Adiós a la excepción del cinturón de seguridad: el cambio que afecta a taxistas, repartidores y autoescuelas

La DGT pone fin a una excepción histórica en el uso del cinturón de seguridad. Desde el 1 de octubre de 2026, taxistas, repartidores y profesores de autoescuela deberán llevarlo abrochado también en ciudad, un cambio que busca reforzar la seguridad vial y que puede acarrear multas de 200 euros y la pérdida de 4 puntos.

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España acaba con una de esas excepciones históricas que muchos conductores profesionales daban ya por asumidas. Taxistas, repartidores de mercancías y profesores de autoescuela tendrán que utilizar el cinturón de seguridad también en ciudad, sin escudarse en el tipo de servicio que estén realizando.

La medida forma parte de la actualización del Reglamento General de Circulación aprobada por el Gobierno y publicada en el BOE como Real Decreto 518/2026. Aunque el texto legal se publicó el 26 de junio de 2026, su entrada en vigor está fijada para el 1 de octubre de 2026, fecha a partir de la cual estos colectivos deberán adaptarse a la nueva obligación.

El cinturón deja de ser opcional para ciertos profesionales

Durante años, determinados conductores profesionales han contado con excepciones muy concretas al uso del cinturón de seguridad en vías urbanas. Era el caso de los taxistas cuando estaban de servicio, de algunos conductores de vehículos de mercancías que realizaban operaciones frecuentes de reparto y de los profesionales vinculados a la enseñanza de la conducción.

Esa situación cambia con la nueva redacción del Reglamento General de Circulación. La DGT ha confirmado que se suprimen las exenciones al uso del cinturón que existían para conductores de taxi, vehículos de mercancías y vehículos de enseñanza de la conducción. A partir de la entrada en vigor de la norma, deberán llevarlo puesto en todo momento.

A quién afecta exactamente este cambio

El cambio apunta directamente a tres perfiles muy habituales en el tráfico urbano: taxistas, repartidores que utilizan vehículos de mercancías y profesores de autoescuela. En la práctica, supone que los desplazamientos cortos, las paradas frecuentes o la circulación por el centro de una ciudad dejarán de ser argumentos válidos para circular sin el cinturón abrochado.

En el caso de las autoescuelas, el impacto es especialmente simbólico. Quienes enseñan a conducir deberán cumplir siempre una norma básica de seguridad que, además, forma parte de los hábitos que se transmiten a los futuros conductores. Para el sector del reparto, la medida obliga a cambiar rutinas muy asentadas en rutas urbanas con muchas entregas. Y para el taxi, se pone fin a una excepción que llevaba décadas diferenciando a estos profesionales del resto de automovilistas.

Multa de 200 euros y pérdida de puntos

No utilizar el cinturón, o llevarlo de forma incorrecta, está considerado una infracción grave. La sanción asciende a 200 euros y, si quien incumple es el conductor, implica la pérdida de 4 puntos del permiso de conducir, según recuerda la propia DGT.

La medida no solo tiene un componente sancionador. La DGT insiste desde hace años en que el cinturón es uno de los elementos de seguridad más eficaces del vehículo. Según datos divulgados por el organismo, reduce un 50 % el riesgo de fallecimiento y un 75 % el de sufrir lesiones graves en caso de siniestro.

Las excepciones que sí se mantienen

La reforma no elimina todas las excepciones. El nuevo texto mantiene determinados supuestos para vehículos en servicios de urgencia y añade una excepción específica para pasajeros de ambulancias asistenciales cuando, en servicio urgente, ocupen el habitáculo del paciente para prestar asistencia sanitaria durante el trayecto.

Los sanitarios en ambulancias están exentos de llevar el cinturón de seguridad
Los sanitarios en ambulancias están exentos de llevar el cinturón de seguridad

También se mantiene una particularidad en los taxis: cuando circulen en tráfico urbano o en áreas urbanas de grandes ciudades, podrán transportar a menores de menos de 135 centímetros sin sistema de retención infantil homologado, siempre que viajen en un asiento trasero.

Un cambio pequeño, pero con mucho impacto diario

La eliminación de esta excepción llega dentro de una reforma más amplia orientada a reforzar la protección de los usuarios vulnerables de la vía. El nuevo reglamento también introduce cambios para ciclistas, motoristas, usuarios de vehículos de movilidad personal y peatones, con una idea de fondo: adaptar las normas a una movilidad urbana mucho más densa, diversa y compleja que la de hace veinte años.

Ahora la ley tiene algo más de sentido a pesar de que para algunos sea un incordio

Puede que a algunos profesionales les parezca una medida incómoda, sobre todo en trabajos donde se entra y se sale del vehículo constantemente. Pero cuesta defender que el cinturón sea obligatorio para unos conductores y prescindible para otros solo por el tipo de actividad que realizan.

La ciudad ya no es un entorno de bajo riesgo. Hay más vehículos, más usuarios vulnerables, más distracciones y más situaciones inesperadas. En ese contexto, abrocharse el cinturón no debería verse como una molestia, sino como una rutina mínima de autoprotección. Si además hablamos de taxistas, repartidores y profesores de autoescuela, colectivos que pasan muchas horas al volante, la lógica de la medida parece bastante clara: cuanto más tiempo se conduce, más sentido tiene reducir cualquier margen de riesgo.

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