baterías y cableado están ralentizando la producción en Bremen, provocando retrasos en las entregas y dando ventaja a rivales directos como el BMW iX3.
El Mercedes GLC eléctrico tenía todos los ingredientes para convertirse en uno de los grandes lanzamientos premium del año: una carrocería SUV muy reconocible, tecnología de 800 voltios, buena autonomía y una demanda que, sobre el papel, parecía más que asegurada.
Pero el arranque comercial no está siendo tan limpio como esperaba la marca alemana. La producción en Europa se ha visto condicionada por la falta de baterías y de mazos de cableado, dos piezas críticas que han ralentizado las entregas y han dado aire a rivales directos como el BMW iX3.
El Mercedes GLC eléctrico se atasca justo cuando más interés despierta
Mercedes-Benz se ha encontrado con un problema incómodo: tiene demanda, pero no está pudiendo transformar ese interés en entregas al ritmo esperado. Según datos recogidos por Electrive a partir de informaciones de Handelsblatt y Dataforce, hasta finales de mayo se habían matriculado unas 3.300 unidades del GLC eléctrico en Europa, una cifra modesta frente a las casi 15.500 unidades del BMW iX3, que comenzó sus entregas apenas unas semanas antes.
La comparación duele especialmente porque el GLC eléctrico es un modelo clave para Mercedes. No hablamos de un eléctrico más dentro de la gama, sino de un SUV llamado a ocupar un papel central en la transición de la marca hacia una oferta más electrificada.
Las baterías de CATL, el primer gran cuello de botella
Uno de los principales problemas ha estado en el suministro de baterías. Mercedes esperaba apoyarse en la nueva planta de CATL en Debrecen, Hungría, una instalación pensada precisamente para reforzar la producción europea de vehículos eléctricos y reducir la dependencia logística de Asia.
Sin embargo, los retrasos vinculados a la certificación medioambiental de la fábrica húngara han complicado los planes. Como solución provisional, Mercedes ha tenido que recurrir al envío de baterías desde China por vía marítima, lo que alarga los plazos logísticos y resta flexibilidad a la fábrica de Bremen.
El resultado es evidente: aunque el coche gusta y los pedidos existen, la cadena de suministro no está acompañando al ritmo que exige un lanzamiento de este tamaño.
El cableado también ha frenado la producción en Bremen
A la tensión con las baterías se ha sumado otro problema menos visible, pero igual de importante: los mazos de cables. Estos componentes, fabricados con un alto grado de personalización y mucha intervención manual, no son fáciles de sustituir de un día para otro.
Según las informaciones publicadas, las inundaciones en Marruecos afectaron a una planta del proveedor Kromberg & Schubert, generando interrupciones en la fabricación de estos sistemas de cableado. Mercedes ha reconocido dificultades durante el arranque de producción con un número reducido de proveedores, aunque sostiene que ha trabajado con ellos para estabilizar la situación.
Un SUV eléctrico con argumentos, pero con entregas demasiado lentas
El problema para Mercedes es que el GLC eléctrico no parte de una mala base. La versión GLC 400 4MATIC ofrece 360 kW, batería útil de 94 kWh y ofreciendo una autonomía de unos 652 kilómetros y carga rápida de hasta 330 kW, con un 10 al 80% anunciado en 22 minutos.
También existen versiones más accesibles como los GLC 250 y GLC 300 4MATIC, con batería de 85 kWh y potencias de 260 y 310 kW respectivamente, lo que permite a Mercedes cubrir una horquilla más amplia dentro del segmento premium.
El problema no es tanto el producto como el momento. Con esperas cercanas a los seis meses en algunos mercados, muchos clientes podrían mirar hacia alternativas disponibles antes, especialmente en un segmento donde BMW, Audi y Tesla no se quedan quietos.
Mercedes no puede permitirse otro arranque tibio porque la competencia se lo comerá
El GLC eléctrico llega en un momento delicado para Mercedes. La marca necesita demostrar que puede competir en eléctricos no solo con tecnología, diseño o calidad percibida, sino también con capacidad industrial. Porque en 2026 ya no basta con presentar un buen coche: hay que fabricarlo rápido, entregarlo a tiempo y mantener una experiencia de compra a la altura del precio.
Lo más preocupante no es que haya problemas puntuales con proveedores. Eso puede pasar incluso a los fabricantes más preparados. Lo delicado es que ocurra justo en el lanzamiento de un modelo tan estratégico y frente a un BMW iX3 que parece haber entrado con mucha más fuerza comercial.
Si Mercedes consigue estabilizar la producción durante los próximos meses, el GLC eléctrico todavía tiene margen para convertirse en un éxito. Pero el aviso está ahí: en la nueva era del coche eléctrico, la cadena de suministro puede ser tan decisiva como la autonomía, la potencia o el logotipo del capó.
