Toyota vuelve a retrasar su planta de baterías para coches eléctricos en Japón
Toyota vuelve a tener dudas sobre la demanda y frenan el proyecto de construir una fábrica de baterías
Toyota ha decidido dar un paso atrás en uno de sus proyectos clave para el futuro de la movilidad eléctrica. La compañía japonesa ha aplazado, por segunda vez en lo que va de año, la construcción de su planta de baterías para vehículos eléctricos en la prefectura de Fukuoka, al suroeste del país.
Aunque los planes siguen sobre la mesa, el fabricante ha optado por pausar su ejecución mientras evalúa el comportamiento del mercado, cada vez más incierto en lo que respecta a la demanda de coches eléctricos.
Un proyecto estratégico que vuelve a congelarse
La fábrica, que debía empezar a operar en 2028, tenía como objetivo reforzar la capacidad de producción de baterías de Toyota y suministrar a modelos eléctricos de alta gama, particularmente aquellos de su marca premium Lexus. La ubicación elegida fue el parque industrial costero de Shin-Matsuyama, en la ciudad portuaria de Kanda, a escasos 40 kilómetros de la planta de Miyata, donde se ensamblan actualmente varios modelos de Lexus como el UX, NX, RX y ES.
Sin embargo, según ha confirmado el gobernador de la prefectura, Seitaro Hattori, tras una reunión mantenida recientemente con el presidente de Toyota, Koji Sato, el fabricante ha decidido retrasar nuevamente los planes, sin definir aún una nueva fecha concreta para el inicio de las obras ni para la entrada en funcionamiento de la planta. Toyota insiste en que no se trata de una cancelación, sino de una revisión estratégica del proyecto que se retomará, previsiblemente, a lo largo del próximo año.
Contexto de incertidumbre: el mercado de eléctricos, en revisión
El trasfondo de esta decisión es un escenario global en el que la demanda de vehículos eléctricos está perdiendo fuerza en algunos mercados clave. El entusiasmo inicial parece haberse moderado, con consumidores que empiezan a mostrar dudas respecto a los precios, la infraestructura de carga o la autonomía de estos modelos. Este enfriamiento en las ventas ha hecho que muchos fabricantes, entre ellos Toyota, replanteen sus estrategias de inversión.
En el caso de la planta de Fukuoka, se trata de una inversión relevante: en febrero de este año, la compañía adquirió el terreno donde se levantaría la fábrica por un valor cercano a los 6.000 millones de yenes (unos 34 millones de euros). El acuerdo con las autoridades locales incluía una cláusula que obligaba a iniciar la construcción en un plazo de tres años. Por ahora, Toyota asegura que mantiene su compromiso con ese cronograma, aunque el retraso actual supone ya la segunda postergación desde que se anunciara el proyecto.
Una apuesta a largo plazo: Primearth EV Energy se convierte en Toyota Battery
El proyecto no solo implicaba la creación de una nueva instalación, sino también una transformación empresarial interna. La planta iba a estar gestionada por la empresa Primearth EV Energy, una filial que Toyota controlaba en un 80,5 % y que hasta hace poco mantenía como joint venture con Panasonic. En marzo de 2024, Toyota adquirió el 19,5 % restante a Panasonic, consolidando la totalidad de la compañía, que posteriormente fue rebautizada como Toyota Battery en octubre del mismo año.
Este movimiento reflejaba la intención del fabricante nipón de tomar el control total de su cadena de suministro de baterías, ante el auge de la movilidad eléctrica y el desafío de competir con gigantes como BYD o Tesla. Sin embargo, el nuevo contexto ha obligado a la marca a revisar la velocidad de sus inversiones.
¿Qué futuro le espera a esta planta?
Aunque Toyota no ha descartado la planta de forma definitiva, sí ha dejado la puerta abierta a realizar ajustes. Según ha trascendido, parte de la capacidad inicialmente prevista para la producción de baterías podría destinarse en el futuro a la fabricación de vehículos completos o de componentes. Es una manera de mantener el valor del terreno y las inversiones iniciales, al tiempo que se adapta a las necesidades del mercado en función de cómo evolucione la demanda global.
En cualquier caso, la decisión envía una señal clara: incluso los fabricantes más consolidados están actuando con cautela en el proceso de transición hacia la electrificación. La apuesta por los eléctricos sigue en pie, pero de forma más estratégica y menos precipitada que hace apenas un par de años.
Una tendencia que no es aislada
Toyota no es el único gran nombre del sector que está revisando sus planes. Otros fabricantes como Ford, General Motors o Volkswagen también han anunciado recientemente ajustes o ralentización en sus proyectos eléctricos debido al enfriamiento de la demanda. Esta situación sugiere que la expansión del vehículo eléctrico podría no ser tan lineal ni tan rápida como muchos anticipaban.
Por ahora, la clave estará en ver cómo se comporta el mercado en los próximos meses. Un repunte en las ventas o en los incentivos gubernamentales podría reactivar el entusiasmo inversor, mientras que un estancamiento prolongado podría forzar a más actores a replantearse su estrategia.