Un estudio contradice a Europa y afirma que será imposible llegar al objetivo en 2035

Ursula Vor der Leyen - Unión Europea

Europa enfrenta la cruda realidad de su transición eléctrica: 2035 ya no parece alcanzable

La ambición de la Unión Europea de prohibir la venta de vehículos con motores de combustión interna a partir de 2035 se tambalea. Lo que durante años se presentó como una meta inamovible para lograr una movilidad libre de emisiones, comienza a desdibujarse bajo el peso de la realidad del mercado y la presión de los grandes actores industriales del continente.

El objetivo original contemplaba que, dentro de una década, todos los turismos nuevos matriculados en territorio comunitario fueran completamente eléctricos. Esto implicaba dejar atrás no solo los motores diésel o gasolina, sino también los híbridos convencionales y enchufables. Sin embargo, un reciente informe de Allianz viene a confirmar lo que muchas voces del sector ya advertían: alcanzar esa transformación total en tan poco tiempo es, sencillamente, poco realista.

Un avance más lento de lo esperado

Aunque las ventas de coches eléctricos han crecido en los últimos años, el ritmo está lejos de lo proyectado por Bruselas. La hoja de ruta inicial preveía que, para 2025, los vehículos eléctricos representarían la mitad de las nuevas matriculaciones. En cambio, hoy apenas suponen un 15,8 % del mercado, una cifra considerable pero aún muy lejos del umbral necesario para alcanzar la electrificación total a mediados de la próxima década.

Los consumidores siguen mostrando reticencias ligadas principalmente al precio de los vehículos, la autonomía real y, sobre todo, la escasa infraestructura de recarga. Actualmente, en toda la UE existen poco más de 1,1 millones de puntos de carga públicos, cuando para cumplir con los objetivos de 2035 deberían estar operativos más de 3,5 millones.

El pulso entre los Estados miembros

La falta de avances ha reavivado el debate político. Alemania e Italia, dos de los países con mayores intereses industriales en el sector del automóvil, han intensificado su presión para aplazar la prohibición hasta al menos 2040. Ambas naciones albergan a fabricantes emblemáticos que temen perder competitividad ante la rapidez del cambio. En el caso alemán, el sector representa cerca del 5 % del PIB y emplea a más de 800.000 personas.

España y Francia, aunque también con un peso automovilístico notable, se oponen a modificar los plazos. Argumentan que ceder ahora enviaría un mensaje negativo sobre la seriedad del compromiso climático europeo. Para España, donde la industria del automóvil supone el 3 % del PIB y acoge a marcas chinas como Omoda, Jaecoo o, próximamente, BYD con su tercera fábrica europea, mantener el impulso es clave para atraer inversión extranjera y consolidar su posición estratégica.

Obstáculos globales y competencia exterior

Más allá de las divisiones internas, Europa debe lidiar con un contexto internacional cada vez más exigente. La reciente imposición de aranceles por parte de Estados Unidos a vehículos europeos podría afectar las exportaciones y forzar a los fabricantes a reestructurar sus planes. A ello se suma la irrupción de las marcas chinas, que ofrecen eléctricos más asequibles y con una cadena de suministro mucho más optimizada.

Este cóctel de factores ha llevado a gigantes como Mercedes-Benz o BMW a reclamar un marco regulatorio más flexible. Sus demandas incluyen no solo un aplazamiento de la prohibición, sino también la posibilidad de seguir comercializando híbridos enchufables con gran autonomía más allá de 2035. Aunque esta opción gana fuerza en los despachos de Bruselas, cualquier decisión oficial al respecto no se espera antes de 2027.

Un futuro menos definido, pero aún posible

El informe de Allianz plantea varios escenarios posibles: el más optimista sitúa la electrificación total para 2037, pero el más probable la traslada hasta 2040 o incluso 2041. Eso supondría un retraso de cinco o seis años respecto al plan inicial, aunque permitiría ajustar la estrategia a un desarrollo más realista de la infraestructura, el mercado y la industria.

Pese al posible cambio de calendario, el objetivo final de la UE sigue siendo alcanzar la neutralidad climática para 2050. Pero incluso ese reto podría estar en entredicho si no se toman medidas más decididas y coordinadas a corto plazo. En palabras de los analistas, “si Europa no logra electrificar completamente su movilidad para 2035, tampoco podrá alcanzar sus compromisos climáticos globales en 2050”.

Por ahora, la pugna entre pragmatismo económico y ambición ecológica continúa. Lo que está claro es que, aunque el calendario pueda moverse, la electrificación del transporte no tiene marcha atrás.

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