España y Francia se juegan la nueva fábrica europea de BYD: el gigante chino quiere producir ya en la UE
BYD acelera su ofensiva industrial en Europa y España vuelve a ganar protagonismo en los planes del gigante chino. La compañía estudia instalar su segunda fábrica europea de turismos en territorio comunitario, con España y Francia como principales candidatas, en una estrategia que busca reducir la dependencia de las importaciones desde China, esquivar aranceles y responder al fuerte crecimiento de sus ventas en el continente.
BYD ya no mira a Europa únicamente como un mercado donde vender coches eléctricos e híbridos enchufables. El gigante chino ha pasado a una fase mucho más ambiciosa: fabricar dentro del continente para ganar velocidad, reducir costes logísticos y blindarse frente al nuevo escenario comercial de la Unión Europea.
La compañía estaría acelerando la elección de su segunda planta europea de turismos, y España y Francia figuran ahora entre las opciones con más fuerza. La decisión llega en un momento clave, justo cuando los fabricantes chinos necesitan dejar de depender tanto de las importaciones desde Asia para competir de tú a tú con las marcas tradicionales europeas.
BYD estrecha el cerco: España y Francia compiten por su segunda fábrica europea
La ofensiva industrial de BYD en Europa entra en una etapa decisiva. Tras confirmar Hungría como su primer gran centro de producción de turismos en la Unión Europea, la marca de Shenzhen ya trabaja en un segundo emplazamiento que le permita aumentar capacidad y acercar sus coches a los principales mercados del continente. Aunque inicialmente estaba destinada en Turquía, la compañía ha decidido paralizar el proyecto y buscar otras opciones más interesantes para la marca china.
Según las últimas informaciones, España y Francia están entre las candidatas mejor posicionadas para acoger esta nueva planta. No se trataría de levantar una fábrica desde cero, sino de aprovechar instalaciones ya existentes, una fórmula mucho más rápida y realista en el contexto actual.
La estrategia tiene todo el sentido. Construir una planta nueva exige años de permisos, obra civil, contratación, homologaciones y puesta en marcha. En cambio, hacerse con una fábrica infrautilizada o recién cerrada permite recortar plazos, aprovechar líneas de montaje, integrar procesos de soldadura, pintura y ensamblaje ya disponibles y, sobre todo, empezar a producir mucho antes.
La vía rápida: reutilizar fábricas antes que construir desde cero
BYD busca lo que en la industria se conoce como una inversión “brownfield”: una planta ya construida que pueda adaptarse a sus modelos. Este enfoque se ha convertido en una de las grandes prioridades para los fabricantes asiáticos que quieren acelerar su aterrizaje industrial en Europa.
España parte con una ventaja evidente. El país cuenta con una potente red de proveedores, experiencia en producción multimarca y varias instalaciones con capacidad para asumir nuevos proyectos. Además, el caso de EBRO y Chery en la antigua planta de Nissan en Barcelona ha servido como ejemplo de cómo una fábrica que parecía condenada al cierre puede volver a tener protagonismo con capital y producto chino.
Francia, por su parte, también ofrece una base industrial sólida y un ecosistema automovilístico de primer nivel. Sin embargo, los costes laborales, la disponibilidad real de plantas y las condiciones que pueda ofrecer cada administración serán factores decisivos en la elección final.
Las ventas empujan a BYD a moverse rápido
El crecimiento comercial de BYD en Europa explica la urgencia. La marca vendió cerca de 188.000 vehículos en el continente durante 2025, un salto del 270% frente al año anterior. En los cinco primeros meses de 2026, sus entregas europeas superaron ya las 100.000 unidades, lo que confirma que la demanda sigue ganando tracción.
Ese aumento coloca a BYD ante un reto evidente: sin producción local suficiente, dependerá demasiado de barcos, aduanas, costes logísticos y cambios regulatorios. Con una segunda fábrica europea, la marca podría reducir tiempos de entrega, adaptar mejor sus modelos al cliente europeo y reforzar su imagen como fabricante con presencia real en el territorio.
Si BYD opta por España, el país ganará gran masa productiva
Lo interesante de este movimiento no es solo que BYD quiera fabricar más coches en Europa, sino el mensaje que lanza al sector: la etapa de “probar suerte” se ha terminado. Los fabricantes chinos que sobrevivan en el mercado europeo serán los que se integren de verdad en su tejido industrial.
España debería pelear este proyecto con ambición. No todos los días aparece la posibilidad de atraer a uno de los fabricantes que más rápido está creciendo en el mundo. Si BYD elige una planta española, el impacto iría mucho más allá del ensamblaje: proveedores, empleo, ingeniería, logística y electrificación podrían salir reforzados.
También hay un aviso para las marcas tradicionales europeas. BYD ya no viene solo a competir por precio. Viene a producir aquí, a reducir distancias y a ocupar el espacio que otros fabricantes han dejado libre por falta de velocidad. Y eso cambia por completo las reglas del juego.

