España y Francia siguen apoyando el fin de los coches de combustión en 2035
Otros países como Italia y Alemania apuestan por retrasar la prohibición. ¿Qué pasará al final?
Los gobiernos de España y Francia han reafirmado conjuntamente su rechazo a cualquier intento de aplazar la fecha de 2035 para la comercialización de nuevos vehículos con motor de combustión. Esta postura llega en respuesta a las crecientes presiones de países como Alemania e Italia —junto con varios fabricantes europeos— que solicitan más tiempo y una normativa más flexible para afrontar el proceso de transformación del sector automovilístico.
Mediante una carta dirigida a los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea, ambos países subrayan que la meta de cero emisiones para 2035 no solo debe mantenerse intacta, sino que constituye “un pilar estratégico de la transición industrial europea”. En ese documento se deja claro que la revisión de los estándares de emisiones prevista para 2026 no debe comprometer el nivel de ambición climática previamente acordado.
El texto señala que es imprescindible conservar un marco regulatorio claro y previsible, condición clave para que los planes industriales de electrificación y producción de baterías se consoliden sobre suelo europeo. En ese sentido, subraya que desde 2023 han movilizado miles de millones de euros para reforzar la cadena de suministro en Europa, atraer inversión y blindar la competitividad de la industria local frente a actores extracomunitarios.
Aunque reconocen que podrían introducirse ciertas “flexibilidades”, España y Francia recalcan que el objetivo debe ser aumentar la creación de valor en Europa, no debilitar los objetivos medioambientales. Entre las medidas propuestas aparece el sistema de “supercréditos” para coches eléctricos fabricados en Europa, una fórmula pensada para abaratar la movilidad eléctrica producida localmente y fomentar su adopción masiva. En particular, defienden que los vehículos eléctricos hechos en Europa deberían recibir una reducción aún mayor de emisiones de CO₂ frente a los modelos importados desde terceros países.
En ese mismo marco se posicionan claramente contra los híbridos enchufables: consideran que mantener su uso tras 2035 no tiene sentido, dado que las emisiones reales en uso cotidiano son significativamente más altas que las homologadas en laboratorio.
La fecha de 2035 fue fijada en el contexto del Pacto Verde Europeo y representa uno de los pilares de la estrategia climática del bloque. A pesar de las reticencias de la industria, la Comisión Europea ha reiterado que no tiene intención de modificar ese objetivo, aunque sí está dispuesta a debatir ajustes técnicos que no afecten al calendario de fondo. El proceso de revisión, inicialmente previsto para 2026, podría adelantarse.
Mientras tanto, Alemania e Italia continúan liderando la oposición a esta hoja de ruta. Berlín incluso ha vinculado sus ayudas nacionales para la compra de vehículos eléctricos al debate sobre política industrial y poder adquisitivo. Los grandes fabricantes alemanes, por su parte, exigen más margen para adaptarse y mantener su competitividad frente a China y otros mercados emergentes.
Esta semana, los ministros de Medio Ambiente de la UE abordarán el asunto en el marco de las negociaciones sobre los nuevos paquetes legislativos de clima e industria. En este contexto, España y Francia sostienen que mantener el compromiso con 2035 no solo es viable, sino indispensable para garantizar que Europa permanezca en posición de liderazgo en la transición hacia la movilidad eléctrica. En su opinión, también constituye un mensaje inequívoco al mercado: la industria europea no está dispuesta a retroceder en su apuesta por una movilidad sin emisiones.